Leoneras y jurunelas
No puedo presumir de ser ordenada, ni siquiera cuando de libros se trata. Mi biblioteca está organizada alfabéticamente; aunque quizás organizada es mucho decir. Aspira a estarlo. Cuando escribo, consulto y consulto. Me rodeo de libros que van apilándose uno a uno a mi alrededor. A cualquiera que lo mire desde fuera puede parecerle una leonera, un nido de gallina, una caótica jurunela.
¿Y es que los leones, las gallinas o los hurones se merecen que nos acordemos de ellos cuando de desorden se trata? Leones y gallinas se destacan a simple vista en el origen de estas expresiones. Para descubrir a los hurones tenemos que armarnos de ese cepillito que usan los arqueólogos para quitar el residuo de los años a los objetos de un yacimiento. Cepillamos con delicadeza y, rasgo a rasgo, vamos descubriendo la huronera original. Hurón viene del latín furo, y esa f- latina inicial suele aspirarse en español, según las zonas y según las épocas: ya sabemos de dónde sale la jota. Las vocales que se sitúan cerca en una palabra tienden a asimilarse entre sí; la u contagia su articulación a la o hasta llevársela a su terreno: ya sabemos de dónde sale la u. Los intercambios entre l y r son también muy frecuentes, no solo entre los dominicanos: ya sabemos de dónde salió la ele.
Cepilla que te cepilla nos hemos convertido en arqueólogos de las palabras y hemos descubierto a los humildes hurones en nuestra humilde jurunela. Hasta de las jurunelas de la lengua podemos aprender mucho. Y no se confundan, a pesar de todo, siempre sé dónde están mis libros.
@Letra_zeta
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María José Rincón
María José Rincón