Enfermedad y ortografía

Si algo ha conseguido la pandemia es enfrentarnos, a pesar de nuestra dureza y resistencia, con la realidad de nuestra fragilidad. La enfermedad y sus consecuencias, el temor que nos produce y cómo prevenirla o combatirla roban el protagonismo de nuestras conversaciones y, con ella, las palabras que sirven para nombrarla.

La denominación de la COVID-19, establecida por la Organización Mundial de la Salud, puede enseñarnos muchas cosas. Analicémosla paso a paso. Para empezar su escritura en mayúsculas responde a su condición de acrónimo, un tipo particular de sigla que, por su forma, permite que la pronunciemos como una palabra. En el caso de COVID-19 estamos ante el acrónimo del inglés «coronavirus desease», «enfermedad del coronavirus». El guion nos ayuda a combinar cifras y letras en la misma palabra.

Como el nombre de esta enfermedad se ha hecho desgraciadamente omnipresente, el acrónimo ha llegado a lexicalizarse y a usarse como un sustantivo común. Olvidamos entonces las mayúsculas y aplicamos las reglas de los sustantivos comunes: La covid-19 ha trasformado nuestra cotidianeidad.

El género de las siglas y acrónimos viene determinado por el género de su palabra núcleo. Hablamos de la RAE (academia como núcleo), de la OMS (organización como núcleo) y de la COVID-19 (enfermedad, desease en inglés, como núcleo). El hecho evidente de que en el caso del COVID-19 se esté imponiendo el género masculino no puede considerarse un error; responde a una duda comprensible entre los hablantes puesto que partimos de una sigla en inglés en su origen.

Si nos centramos en el futuro debemos empezar a pensar en nuestra vida en la etapa poscovid o pos-COVID. Y consideremos que si, como parece, el nombre de esta enfermedad va a establecerse en la preferencia de los hablantes como palabra llana, debemos ir poniéndole la tilde al cóvid.

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