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Las luces inexplicables hasta ahora que acompañaron a EE. UU. en viajes a la Luna en misiones Apolo

Entre 1973 y 1974, durante las misiones de Skylab, la primera estación espacial estadounidense, los astronautas volvieron a hablar de luces

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Las luces inexplicables hasta ahora que acompañaron a EE. UU. en viajes a la Luna en misiones Apolo
Las imágenes desclasificadas identificadas como NASA-UAP-VM1 a VM5 mostraron múltiples puntos de luz sobre el horizonte lunar. (FUENTE EXTERNA)

El 8 de mayo de 2026, Washington volvió a abrir una puerta que durante décadas permaneció cerrada. No fue una puerta cualquiera: detrás de ella descansaban archivos, imágenes, transcripciones y reportes que durante años alimentaron sospechas, teorías y preguntas sin respuesta sobre los fenómenos anómalos no identificados, conocidos como UAP.

Ese día, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, anunció la puesta en marcha del sistema PURSUE, el Sistema Presidencial de Desclasificación y Reporte para Encuentros con UAP. Bajo instrucciones directas del presidente Donald J. Trump, el Departamento de Guerra inició la liberación de registros que habían permanecido clasificados o dispersos en distintas agencias del Gobierno estadounidense.

La promesa oficial fue transparencia. Pero el contenido de los archivos apunta hacia algo más inquietante: desde los primeros años de la carrera espacial, astronautas estadounidenses reportaron luces, objetos, partículas brillantes, destellos y fenómenos que no siempre encontraron una explicación clara.

El relato empieza antes de la llegada del ser humano a la Luna.

El 5 de diciembre de 1965, Frank Borman y Jim Lovell viajaban a bordo de la Gemini 7 cuando la rutina de la misión se quebró con una frase breve, fría, propia de un piloto entrenado para no exagerar: "Tenemos un bogey a las diez en punto, alto".

Desde Houston intentaron aterrizar el misterio en una explicación conocida. ¿Era el propulsor de la nave? ¿Era un avistamiento natural? Borman respondió sin titubeos: "Este es un avistamiento real... también tenemos el propulsor a la vista".

Lovell, observando por la escotilla, describió una formación de partículas brillantes contra el fondo negro del espacio. Eran, según su relato, "trillones de partículas", junto a un cuerpo luminoso que parecía acompañarlos en el vacío. Aquella escena quedó como uno de los primeros registros de una sensación que se repetiría en otras misiones: la idea de que, mientras Estados Unidos aprendía a moverse fuera de la Tierra, algo más parecía moverse cerca.

Cuatro años después, en julio de 1969, la Apollo 11 avanzaba hacia la Luna mientras el mundo esperaba el primer alunizaje. Dentro de la nave, sin embargo, la tripulación enfrentaba su propio episodio extraño. Según las transcripciones del debriefing técnico desclasificadas por PURSUE, Buzz Aldrin reportó un objeto inusual a un día de camino de la Luna.

"Tenía una dimensión considerable, así que le pusimos el monóculo", recordó Aldrin. No parecía una estrella común. Tampoco era algo que la tripulación pudiera identificar con facilidad.

El misterio no quedó solo fuera de la nave. Aldrin también relató pequeños destellos de luz dentro de la cabina, espaciados cada dos minutos, mientras intentaba dormir en oscuridad total. En el viaje de regreso, la tripulación observó una fuente de luz intensamente brillante que intentaron atribuir a un posible láser terrestre, aunque las coordenadas no terminaban de encajar.

La Apollo 12, lanzada en noviembre de 1969, añadió nuevas piezas al expediente. Alan Bean, piloto del módulo lunar, observó a través del Telescopio Óptico de Alineación una serie de luces que parecían venir desde atrás de él. Las describió como partículas que "salían disparadas" y escapaban de la Luna, perdiéndose entre las estrellas.

Al mismo tiempo, los sistemas de la nave comenzaron a registrar comportamientos extraños. Bean reportó que el AGS, el sistema de guiado de aborto, pulsaba cada segundo. La anomalía electromagnética había sido detectada por técnicos en Bethpage en otras naves, pero nunca fue resuelta por completo.

Las imágenes desclasificadas identificadas como NASA-UAP-VM1 a VM5 mostraron múltiples puntos de luz sobre el horizonte lunar. Según el material recogido en los archivos, esos registros permanecen dentro de los casos no resueltos.

El cierre del programa Apollo tampoco apagó las luces

En diciembre de 1972, durante la misión Apollo 17, el comandante Eugene Cernan reportó dificultades para dormir por una serie de rayas luminosas. Describió una luz intensa que parpadeaba entre sus ojos y la comparó con el faro de un tren. No fue una observación pasajera. Durante tres horas, Cernan y Harrison "Jack" Schmitt vieron objetos físicos, rotatorios y brillantes que parecían acompañar la nave.

Schmitt describió fragmentos dando volteretas cerca de la nave. Lo comparó con "el 4 de julio", una imagen festiva para una escena que, vista desde el vacío, debió tener un peso distinto. Más tarde, sobre la superficie lunar, Schmitt reportó un destello repentino al norte del cráter Grimaldi, una anomalía luminosa en un mundo sin atmósfera terrestre ni actividad visible que ofreciera una explicación inmediata.

Uno de los registros más llamativos atribuidos a esa misión es la imagen NASA-UAP-VM6. Según el análisis citado en el texto, la fotografía muestra tres puntos en una formación triangular sobre el cielo lunar, lo que sugiere la presencia de un objeto físico real en la escena.

Los reportes continuaron después del programa lunar

Entre 1973 y 1974, durante las misiones de Skylab, la primera estación espacial estadounidense, los astronautas volvieron a hablar de luces. Joseph Kerwin confirmó que toda la tripulación vio destellos que crecían y menguaban en frecuencia incluso cuando tenían los ojos cerrados.

Owen Garriott protagonizó uno de los episodios más prolongados: rastreó durante diez minutos un objeto rojizo brillante. Según su descripción, era mucho más luminoso que Júpiter y se desplazaba en una órbita muy similar a la de Skylab. Gerald P. Carr también dejó constancia de luces con movimiento definido respecto a la estación. La tripulación intentó explicarlas como piezas desprendidas, aunque el comportamiento observado dejó preguntas abiertas.

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