La vida de las palabras

El primer contacto de la lengua española con las lenguas indígenas americanas se produjo en esta isla y es el responsable de que los primeros préstamos de las lenguas americanas al español fueran los procedentes de las lenguas que se hablaban en La Española. La lengua taína es el origen de tres préstamos muy tempranos que van a protagonizar la Eñe de hoy: canoa, huracán y hamaca. Estas palabras designaban realidades que la lengua española no se había visto en la necesidad de nombrar hasta su llegada al Caribe. Una vez adoptados, estos tainismos se convirtieron en palabras imprescindibles y se difundieron en el español de España y en el de toda América.

Los diccionarios de la época prueban la vigencia de estas palabras en el español peninsular. Nebrija incluye canoa en el Diccionario español-latino en 1495. Covarrubias registra canoa, hamaca y huracán en su Diccionario de la lengua castellana o española en 1611. De la lengua común pasan a la literaria y, por ejemplo, encontramos huracán en Cervantes y hamaca en Lope de Vega. La lengua española sirvió además para su difusión a otras lenguas europeas como el francés (canoë, ouragan, hamac), el inglés (canoe, hurricane, hammock) o el italiano (canoa, uragano, amaca).

Alguien llamado Alonso de Herrojo cuenta en 1583 en una carta que un accidente le impide caminar y que lo llevan cargado en una hamaca. En 1585 Hernando de Cantillana le manda un regalo a su mujer, que se ha quedado en Sevilla, y en una carta le explica que le envía «un amaca chiquita y un papagayo grande». A veces aquellas cartas de los emigrados a Indias, los textos más humildes, son las que nos abren una ventana a la vida de las palabras.

+ Leídas