A vueltas con el tamaño

Piensan algunos, erróneamente, que el tamaño de la letra inicial de una palabra se contagia al tamaño o la prestancia de la realidad a la que esta se refiere. El abuso de la mayúscula inicial adquiere dimensiones de plaga (disculpen la exageración) en la escritura de los sustantivos que se refieren a títulos o cargos. Estos sustantivos son nombres comunes y, como tales, deben escribirse con minúscula inicial: La presidenta acudió al encuentro acompañada de la ministra, la directora general y la jefa de la Policía; El papa visita a los damnificados del terremoto. (Todavía falta un trecho para poder jugar con las referencias femeninas en el último ejemplo).

Las Academias recomiendan usar la minúscula inicial para cargos y títulos cuando se usan genéricamente, es decir, cuando se refieren a los miembros de una clase: El cardenal es el prelado que forma parte del cónclave para la elección de papa; pero también cuando estos cargos y títulos se refieren a personas concretas: El presidente de la república visitó la región; La embajadora ofreció una recepción a la que acudió la ministra de la Mujer.

En ocasiones el nombre de la institución y el nombre del cargo que la representa coinciden; no así el tamaño de las letras. La mayúcula inicial se reserva para el nombre de la institución, mientras que el nombre del cargo se escribe con minúscula inicial: La defensora del pueblo dictó la conferencia «Rol del Defensor del Pueblo y desafíos». Las mayúsculas iniciales se reservan para las instituciones y no para las personas que las ocupan. Como ven, en la lengua, como en otros menesteres, el tamaño sí importa.

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20171211 https://www.diariolibre.com

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