Mucho mejor que antes

Nos quedamos con el mundo en la punta de la lengua. Empecemos hoy a saborearlo. Hablábamos de expresar las cualidades de nuestro entorno en sus distintos grados y hoy vamos a hacernos maestros de la comparación.

Si la comparación es de superioridad la contruiremos con el adverbio más y podremos expresar el punto de referencia precedido de la conjunción que: un verano más caluroso que el anterior, un amigo más leal que tú, una fiesta más concurrida que la del año pasado. Si la comparación es de inferioridad se mantiene la misma estructura, pero, en cambio, se utiliza el adverbio menos: una profesora menos exigente que yo, una librería menos surtida que la de mi barrio, un cielo menos gris que el de ayer. Si la comparación es de igualdad, recurrimos al adverbio tan e introducimos el término de referencia con la conjunción como: tan luminoso como el sol, tan sereno como el sueño de un niño, tan compleja como la gramática.

El latín nos legó ciertos adjetivos muy peculiares que llevan este grado comparativo en su ADN; son los llamados comparativos sincréticos: mejor, peor, mayor y menor, que expresan lo mismo que las construcciones comparativas más bueno que, más malo que, más grande que y más pequeño que.

Si queremos subir de grado la comparación que expresan estos adjetivos podemos optar por añadirles el adverbio mucho: un vino mucho mejor que ese, un día mucho peor que el lunes, una niña mucho mayor que ella, una marca mucho menor que la punta de un alfiler. Sin embargo, su naturaleza comparativa los hace rechazar la presencia de muy; recuerden, nada de *muy mejor o *muy peor.

Si somos mucho mejores cuando de comparar se trata, si nuestras dudas son mucho menores que antes, esta Eñe habrá cumplido su objetivo.

+ Leídas