Adelgazar, cuestión de voluntad
[b]"No consigo motivarme. No sé cómo empezar. No puedo privarme de lo que me gusta. No veo los resultados. No soporto el esfuerzo". Puedes plantearte infinidad de reparos para no despedirte de tus kilos, pero todos los mensajes boicoteadores que te envías a ti misma se desactivan con argumentos irrefutables. ¿Quieres perder peso? ¡Basta de pretextos![/b]
n El catálogo de pretextos, creencias erróneas y razones dudosas, que empleamos para no quitarnos de encima el exceso de peso es sumamente amplio, pero también son contundentes los argumentos para refutar esos pretextos de forma inapelable.
Cada excusa que uno se repite para no ponerse a régimen, dejarlo o seguirlo de modo inadecuado, tiene su antídoto: los argumentos de los expertos para desactivar la excusa y demostrar que no es válida y sus sugerencias para sobreponerse al autosabotaje.
Los psicólogos conocen los "pretextos para no adelgazar" y las claves para desmantelarlas. Ofrecen soluciones y sugerencias para desactivar cada uno de los reparos que nos susurra nuestra voz interior para engañarnos o que repetimos continuamente a modo de justificación. Cuando conozcas sus argumentos desactivadores no tendrá más remedio que adelgazar.
El primer paso para desactivar las excusas consiste en darse cuenta de que son pensamientos boicoteadores, cuya función consiste en no permitir que consigamos nuestros objetivos; el segundo radica en decidir que no les permitiremos actuar; después hay que cambiar esos pensamientos distorsionados por otros más realistas, que se correspondan con la realidad.
[b]"No sé por dónde empezar"[/b]
1. Quizá te cueste arrancar, pero eso no significa que no sepas por dónde empezar. A mucha gente le pasa cuando comienza con un nuevo reto. Lo mejor será que trates de concentrarte en alternativas para empezar. Puedes pensar en algún amigo que haya hecho dieta y preguntarle qué tal le fue, también puedes buscar algún médico especializado, o leer algo sobre el tema. Lo mejor es ir sin prisa pero sin pausa, así te asegurará de dar los pasos correctos y tendrás más garantías de conseguir mejor lo que te propones.
[b]"No tengo voluntad, constancia ni disciplina"[/b]
2. Es imposible no tener una cualidad, sino que existen grados. Si no tuvieses voluntad ni disciplina no habrías sido capaz de hacer tantas cosas que las requieren. Si buscas, encontrarás muchos ejemplos que refutan la idea de que careces de tal o cual cualidad. Con la dieta, quizá no hagas las cosas tal y como las planificas y te cuesten más. Sólo tienes que idear un plan para que te resulte más fácil de cumplir. A lo mejor, te has puesto metas altas e inalcanzables; ¡reevalúelas! Si piensas de una forma más positiva y realista te será más fácil conseguir lo que te propones, te sentirás más animado y podrás observar los cambios que vayas consiguiendo.
[b]"No consigo motivarme, pese a que lo intento"[/b]
3. Estás dando por hecho que estés totalmente motivada o no lo estés en absoluto. A lo mejor no estás todo lo motivada que te gustaría o no estás consiguiendo ver los resultados tan rápido como pensaste. Averigúa por qué no aparecen esos resultados. A lo mejor te gustaría comer lo que comen los demás y como no puedes, te desmotivas. Piensa en lo bien que estarás cuando acabes tu dieta, aunque en lo inmediato te cueste esfuerzo y sacrificio. Piensa en lo mucho que engorda lo que los demás comen o simplemente piensa en otra cosa que no tenga nada que ver con la comida, como una escena agradable, para distraerte de la dieta, en lugar centrarte en ella.
[b]"No aguanto hacer ejercicio, ya es demasiado"[/b]
4. La gimnasia no sólo te hace sentir y ser joven y liberar endorfinas, unas sustancias naturales que aumentan tu bienestar, sino que además te facilita el reposo nocturno, te ayuda a remodelar y tonificar el cuerpo, y te permite rebajar grasa de las zonas que te preocupan. La gimnasia regular también te ayuda a comunicarte contigo misma y a evadirte de los problemas. Prueba a entrenar sólo 5 minutos y comprobarás que al comenzar lentamente y sin presión, no sólo puedes continuar, sino que además ¡te apetece! Al ir aumentando el ejercicio poco a poco, sin exigirse demasiado, centrándote en el bienestar que le produce, lograrás disfrutarlo y entenderás el ejercicio como diversión y no como obligación.
[b]"Si cambio mi dieta me siento fatal"[/b]
5. Todos los comienzos son duros pero si te lo propones puede cambiar tus costumbres alimenticias y mantener otras nuevas. Descubrirás que ante ti se levanta un nuevo panorama alimentario mucho más rico y variado. A partir de ahora, tu consigna debe ser: ¡No a las prohibiciones, sí a las modulaciones! Si comes para distraerte del tedio, enmascarar tu insatisfacción, eludir alguna culpa, evadir los conflictos o mitigar la tensión, o impulsada por la depresión, ansiedad, soledad, descontento sexual o estrés, intenta llegar al nudo de la cuestión, averiguar qué te impulsa a comer y resolver sus dificultades, ¡en vez de llevártelas a la boca!.
