$!Tan nuestras
Estatua del cacique Enriquillo, en Bahoruco.

A pesar de que las lenguas indígenas de nuestro caribe antillano aportaron muchas palabras a la lengua española general y, especialmente, al español dominicano, he caído en la cuenta de que han sido pocas las Eñes que le he dedicado a este patrimonio léxico. Para enmendar esta carencia me propongo dedicar una pequeña (¿o gran?) serie de estas columnas a disfrutar de las huellas que las lenguas taína, caribe y arahuaca han dejado en la nuestra.

Empecemos por esas palabras sin las que el español que hablamos los más de quinientos ochenta millones de hispanohablantes no sería lo mismo. Son préstamos que se adoptaron tan pronto y con tanto éxito que no sabemos mencionar las realidades a las que se refieren sin usarlos. Y son tan nuestros, de todos los hispanohablantes, sea cual fuere nuestro lugar de origen o residencia, que hace siglos que no los sentimos como préstamos indígenas y que incluso nos sorprende su origen caribeño. El uso de muchas de estas palabras, cuyo origen indígena antillano registra el Diccionario de la lengua española, no está restringido a un país o a un área concreta de habla española.

Se me ocurre empezar por una palabra muy nuestra. El sustantivo cacique pasó de designar al jefe de una población indígena, que era su significado en lengua caribe, y el primero que tuvo en la lengua española cuando se adoptó, a designar a cualquier persona que ejerce un poder abusivo en un grupo o comunidad. De un origen local a un uso general, es sin duda un indigenismo que sigue resultando muy útil, por desgracia, para todos los que hablamos español.

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