Comprador indefenso
El drama de comprar un apartamento y recibir una piscina de regalo
Con las fuertes lluvias en el Gran Santo Domingo surge un problema que no se ha enfrentado de forma directa. Parqueos inundados, vehículos bajo agua y apartamentos relativamente nuevos con filtraciones o anegados. Hay una pregunta que debe responderse: ¿quién protege al comprador antes de comprometerse con un bien por el que, en la mayoría de los casos, será la mayor inversión de su vida?
El problema no es nuevo. Lo que cambia es la frecuencia. Se levantan torres en zonas urbanizadas o en proceso de urbanización y se venden como inversión segura. El comprador confía, se endeuda y meses después descubre que el agua no estaba incluida en el precio.
Antes de la compra, el control recae en el Ministerio de la Vivienda, Hábitat y Edificaciones. Es la entidad que debe inspeccionar, validar planos y evitar construcciones en zonas de riesgo. También tiene la facultad de investigar y sancionar. En teoría.
Un ciudadano no sabe cuál debe ser el ancho correcto de una tubería pluvial. Lo descubre cuando se inunda. Tampoco sabe cómo debe medir un techo para que el agua drene correctamente. Lo entiende cuando aparece la filtración. Así ocurre con decenas de fallas que solo se evidencian cuando ya es tarde.
En el país se multiplican los apartamentos que se venden como modernos: cámaras de seguridad, portones eléctricos, gimnasio, áreas comunes, piscina. Todo eso pierde valor cuando surgen las filtraciones.
Cuando llegan las quejas, entra en escena Pro Consumidor. Debe mediar, conciliar y ordenar reparaciones si hay responsabilidad. Según su titular, en la mayoría de los casos se logra un acuerdo. Pero eso ocurre después del daño, cuando el agua ya entró.
El país necesita un sistema que proteja al ciudadano antes de comprar. Hoy compra con información incompleta. No sabe si el terreno se inunda, si el drenaje es suficiente o si el proyecto pasó controles reales o solo formales. Cuando lo descubre, ya es propietario de un problema.

Omar Santana