Ariadna Vázquez
Audaz, juguetona, desafiante, llena de esa juventud que crea y deslumbra con lo que crea, Ariadna Vázquez, la periodista dominicana que habituó a muchísimos lectores a buscarla los domingos en las ocurrencias de su columna Cabeza de Ratón, se declara Embriagada de México.
Y México ya ha comenzado a salírsele por los poros y por la palabra y a hacer literatura con esas vivencias que este país le proporciona:
"Ahora en navidad, voy a fotografiarme con los reyes magos en la Alameda, y le daré un billete de veinte pesos a la señora de los chicles en el metro Bellas Artes para que me cuente otra vez la historia de los fantasmas que viven en su casa, y la de los conejos, pero no escribiré ningún poema, no lo haré…"
No es cierto. En la página personal (blog) que Ariadna ha colocado en Internet están sus reflexiones y sus poemas de los últimos meses. Y en esta entrevista que permitió a Diario Libre incluirla entre un grupo de dominicanas triunfadoras en otros lares, Ariadna se reconoció en un estado de creación y entrega:
"Cuando estuve ejerciendo el periodismo lo sentí en las venas, más adentro todavía, pero ahora siento simplemente más vulnerabilidad hacía la escritura, hacía la poesía. Si me preguntas si me siento escritora o poeta o periodista, pues no sé… No me siento ninguna de ellas por completo, todas ellas son sólo una parte…Yo me siento más cualquier cosa, según el momento: me he llegado a sentir bailarina, o incluso malabarista, jejeje".
Se movió a la nación azteca, - ella lo reconoce -, como un escape, pero también porque aborrece la inercia en cualesquiera circunstancias:
"Me encanta el movimiento, moverme, mudarme… Cuando vivía en casa de mis padres casi cada dos meses cambiaba la forma en que estaban los muebles de mi cuarto. Sentía esa necesidad, y todavía la siento.
La capital mexicana le ha regalado a Ariadna esa vertiginosidad que a algunos abruma y que a ella le encanta:
"México fue y sigue siendo un lugar para estar. Es increíble la gran cantidad de cosas que se mueven en esta ciudad, los millones de actividades culturales, y sobre todo el anonimato que te hace sentir la misma ciudad, y que a mi me encanta. Es muy diferente a la ciudad en la que crecí, donde de repente conocías a todo el mundo: todo el mundo era un grupo pequeño, y en algún momento todo el mundo te miraba, te conocía.
"Precisamente lo contrario es lo que me agrada de México. Mi novela corta, Por el Desnivel de la Acera, la escribí embriagada de México, cuando recién llegué. Estaba nerviosa, todo latía tan rápido en esta ciudad, todo se movía de prisa: y yo no pude parar de escribir por días y días. Andaba colgada como una maniática en el Metro, en las micros, en las calles, en los mercados, fue una experiencia alucinante.
Sus fascinaciones por los escenarios de una de las más vitales culturas precolombinas la condujeron a Palenque, no lejos de Chiapas, donde apenas a mediados del siglo pasado el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier descubrió unas ruinas funerarias mayas de excepcional importancia. El "descubrimiento" que hizo allí la propia Ariadna la impactó también:
Cerca de las ruinas hay muchos lugares con palapas que están en medio de la selva. Y hay unas comunidades de extranjeros y de mexicanos que tienen años viviendo ahí, en espacios abiertos, sólo con sus hamacas. Para subsistir económicamente aprenden a hacer artesanías, collares, pulseras, y bajan al pueblo a venderlas. Hacen palomitas de maíz y fuman marihuana. Son personas que en general, son super apacibles, que te reciben de muy buen ánimo, que viven sus vidas de una manera muy distinta a la mayoría de la gente. Tienen una visión mucho más elevada de lo que realmente significa estar aquí, ahora, en este planeta; y eso me llamó la atención, me agradó".
