Un cuerpo enfermo
Se dice que el cuerpo social dominicano está enfermo, tan enfermo que necesita atención urgente, aunque no vemos mucho movimiento en los llamados a prestar los primeros auxilios.
Pero, ¿cómo se cura el cuerpo social? ¿Bastará con la curita de cada cuatro años en que nos ilusionamos con el nuevo doctor que va a administrar al paciente, o será necesaria una intervención más profunda?
En verdad, lo que parece haber enfermado al cuerpo social es su ambiente: la podredumbre existente, las pestilencias que brotan por doquier y la falta de voluntad para imponerle un tratamiento y una dieta que le mejoren la condición.
Algunos dirán que se cura con educación, pero ¿cuál educación? ¿La que reproduce los males del sistema? ¿La que ofertan maestros sin vocación ni visión?
Otros dicen que hay que comenzar a dar ejemplos, y la pregunta obligada es ¿cómo se puede hacer esto si los malos se necesitan para acceder al poder y generalmente lo logran?
Resulta evidente que es necesaria una mancuerna moral para revitalizar este país. Lo dijo Duarte hace cien años, pero no le hicimos caso envueltos como estábamos en las mismas querellas de siempre.
¿Podrán ayudar los partidos? No parece, pues ellos son bacterias que transportan la enfermedad. Una bacteria que está compuesta de corrupción, complicidad y dolo, y nadie puede dar lo que no tiene.
La cura la tenemos cada uno de nosotros vacunándonos de civismo y responsabilidad.
atejada@diariolibre.com
Pero, ¿cómo se cura el cuerpo social? ¿Bastará con la curita de cada cuatro años en que nos ilusionamos con el nuevo doctor que va a administrar al paciente, o será necesaria una intervención más profunda?
En verdad, lo que parece haber enfermado al cuerpo social es su ambiente: la podredumbre existente, las pestilencias que brotan por doquier y la falta de voluntad para imponerle un tratamiento y una dieta que le mejoren la condición.
Algunos dirán que se cura con educación, pero ¿cuál educación? ¿La que reproduce los males del sistema? ¿La que ofertan maestros sin vocación ni visión?
Otros dicen que hay que comenzar a dar ejemplos, y la pregunta obligada es ¿cómo se puede hacer esto si los malos se necesitan para acceder al poder y generalmente lo logran?
Resulta evidente que es necesaria una mancuerna moral para revitalizar este país. Lo dijo Duarte hace cien años, pero no le hicimos caso envueltos como estábamos en las mismas querellas de siempre.
¿Podrán ayudar los partidos? No parece, pues ellos son bacterias que transportan la enfermedad. Una bacteria que está compuesta de corrupción, complicidad y dolo, y nadie puede dar lo que no tiene.
La cura la tenemos cada uno de nosotros vacunándonos de civismo y responsabilidad.
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