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Los infiltrados

La formación ética no basta para detener a quienes entran con intenciones delictivas

El arresto del policía Frangeli Báez Sena, presuntamente sorprendido con drogas, es relevante porque ingresó a la institución bajo el modelo de formación impulsado como parte de la reforma policial. Sin embargo, el caso no significa o demuestra que ese proceso haya fracasado. Confirma que ninguna institución está blindada frente al crimen organizado ni frente a quienes intentan servirse de ella.

La reforma a la Policía debe tener como base principal desmontar la cultura del "barril podrido": una estructura en la que las prácticas corruptas terminan imponiéndose como norma y empujan a los agentes a prácticas clientelares, corruptas o hacia la delincuencia para sobrevivir. Pero corregir ese ambiente no elimina el riesgo de la manzana podrida, aquellos que entran a la Policía con malas intenciones.

Es ingenuo creer que seis meses de internado, acompañados de clases de ética, derechos humanos, derecho penal e inteligencia emocional, impedirán que los egresados cometan delitos. Esa formación mejora conductas, fortalece criterios y reduce los riesgos. Sin embargo, no basta para detectar a quien entra decidido a aprovecharse de la autoridad.

La situación recuerda a Los infiltrados, la película de Martin Scorsese estrenada en 2006. Colin Sullivan, interpretado por Matt Damon, no se convierte en mafioso dentro de la Policía Estatal de Massachusetts: ya pertenece al entorno criminal de Frank Costello y entra para servirle. Billy Costigan, interpretado por Leonardo DiCaprio, hace el recorrido contrario y se infiltra en la organización para destruirla desde dentro.

Ese doble juego no pertenece solo al cine. El crimen organizado procura penetrar a las iglesias, las juntas de vecinos, las asociaciones de comerciantes, la política, los estamentos policiales y militares, la justicia, las aduanas, los puertos y cualquier estructura con información, armas o poder.

Por eso, la reforma debe medirse por su capacidad para seleccionar el mejor material y haciendo un esfuerzo de inteligencia para detectar señales a tiempo de agentes mal intencionados que no tienen que ver con el nuevo o el viejo modelo. Por eso es preciso investigar sin contemplaciones y expulsar a quien traicione la función pública.

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Periodista dominicano. Ha trabajado en los periódicos Diario Libre, El Caribe y Listín Diario donde ha ejercido cubriendo las fuentes de deportes y ciudad. Ha trabajado en radio, televisión y proyectos digitales.