Periodismo e irrealidad

$!Periodismo e irrealidad

Entre las novedades que ha atraído la posmodernidad, se encuentran las formas de comunicar y de informarse a través de las redes sociales, que han causado un gran impacto en las sociedades y en los medios de comunicación, llamados a profundizar y a contrastar las noticias, para ofrecer a los lectores varias perspectivas y apuntalar la veracidad de los contenidos.

Donald Trump, el presidente norteamericano, descubrió temprano que podía alborotar el avispero a golpe de unos cuantos caracteres, sobre porque proyecta su exclusivo y particular punto de vista y no se ve obligado a dar mayores explicaciones sobre sus versiones, con las que consigue mantener en vilo a millones de personas en la “aldea global” de McLughan, un auténtico profeta de la época digital.

En diversas latitudes y escenarios, otros funcionarios han descubierto que pueden decir lo que les parece y conviene en un momento determinado y que ningún periodista irá a tocarle la puerta para preguntarles causas y consecuencias acerca de las medidas anunciadas o de sus pronunciamientos. “Lo diré en un tuit”, responden algunos funcionarios, políticos y generadores de opinión pública cuando se le inquiere alguna opinión y ahí desfallece el intento de indagatoria, pues nadie desciende al terreno de los hechos para comprobar si el empresario supuestamente detenido por la fiscalía, lo cual ha sido anunciado en un tuit oficial, verdaderamente está tras las rejas, o si en verdad el presidente tomó la medida divulgada por las redes. Si se dijo en un tuit se entiende que es real, pero en muchos casos es una manifestación de la irrealidad.

Mientras los medios de la comunicación y la población aprender a discriminar contenidos de la riada de mensajes difundidos segundo a segundo por la red, tuits de determinados influyentes siguen obteniendo primeras planas y divulgaciones en posiciones importantes en la web, sin que se pueda profundizar en el sucinto “discurso” del emisor. Una nueva forma de comunicación en la que se dice poco y una manera de empobrecer el periodismo que a estas alturas tendría que empeñarse en la profundización de las noticias y en la exploración de las distintas perspectivas con las que deben enfocarse los hechos.

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