[b]"No soporto privarme de aquello que me gusta"[/b]
6. No necesitas privarte de lo que te gusta; sólo debes controlar el tamaño de la ración. Lo que en realidad te gusta es probar y comprobar la cualidad placentera del bocado que te llevas a la boca, pero a fuerza de repetirlos, los estímulos pierden su cualidad placentera y se vuelven irritativos, perdiendo sus atributos. Un poco de mayonesa no es lo mismo, que un tarro de mayonesa. Abandonar tus alimentos favoritos los vuelve más deseables y hace que te sientas privado de ellos, y corras más peligro de sucumbir al deseo y darte un banquete. Si sigues una dieta que tenga en cuenta tus gustos culinarios y coincida lo más posible con tus costumbres alimenticias, tendrás muchas más posibilidades de perder peso.
[b]"No funciona conmigo, ya lo he intentado"[/b]
7. Sólo existe un obstáculo: ¡Tú misma! Para superarlo, escribe en una hoja y colóquela en la puerta de la nevera, lo estupenda y maravillosa que eres, cuánto te respetas y cómo vas a cuidarte tanto en la alimentación, como en el ejercicio físico, el trabajo y tu tiempo de ocio para que el régimen funcione. Quizá no tengas éxito porque no eres consciente que todos los bocados, hasta el más ínfimo, cuentan, porque subestima la cantidad de comida que ingiere, o bien pasa por alto ingredientes como la mayonesa que pone al sandwich, las cucharadas que se llevas a la boca para probar una comida, o los picoteos entre horas.
[b]"No tengo tiempo, estoy muy ocupada"[/b]
8. Es mucho mejor conseguir hacer la dieta 2 ó 3 días a la semana que ninguno. Tu tiempo es algo que puedes organizar, estableciendo prioridades para conseguir algo, si realmente lo quieres. ¿Seguro que todo lo que necesitas hacer para bajar peso es una cuestión de tiempo? Cocinar alimentos hervidos o a la plancha requiere menos tiempo que hacer determinados guisos o salsas. Hacer ejercicio no tiene porqué ocuparte tiempo. Disfrutar de un paseo bajándote una o dos paradas antes del autobús o subir y bajar escaleras en vez de utilizar el ascensor, es una forma de contribuir a bajar de peso, y no requiere una reestructuración radical de tu agenda diaria.
Abandonar tus alimentos favoritos los vuelve más deseables
y hace que te sientas privado de ellos, y corras más peligro de sucumbir al deseo y darte un banquete.
n El catálogo de pretextos, creencias erróneas y razones dudosas, que empleamos para no quitarnos de encima el exceso de peso es sumamente amplio, pero también son contundentes los argumentos para refutar esos pretextos de forma inapelable.
Cada excusa que uno se repite para no ponerse a régimen, dejarlo o seguirlo de modo inadecuado, tiene su antídoto: los argumentos de los expertos para desactivar la excusa y demostrar que no es válida y sus sugerencias para sobreponerse al autosabotaje.
Los psicólogos conocen los "pretextos para no adelgazar" y las claves para desmantelarlas. Ofrecen soluciones y sugerencias para desactivar cada uno de los reparos que nos susurra nuestra voz interior para engañarnos o que repetimos continuamente a modo de justificación. Cuando conozcas sus argumentos desactivadores no tendrá más remedio que adelgazar.
El primer paso para desactivar las excusas consiste en darse cuenta de que son pensamientos boicoteadores, cuya función consiste en no permitir que consigamos nuestros objetivos; el segundo radica en decidir que no les permitiremos actuar; después hay que cambiar esos pensamientos distorsionados por otros más realistas, que se correspondan con la realidad.
[b]"No sé por dónde empezar"[/b]
1. Quizá te cueste arrancar, pero eso no significa que no sepas por dónde empezar. A mucha gente le pasa cuando comienza con un nuevo reto. Lo mejor será que trates de concentrarte en alternativas para empezar. Puedes pensar en algún amigo que haya hecho dieta y preguntarle qué tal le fue, también puedes buscar algún médico especializado, o leer algo sobre el tema. Lo mejor es ir sin prisa pero sin pausa, así te asegurará de dar los pasos correctos y tendrás más garantías de conseguir mejor lo que te propones.
[b]"No tengo voluntad, constancia ni disciplina"[/b]
2. Es imposible no tener una cualidad, sino que existen grados. Si no tuvieses voluntad ni disciplina no habrías sido capaz de hacer tantas cosas que las requieren. Si buscas, encontrarás muchos ejemplos que refutan la idea de que careces de tal o cual cualidad. Con la dieta, quizá no hagas las cosas tal y como las planificas y te cuesten más. Sólo tienes que idear un plan para que te resulte más fácil de cumplir. A lo mejor, te has puesto metas altas e inalcanzables; ¡reevalúelas! Si piensas de una forma más positiva y realista te será más fácil conseguir lo que te propones, te sentirás más animado y podrás observar los cambios que vayas consiguiendo.
