Lina Lovatón, la mujer que Trujillo más amó, estuvo en la mira del FBI a la muerte del dictador
Los archivos del FBI muestran la actividad telefónica de Lina Lovatón tras la muerte de Trujillo

Durante más de dos décadas, Lina Lovatón Pittaluga ocupó un lugar singular en la vida privada de Rafael Leónidas Trujillo. No fue una amante pasajera, sino probablemente la mujer que el sátrapa más amó y por la que estuvo a punto de divorciarse.
El dictador tuvo con ella dos hijos, la instaló en Miami y mantuvo la relación aun después de alejarla de República Dominicana por inquina de la esposa, la española María Martínez.
Años después, cuando Trujillo cayó abatido el 30 de mayo de 1961, el nombre de Lina reapareció inesperadamente en otro escenario: los archivos secretos del FBI.
Un documento originalmente clasificado SECRET, identificado como WFO 65-4069 y desclasificado dentro de los archivos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy, permite reconstruir una intensa secuencia de comunicaciones telefónicas con la residencia de Lovatón en Miami Beach durante las semanas inmediatamente posteriores a la muerte de Trujillo.
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El FBI tenía perfectamente identificada a Lina: 4554 Collins Avenue, Miami Beach, Florida, teléfono UN 6-7800. El informe la describe como amante de Trujillo.
En los registros aparecen diferentes deformaciones de su apellido —Lovaton, Lovatov, Leviton, Lovetoin, Loviton—, pero los investigadores establecieron que todas correspondían al mismo número telefónico, de acuerdo a documentos que reposan en el National Archives.
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Investigación del FBI
La cronología llama la atención. Trujillo fue ajusticiado la noche del 30 de mayo de 1961. El 31 de mayo, apenas horas después, el teléfono de Lina aparece dos veces. Vuelve a figurar el 1 y el 2 de junio. Luego aparecen comunicaciones el 9, 12, 14 y 18 de junio y nuevamente el 7 de julio.
En total, diez registros en poco más de cinco semanas. El documento forma parte de una investigación en la que aparece Oscar Guaroa Ginebra, entonces cónsul general dominicano en Washington y hombre del aparato diplomático trujillista.
En la misma relación telefónica aparece también, el 16 de junio, un número de Miami identificado por el FBI como correspondiente a "Mr. De Moya". Se trataba de Manuel de Moya Alonso, uno de los personajes más singulares y cercanos a Trujillo.
La documentación disponible obliga, sin embargo, a una precisión: el expediente demuestra que Lina, Ginebra y De Moya quedaron vinculados dentro de la investigación telefónica del FBI, pero no permite afirmar que De Moya realizara personalmente las diez llamadas a Lina, ni que ella estuviera formalmente investigada por alguna actividad ilícita.
El FBI seguía las comunicaciones del entorno diplomático y político dominicano, y su teléfono apareció repetidamente en ese rastreo.
La coincidencia entre Lina y De Moya resulta, no obstante, fascinante por otra razón. Ambos habían ocupado espacios extraordinariamente personales alrededor del dictador.
Lina tenía apenas 17 años cuando Trujillo quedó prendado de ella en 1937. De la relación nacieron Yolanda Trujillo Lovatón, en 1939, y Rafael José Ramón Trujillo Lovatón, en 1943.
Figuras clave
Los conflictos con María Martínez, esposa del dictador, terminaron empujando a Lina hacia Estados Unidos. Una investigación histórica señala incluso que Trujillo le compró una casa en Miami hacia 1938. Otras reconstrucciones coinciden en que, aunque Lina se trasladó a Florida, Trujillo continuó viéndola.
Una fuente contemporánea particularmente reveladora es Una satrapía en el Caribe, de José Almoina, publicada originalmente en 1949. Almoina señalaba ya entonces que Lina vivía en Miami Beach en condiciones acomodadas, además de poseer propiedades en República Dominicana. Es decir, su establecimiento en Florida antecedía en más de una década al expediente del FBI de 1961.
De Moya llegó a Trujillo por un camino completamente diferente. Había vivido en Estados Unidos, hablaba inglés, había trabajado como modelo y maestro de baile y poseía una elegancia poco común en el ambiente dominicano de entonces.
Joaquín Balaguer relató posteriormente que Trujillo había visto fotografías y anuncios de De Moya promocionando pasta dental Colgate y quedó impresionado por su elegancia y apostura.
De Moya terminó convertido en una suerte de hombre de mundo de confianza del dictador. Conocía la moda, el protocolo y las reglas de comportamiento de los círculos internacionales.
Su cercanía fue mucho más allá de la apariencia: desarrolló una carrera política y diplomática que lo llevó, entre otras posiciones, a representar al régimen en Washington. Fuentes de la época lo describen como alguien particularmente experimentado en ambientes protocolares.
Lina y De Moya representaban así dos dimensiones distintas de la intimidad trujillista. Ella atendía una parte sentimental y familiar de la vida privada del dictador; él contribuía a construir la imagen refinada, elegante y cosmopolita que Trujillo deseaba proyectar.
Ambos conocieron al hombre detrás del uniforme. Y ambos terminaron en Estados Unidos, estrechamente vinculados a una historia que no terminó la noche del 30 de mayo.
La presencia de Lina en los documentos del FBI adquiere especial interés porque, muerto Trujillo, comenzaba inmediatamente otra batalla: la de sus hijos, sus lealtades y su enorme patrimonio.
Lina no era simplemente una antigua amante residente en Miami. Era madre de dos descendientes reconocidos del dictador y tenía intereses económicos ligados a aquella familia. Por eso resultan tan sugestivas las llamadas.
El expediente no revela qué se habló. Tampoco prueba conspiración alguna. Pero establece algo hasta ahora poco conocido: mientras en Santo Domingo se disputaba el futuro del régimen, el teléfono de Lina Lovatón en Collins Avenue se activó repetidamente dentro de una red de comunicaciones que interesó al FBI y en la que aparecían figuras tan cercanas al poder trujillista como Guaroa Ginebra y Manuel de Moya.
Después de casi un cuarto de siglo viviendo a la sombra íntima del dictador, Lina Lovatón seguía conectada con su mundo incluso cuando Trujillo ya estaba muerto.
Un litigio por una herencia comenzó en el año 2013 por los hijos de Lovatón y Trujillo. Rafael José Ramón Trujillo Lovatón y Yolanda Altagracia Trujillo Lovatón reclamaron al Banreservas un monto equivalente a más de 4,400 millones de pesos, como herederos de su madre.
Tanto la Suprema Corte de Justicia como el Tribunal Constitucional rechazaron sus pretensiones, al determinar que los fondos tenían un origen ilícito y estaban vinculados a recursos del patrimonio estatal sustraídos durante la dictadura de Trujillo.

Redacción Diario Libre
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