Para ella, mujer de tantas miradas, no ha habido "choque de culturas". Pero Ariadna acuna añoranzas, eso sí:
"Los pasteles en hoja, jajaja. En serio, me provocan cierta nostalgia de Santo Domingo, pero además de eso, y sobre todas las cosas, mi familia y mis amigos, y a veces algún lugar que yo frecuentaba mucho, como la Plaza de la Cultura, por la estatua de Fabio Fiallo… Y bueno, de mi infancia lo que siempre recuerdo más es el parque de la iglesia en Cancino, lo recuerdo mucho, no porque fuera a misa, sino porque solía correr ahí dentro, entre los árboles, y montar bicicleta, y recuerdo que para mí era gigante ese parque, ¡era un bosque!, una vaina grandísima, y parece que yo lo veía según mi propia estatura, porque luego, ya de grande, pasé muchas veces por ese lugar, y el parque lucía tan pequeño, era un cuadrado pequeño…
"¿Cómo vivo? Pues vivo ligeramente, o sea, me siento más ligera que nunca, o sea que estoy muy tranquila, sonriente, sumergida en una especie de calma, de quietud, que me encanta. La verdad es que siento que puedo trabajar más en escribir las cosas que quiero escribir y claro que estoy sobreviviendo, pero está muy cool está forma de sobrevivir, me gusta mucho".
LA CASA AZUL
La muchacha sabe mirar para arriba
y para abajo también
Sabe quedarse quietecita
como esperando que el cielo se harte, baje y se la coma pero el cielo no hace nada y después se harta ella de mirar esa masa azul, blanca, rara
y se sienta a descansar
en el asfalto
siempre caliente, siempre temblando
como sólo ella sabe
con las manos abrazando sus piernas
con la cara en las rodillas, toda junta, sola
frunciendo el ceño por nada porque sí
o porque entonces le da risa y después se ríe por estar ahí sentada sin hacer nada mirando para abajo en Santo Domingo
Alcanzables en su blog http://pedacitosdehuellas.blogspot.com/
Este trozo de prosa de Ariadna Vázquez es muy reciente, de finales del pasado noviembre
Ayer descolgué mi cabeza del tubo de la ducha. Ya tengo al menos ocho cosas que quiero hacer. Ya no escribiré más poemas, ahora voy a dibujar comics: una serie de monigotes con cabellos esponjados y aretes largos, que gusten de los peces y las abejas, que tengan jardines zen en las salas de sus casas, y que muestren cierta patología con apretarse las uñas de los pies cuando se les encarnen.
También vigilaré a las cucarachas. Voy a perseguirlas con una cajita de madera en las manos. Y cuando me aburra, voy a hundirme los dedos en los ojos para ver estrellas y lacitos negros…
Y México ya ha comenzado a salírsele por los poros y por la palabra y a hacer literatura con esas vivencias que este país le proporciona:
"Ahora en navidad, voy a fotografiarme con los reyes magos en la Alameda, y le daré un billete de veinte pesos a la señora de los chicles en el metro Bellas Artes para que me cuente otra vez la historia de los fantasmas que viven en su casa, y la de los conejos, pero no escribiré ningún poema, no lo haré…"
No es cierto. En la página personal (blog) que Ariadna ha colocado en Internet están sus reflexiones y sus poemas de los últimos meses. Y en esta entrevista que permitió a Diario Libre incluirla entre un grupo de dominicanas triunfadoras en otros lares, Ariadna se reconoció en un estado de creación y entrega:
"Cuando estuve ejerciendo el periodismo lo sentí en las venas, más adentro todavía, pero ahora siento simplemente más vulnerabilidad hacía la escritura, hacía la poesía. Si me preguntas si me siento escritora o poeta o periodista, pues no sé… No me siento ninguna de ellas por completo, todas ellas son sólo una parte…Yo me siento más cualquier cosa, según el momento: me he llegado a sentir bailarina, o incluso malabarista, jejeje".
Se movió a la nación azteca, - ella lo reconoce -, como un escape, pero también porque aborrece la inercia en cualesquiera circunstancias:
"Me encanta el movimiento, moverme, mudarme… Cuando vivía en casa de mis padres casi cada dos meses cambiaba la forma en que estaban los muebles de mi cuarto. Sentía esa necesidad, y todavía la siento.
La capital mexicana le ha regalado a Ariadna esa vertiginosidad que a algunos abruma y que a ella le encanta:
"México fue y sigue siendo un lugar para estar. Es increíble la gran cantidad de cosas que se mueven en esta ciudad, los millones de actividades culturales, y sobre todo el anonimato que te hace sentir la misma ciudad, y que a mi me encanta. Es muy diferente a la ciudad en la que crecí, donde de repente conocías a todo el mundo: todo el mundo era un grupo pequeño, y en algún momento todo el mundo te miraba, te conocía.
