El pez diablo: ¿por qué es tan peligroso para la República Dominicana?
La presencia del pez ha sido reportada en zonas como el río Yuna y la presa de Hatillo, en la provincia Sánchez Ramírez

El llamado "pleco" o "pez diablo", conocido científicamente como Pterygoplichthys, se ha consolidado como una especie invasora en la República Dominicana, con presencia confirmada en varios ríos, lagunas y embalses del país, donde ha comenzado a generar impactos en los ecosistemas acuáticos y la actividad pesquera.
Originario de Sudamérica, especialmente de la cuenca amazónica, este pez fue introducido fuera de su hábitat natural a través del comercio de acuarios. Su capacidad para alimentarse de algas lo convirtió en una especie popular en peceras, pero su liberación en cuerpos de agua naturales facilitó su expansión en distintos países.
En territorio dominicano, su presencia ha sido reportada en zonas como el río Yuna y la presa de Hatillo, en la provincia Sánchez Ramírez, donde pescadores han documentado un aumento significativo de la especie. También se ha identificado en el río Soco y el río Anamá, en la región Este, así como en la laguna Saladillo, en Montecristi.
- A estos puntos se suma la Laguna del Rincón o de Cabral, en la región Sur, un ecosistema de agua dulce considerado entre los más importantes del país, donde especialistas advierten sobre condiciones favorables para la expansión de la especie, debido a su baja profundidad y alta interacción humana.
Estos cuerpos de agua comparten características que favorecen la proliferación del pez diablo: temperaturas cálidas, niveles variables de oxígeno y presencia de nutrientes que facilitan su alimentación.
Impactos ecológicos
El pez diablo se distingue por su cuerpo recubierto de placas óseas y una boca en forma de ventosa, que le permite adherirse a superficies y sobrevivir en condiciones adversas. Puede tolerar aguas contaminadas y bajos niveles de oxígeno, lo que le da ventaja frente a especies nativas.
Entre los principales riesgos asociados a su presencia está el impacto en la biodiversidad. La especie compite por alimento y espacio, altera los ecosistemas acuáticos y puede afectar la reproducción de peces locales. Además, su hábito de excavar en las orillas contribuye a la erosión del suelo y al deterioro de infraestructuras cercanas a ríos y lagunas.
- En el plano económico, pescadores han reportado daños en redes y una disminución en la captura de especies comerciales, ya que el pez diablo queda atrapado en artes de pesca diseñadas para otros peces. Su bajo valor comercial limita su aprovechamiento.
Aunque no se ha establecido que represente un riesgo directo para la salud humana, su expansión sí afecta el equilibrio de los ecosistemas y las actividades productivas vinculadas al agua.

