Palabras vagabundas

$!Palabras vagabundas

Cuando nos interesamos por la etimología de una palabra volvemos al origen. Rastreamos la lengua de procedencia, lo que nos permite conocer los cambios que ha experimentado a lo largo del tiempo; cambios en la pronunciación, en la escritura y también en el significado.

La mayoría de las palabras de la lengua española tiene un origen documentado y podemos explicar cómo han evolucionado para llegar a ser lo que son hoy. Sin embargo, hay ocasiones en las que los hablantes se ponen creativos y atribuyen a ciertas palabras un origen que no es el que realmente les corresponde. Son las llamadas etimologías populares. Surgen del desconocimiento de la verdadera etimología de una palabra y de la búsqueda de una motivación semántica por parte de los hablantes.

Hoy vamos a fijarnos en dos curiosas etimologías populares. La refrescante mandarina debe su nombre al portugués mandarim, vinculado con los mandarines, altos mandatarios de la China. Los hablantes se basan en el parecido de mandarina con el verbo mondar, ‘quitar la cáscara a las frutas’, para atribuirle esta etimología popular mucho más «lógica». Hasta llegar a cambiarle el nombre por el de *mondarina. Algo similar sucede con el adjetivo vagabundo, que tiene su origen en el latín vagabundus. Los hablantes relacionan su significado, ‘que anda errante sin asentarse en ningún sitio’, con el verbo vagar y con el sustantivo mundo, y la etimología popular está servida: vagamundo.

Las etimologías populares son muy comunes y suelen provocar cambios en la forma y en el significado de las palabras. No es raro que las nuevas palabras surgidas de una interpretación etimológica errónea lleguen a desbancar a las palabras originales. La lengua es así; historia y cambio forman parte de su esencia.

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