"Precisamente lo contrario es lo que me agrada de México. Mi novela corta, Por el Desnivel de la Acera, la escribí embriagada de México, cuando recién llegué. Estaba nerviosa, todo latía tan rápido en esta ciudad, todo se movía de prisa: y yo no pude parar de escribir por días y días. Andaba colgada como una maniática en el Metro, en las micros, en las calles, en los mercados, fue una experiencia alucinante.
Sus fascinaciones por los escenarios de una de las más vitales culturas precolombinas la condujeron a Palenque, no lejos de Chiapas, donde apenas a mediados del siglo pasado el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier descubrió unas ruinas funerarias mayas de excepcional importancia. El "descubrimiento" que hizo allí la propia Ariadna la impactó también:
Cerca de las ruinas hay muchos lugares con palapas que están en medio de la selva. Y hay unas comunidades de extranjeros y de mexicanos que tienen años viviendo ahí, en espacios abiertos, sólo con sus hamacas. Para subsistir económicamente aprenden a hacer artesanías, collares, pulseras, y bajan al pueblo a venderlas. Hacen palomitas de maíz y fuman marihuana. Son personas que en general, son super apacibles, que te reciben de muy buen ánimo, que viven sus vidas de una manera muy distinta a la mayoría de la gente. Tienen una visión mucho más elevada de lo que realmente significa estar aquí, ahora, en este planeta; y eso me llamó la atención, me agradó".
Para ella, mujer de tantas miradas, no ha habido "choque de culturas". Pero Ariadna acuna añoranzas, eso sí:
"Los pasteles en hoja, jajaja. En serio, me provocan cierta nostalgia de Santo Domingo, pero además de eso, y sobre todas las cosas, mi familia y mis amigos, y a veces algún lugar que yo frecuentaba mucho, como la Plaza de la Cultura, por la estatua de Fabio Fiallo… Y bueno, de mi infancia lo que siempre recuerdo más es el parque de la iglesia en Cancino, lo recuerdo mucho, no porque fuera a misa, sino porque solía correr ahí dentro, entre los árboles, y montar bicicleta, y recuerdo que para mí era gigante ese parque, ¡era un bosque!, una vaina grandísima, y parece que yo lo veía según mi propia estatura, porque luego, ya de grande, pasé muchas veces por ese lugar, y el parque lucía tan pequeño, era un cuadrado pequeño…
"¿Cómo vivo? Pues vivo ligeramente, o sea, me siento más ligera que nunca, o sea que estoy muy tranquila, sonriente, sumergida en una especie de calma, de quietud, que me encanta. La verdad es que siento que puedo trabajar más en escribir las cosas que quiero escribir y claro que estoy sobreviviendo, pero está muy cool está forma de sobrevivir, me gusta mucho".
LA CASA AZUL
La muchacha sabe mirar para arriba
y para abajo también
Sabe quedarse quietecita
como esperando que el cielo se harte, baje y se la coma pero el cielo no hace nada y después se harta ella de mirar esa masa azul, blanca, rara
y se sienta a descansar
en el asfalto
siempre caliente, siempre temblando
como sólo ella sabe
con las manos abrazando sus piernas
con la cara en las rodillas, toda junta, sola
frunciendo el ceño por nada porque sí
o porque entonces le da risa y después se ríe por estar ahí sentada sin hacer nada mirando para abajo en Santo Domingo
Alcanzables en su blog http://pedacitosdehuellas.blogspot.com/
Este trozo de prosa de Ariadna Vázquez es muy reciente, de finales del pasado noviembre
Ayer descolgué mi cabeza del tubo de la ducha. Ya tengo al menos ocho cosas que quiero hacer. Ya no escribiré más poemas, ahora voy a dibujar comics: una serie de monigotes con cabellos esponjados y aretes largos, que gusten de los peces y las abejas, que tengan jardines zen en las salas de sus casas, y que muestren cierta patología con apretarse las uñas de los pies cuando se les encarnen.
También vigilaré a las cucarachas. Voy a perseguirlas con una cajita de madera en las manos. Y cuando me aburra, voy a hundirme los dedos en los ojos para ver estrellas y lacitos negros…
Diario Libre



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