Escribir con concisión tiene mucho que ver con la selección de las palabras que usamos para decir lo que queremos decir sin recargar el mensaje rodeos que no aportan al contenido ni a la expresividad del texto. Como en las preposiciones y los adverbios, que tratamos la semana pasada, también encontramos sustantivos que empiezan a verse desplazados por derivados más largos y altisonantes. Es lo que la Guía práctica del español correcto del Instituto Cervantes llama «la moda del archisílabo», que se basa en la idea errónea de que si la palabra es más larga nos hace ver más preparados o más cultos.

Las palabras son las que son; una sílaba de más no las mejora. Nuestro objetivo a la hora de elegirlas es que digan con exactitud lo que queremos decir y que su estilo se adapte a nuestra necesidad concreta. Son muchos los ejemplos de palabras que pierden uso frente a sus derivados: tema y temática, recibir y recepcionar, iniciar e inicializar, clima y climatología, problema y problemática. Con los verbos sucede algo parecido. En lugar de usar el verbo simple de toda la vida nos decantamos por expresar lo mismo dando un rodeo. Basta compararlos: viajar y realizar un viaje, notificar y dar cuenta de algo, llamar y hacer un llamamiento, usar y hacer uso, opinar y ser de la opinión de, saber y tener conocimiento de algo.

Son creaciones innecesarias, con el mismo contenido significativo, no aportan ningún matiz que nos ayude a expresarnos con más propiedad, no designan objetos o conceptos nuevos. Son expresiones superfluas que nos suenan engañosamente más importantes. No se dejen confundir; en la claridad y la concisión está el secreto de una buena expresión.

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