La Semanal
Entre la transparencia y el desgaste: el dilema de las comparecencias presidenciales
Asesores del presidente, funcionarios y periodistas han puesto en duda la necesidad de continuar con el espacio informativo que el gobierno de Luis Abinader instauró para presentar, de manera periódica, los avances de sus políticas públicas. En ese escenario -conocido como La Semanal- periodistas, creadores de contenido y ciudadanos aprovechan para hacer preguntas o plantear situaciones directamente a la figura de mayor poder del país. Hoy el formato está bajo revisión.
La Semanal ha servido para que el Gobierno coloque, de forma sistemática, un tema de interés público al inicio de cada semana laboral, lo que le permite influir en la agenda informativa nacional. Es necesario reconocer su valor como herramienta de difusión, comunicación e incluso propaganda.
Al mismo tiempo, el presidente se expone cada semana a dar explicaciones públicas, lo que otorga al espacio una sustancia informativa periodística.
A pesar de su utilidad, cuando las políticas públicas no avanzan al ritmo de las comparecencias eso puede generar la sensación de estancamiento: las mismas respuestas frente a preguntas similares.
Hay además problemas de formato. La extensión excesiva provoca que la información se diluya y que el mensaje central del poder quede sepultado por cuestionamientos que, para la opinión pública, resultan más relevantes. Es una dinámica propia del ejercicio periodístico.
¿Y qué ocurre cuando ese ejercicio empieza a perder valor?
La comunicación presidencial no puede convertirse en un maratón permanente. Gobernar no debería reducirse a una narrativa repetitiva. Si el escenario consume más energía que los resultados que pretende explicar, el equilibrio se rompe, sobre todo cuando se pone en duda la calidad de lo que se transmite. De ahí que La Semanal esté hoy en evaluación.
Este espacio es, ante todo, un canal de comunicación: un puente que Abinader decidió tender, más allá de que sus críticos lo vieran como una estrategia para dominar la agenda durante la campaña de 2024. Aun si ese hubiese sido su propósito inicial, el formato conserva un valor para la sociedad, todavía ahora que el presidente no será candidato.
Lo que se debe imponer es una puesta en escena más concisa y puntual, con temas claros y tiempos razonables. Solo así podría rescatarse lo mejor de La Semanal sin convertirla en un ritual agotado.

Omar Santana