Año uno, la blasfemia en tono de farsa
Una película que le saca la risa al espectador con escenas ridículas, groseras y mal hilvanadas

ANTO DOMINGO. Harold Ramis es un actor, guionista y director proveniente de la televisión, especializado en comedias livianas. Sus guiones más conocidos son "De vuelta al colegio" (1986), "Los cazafantasmas" (1986) y "Analízame" (1999). Con "Los cazafantasmas" logró extender la saga por varios años, tanto para el cine como para la televisión. Después de un periodo de sequía, vuelve con el filme "Año uno", al parecer escrito especialmente para el comediante Jack Black, con quien construye un relato en tono de farsa, estrafalaria versión del Antiguo Testamento, libro sagrado de la tradición judeo cristiana.
La historia de la Historia
Zed (Jack Black) y Oh (Michael Cera) son miembros de una tribu de cavernícolas en el Paraíso Terrenal. Zed tiene hambre de conocimientos y, deliberadamente en contra de las costumbres, muerde el fruto prohibido. Es expulsado y se convierte en el Prometeo que iluminará a la Humanidad con el fuego del saber; su amigo Oh le sigue en la aventura del exilio forzado. Encuentran un pueblo agricultor y son testigos del asesinato de Abel en manos de Caín. Más tarde, Zed será la causa por la cual Abraham suspende el sacrificio de su hijo. Llegan a la ciudad de Sodoma, Zed se transforma en el elegido por Dios y libera al pueblo sometido de las garras de los sacerdotes de Moloch.
La blasfemia y la farsa
Por la trayectoria de Ramis y Black, es cuerdo pensar que comparten una misma visión de la comedia, donde prima lo burdo por sobre lo refinado. La farsa les viene bien, ya que según el diccionario es una "obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca". Los tres adjetivos de esta definición pueden verse con claridad en esta producción, a saber : no se trata de una película de época, no hay vestuario, son disfraces y bastante desarreglados; no existe el pretexto artístico, es una historia escasamente hilada, grosera y de mal gusto; por último, lo grotesco le calza, puesto que es un filme ridículo y extravagante. En una sociedad sin la división de los poderes del Estado, Ramis y Black habrían sido condenados por blasfemia, esto es, la interpretación injuriosa de lo que se considera sagrado.
Licencias de lo farsesco
Puesto que el foco de sus creadores está en hacer reír a partir de lo que se considera más serio y no en la coherencia narrativa, muchas son las licencias que se permite este relato, que como tal, a duras penas se sostiene. Cierto es que consigue sacar la risa y a veces la carcajada del espectador, pero siempre a base de escenas groseras, las más de las veces coprolálicas. También el guión introduce diálogos inteligentes y hasta cuestionadores de lo divino, pero la primacía del disparate se impone finalmente.
Si bien la farsa está presente en la historia de la Humanidad desde los orígenes del teatro y que reírse de la cultura es necesario y hasta sano de vez en cuando, el espectador tiene al menos el derecho a exigir una historia bien contada. Siempre habrá un público para este tipo de filmes y salas dispuestas a exhibirlos, de todo hay en la viña del Señor.
Las libertades públicas de los regímenes democráticos admiten el discurso corrosivo, no estamos en su contra, es la forma del relato la que nos parece deplorable, más cuando se cuenta con todos los medios para hacerlo. Recomendable para quienes disfrutan con la grosería en tono mayor.
FICHA TéCNICA
"Year one". EE.UU. 2009. 97 minutos.
Dirección: Harold Ramis
Guión: Harold Ramis & Gene Stupnitsky
Música: Theodore Shapiro
Fotografía: Alar Kivilo
Intérpretes:
Jack Black
Michael Cera
Oliver Platt
David Cross
Hank Azaria
Juno Temple
Olivia Wilde
June Diane Raphael
La historia de la Historia
Zed (Jack Black) y Oh (Michael Cera) son miembros de una tribu de cavernícolas en el Paraíso Terrenal. Zed tiene hambre de conocimientos y, deliberadamente en contra de las costumbres, muerde el fruto prohibido. Es expulsado y se convierte en el Prometeo que iluminará a la Humanidad con el fuego del saber; su amigo Oh le sigue en la aventura del exilio forzado. Encuentran un pueblo agricultor y son testigos del asesinato de Abel en manos de Caín. Más tarde, Zed será la causa por la cual Abraham suspende el sacrificio de su hijo. Llegan a la ciudad de Sodoma, Zed se transforma en el elegido por Dios y libera al pueblo sometido de las garras de los sacerdotes de Moloch.
La blasfemia y la farsa
Por la trayectoria de Ramis y Black, es cuerdo pensar que comparten una misma visión de la comedia, donde prima lo burdo por sobre lo refinado. La farsa les viene bien, ya que según el diccionario es una "obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca". Los tres adjetivos de esta definición pueden verse con claridad en esta producción, a saber : no se trata de una película de época, no hay vestuario, son disfraces y bastante desarreglados; no existe el pretexto artístico, es una historia escasamente hilada, grosera y de mal gusto; por último, lo grotesco le calza, puesto que es un filme ridículo y extravagante. En una sociedad sin la división de los poderes del Estado, Ramis y Black habrían sido condenados por blasfemia, esto es, la interpretación injuriosa de lo que se considera sagrado.
Licencias de lo farsesco
Puesto que el foco de sus creadores está en hacer reír a partir de lo que se considera más serio y no en la coherencia narrativa, muchas son las licencias que se permite este relato, que como tal, a duras penas se sostiene. Cierto es que consigue sacar la risa y a veces la carcajada del espectador, pero siempre a base de escenas groseras, las más de las veces coprolálicas. También el guión introduce diálogos inteligentes y hasta cuestionadores de lo divino, pero la primacía del disparate se impone finalmente.
Si bien la farsa está presente en la historia de la Humanidad desde los orígenes del teatro y que reírse de la cultura es necesario y hasta sano de vez en cuando, el espectador tiene al menos el derecho a exigir una historia bien contada. Siempre habrá un público para este tipo de filmes y salas dispuestas a exhibirlos, de todo hay en la viña del Señor.
Las libertades públicas de los regímenes democráticos admiten el discurso corrosivo, no estamos en su contra, es la forma del relato la que nos parece deplorable, más cuando se cuenta con todos los medios para hacerlo. Recomendable para quienes disfrutan con la grosería en tono mayor.
FICHA TéCNICA
"Year one". EE.UU. 2009. 97 minutos.
Dirección: Harold Ramis
Guión: Harold Ramis & Gene Stupnitsky
Música: Theodore Shapiro
Fotografía: Alar Kivilo
Intérpretes:
Jack Black
Michael Cera
Oliver Platt
David Cross
Hank Azaria
Juno Temple
Olivia Wilde
June Diane Raphael
Mario Núñez Muñoz
Mario Núñez Muñoz