"Amantes pasajeros", una opereta porno soft

SANTO DOMINGO. Desde temprano, el cine sirvió a los quisieron denunciar. Primero fue Charles Chaplin, que por medio del humor dio cuenta de las desventuras de los migrantes; más tarde, movimientos como el Expresionismo y el Neorrealismo, denunciaron la alienación de los regímenes totalitarios y los devastadores efectos sociales de la guerra. Hacia fines de los 50 el Surrealismo puso de manifiesto las trabas en la mente del individuo.
En los 80 es cuando el cine comienza a elaborar discursos acerca de las preferencias sexuales. Uno de los directores más creativos ha sido Pedro Almodóvar, quien, con sus relatos, sacó del clóset la diversidad en nuestra cultura latina. Con su última película regresa a la provocación más desenfadada, en una metáfora acerca de la España actual de la que muchos quisieran escapar.
Un corto vuelo
Un avión de la línea Península despega rumbo a México; por descuido el tren de aterrizaje se traba, y debe regresar. Para evitar dificultades, la tripulación aplica un somnífero a los pasajeros de clase turista; pero los de primera clase se rebelan contra la tripulación. Se entabla así una pugna entre dos grupos, uno que controla el mando del avión y otro que lo sufre. La tripulación está compuesta por homosexuales y bisexuales con relaciones entrecruzadas; los pasajeros son heterosexuales, y todos tienen algo vergonzoso que esconder. De esta manera, Almodóvar construye una metáfora de la crisis por la que atraviesa su país: un territorio donde el pueblo ha sido anestesiado, la élite es corrupta y tránsfuga, y quien gobierna es partícipe de una connivencia impúdica.
La forma y el estilo
Los filmes de este director son intertextuales, es decir, combinan el teatro, la música popular, el melodrama radial y hasta el video clip. Aquí opta por una forma en desuso, la opereta, cuyo eje es la narración de historias disparatadas e inverosímiles. Por ello, debe leerse como lo que es, un discurso en tono de chanza, cuyo objetivo es zaherir la conciencia, utilizando como instrumentos el lenguaje hablado y una puesta en escena a las claras pornográfica.
Lo soez del lenguaje
El idioma español posee un amplio repertorio de "malas palabras"; aquí, por boca de los personajes, se utiliza buena parte del arsenal de expresiones y conceptos en torno a lo genital y lo coprolálico. Ello no es casual, adrede se utiliza lo soez, porque se quiere escandalizar, fundamentalmente por el oído. Sabe el realizador que el verbo es el verdadero instrumento del poder en la construcción social.
El tiro por la culata
Sin embargo, el discurso no se sostiene, esto debido a que la pesada carga de las palabras termina afectando a los propios intérpretes. Los diálogos resultan artificiosos, extensos en demasía, fuera de ritmo y no convencen. Se recurre a diferentes formas, como el musical y el drama folletinesco, pero con el encierro de la historia-casi toda en el avión- el hastío no tarda en llegar. En una escena un personaje gay pregunta a los de primera clase si les gustó el show que montaron para entretenerles, y él mismo reflexiona: "Quizás no elegimos bien la canción". Efectivamente, no sólo la canción equivocada, es el conjunto que va demasiado lejos en su denuncia, cayendo en el burdo panfleto, digerible para quienes están convencidos de antemano. Es cierto que los escándalos de la crisis financiera, social y moral de España son obscenos, en parte es tarea del artista denunciarlo, pero la forma elegida no ayuda a conseguir su objetivo.
Recomendable sólo para quienes tengan los oídos bien curtidos.
Ficha técnicaAmantes pasajeros (I'm So Excited). España 2013. 90 minutos.
Dirección y guión: Pedro Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: José Luis Alcaine
Intérpretes:
Javier Cámara
Lola Dueñas
Hugo Silva
Antonio de la Torre
José María Yazpik
Cecilia Roth
Blanca Suárez
Guillermo Toledo
Mario Núñez Muñoz
Mario Núñez Muñoz