[b]"No consigo motivarme, pese a que lo intento"[/b]
3. Estás dando por hecho que estés totalmente motivada o no lo estés en absoluto. A lo mejor no estás todo lo motivada que te gustaría o no estás consiguiendo ver los resultados tan rápido como pensaste. Averigúa por qué no aparecen esos resultados. A lo mejor te gustaría comer lo que comen los demás y como no puedes, te desmotivas. Piensa en lo bien que estarás cuando acabes tu dieta, aunque en lo inmediato te cueste esfuerzo y sacrificio. Piensa en lo mucho que engorda lo que los demás comen o simplemente piensa en otra cosa que no tenga nada que ver con la comida, como una escena agradable, para distraerte de la dieta, en lugar centrarte en ella.
[b]"No aguanto hacer ejercicio, ya es demasiado"[/b]
4. La gimnasia no sólo te hace sentir y ser joven y liberar endorfinas, unas sustancias naturales que aumentan tu bienestar, sino que además te facilita el reposo nocturno, te ayuda a remodelar y tonificar el cuerpo, y te permite rebajar grasa de las zonas que te preocupan. La gimnasia regular también te ayuda a comunicarte contigo misma y a evadirte de los problemas. Prueba a entrenar sólo 5 minutos y comprobarás que al comenzar lentamente y sin presión, no sólo puedes continuar, sino que además ¡te apetece! Al ir aumentando el ejercicio poco a poco, sin exigirse demasiado, centrándote en el bienestar que le produce, lograrás disfrutarlo y entenderás el ejercicio como diversión y no como obligación.
[b]"Si cambio mi dieta me siento fatal"[/b]
5. Todos los comienzos son duros pero si te lo propones puede cambiar tus costumbres alimenticias y mantener otras nuevas. Descubrirás que ante ti se levanta un nuevo panorama alimentario mucho más rico y variado. A partir de ahora, tu consigna debe ser: ¡No a las prohibiciones, sí a las modulaciones! Si comes para distraerte del tedio, enmascarar tu insatisfacción, eludir alguna culpa, evadir los conflictos o mitigar la tensión, o impulsada por la depresión, ansiedad, soledad, descontento sexual o estrés, intenta llegar al nudo de la cuestión, averiguar qué te impulsa a comer y resolver sus dificultades, ¡en vez de llevártelas a la boca!.
[b]"No soporto privarme de aquello que me gusta"[/b]
6. No necesitas privarte de lo que te gusta; sólo debes controlar el tamaño de la ración. Lo que en realidad te gusta es probar y comprobar la cualidad placentera del bocado que te llevas a la boca, pero a fuerza de repetirlos, los estímulos pierden su cualidad placentera y se vuelven irritativos, perdiendo sus atributos. Un poco de mayonesa no es lo mismo, que un tarro de mayonesa. Abandonar tus alimentos favoritos los vuelve más deseables y hace que te sientas privado de ellos, y corras más peligro de sucumbir al deseo y darte un banquete. Si sigues una dieta que tenga en cuenta tus gustos culinarios y coincida lo más posible con tus costumbres alimenticias, tendrás muchas más posibilidades de perder peso.
[b]"No funciona conmigo, ya lo he intentado"[/b]
7. Sólo existe un obstáculo: ¡Tú misma! Para superarlo, escribe en una hoja y colóquela en la puerta de la nevera, lo estupenda y maravillosa que eres, cuánto te respetas y cómo vas a cuidarte tanto en la alimentación, como en el ejercicio físico, el trabajo y tu tiempo de ocio para que el régimen funcione. Quizá no tengas éxito porque no eres consciente que todos los bocados, hasta el más ínfimo, cuentan, porque subestima la cantidad de comida que ingiere, o bien pasa por alto ingredientes como la mayonesa que pone al sandwich, las cucharadas que se llevas a la boca para probar una comida, o los picoteos entre horas.
[b]"No tengo tiempo, estoy muy ocupada"[/b]
8. Es mucho mejor conseguir hacer la dieta 2 ó 3 días a la semana que ninguno. Tu tiempo es algo que puedes organizar, estableciendo prioridades para conseguir algo, si realmente lo quieres. ¿Seguro que todo lo que necesitas hacer para bajar peso es una cuestión de tiempo? Cocinar alimentos hervidos o a la plancha requiere menos tiempo que hacer determinados guisos o salsas. Hacer ejercicio no tiene porqué ocuparte tiempo. Disfrutar de un paseo bajándote una o dos paradas antes del autobús o subir y bajar escaleras en vez de utilizar el ascensor, es una forma de contribuir a bajar de peso, y no requiere una reestructuración radical de tu agenda diaria.
Abandonar tus alimentos favoritos los vuelve más deseables
y hace que te sientas privado de ellos, y corras más peligro de sucumbir al deseo y darte un banquete.
Diario Libre




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