×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
revista

Bondad de la maleza y utilidad de las alimañas

"Capital es capital y lo demás, monte y culebra", reza la frase popular que define nuestra actitud hacia las provincias

Expandir imagen
Bondad de la maleza y utilidad de las alimañas
Clotilde, al acecho de los insectos. Se trata de una rana endémica de La Española.
Santo Domingo . "Capital es capital y lo demás monte y culebra", esta expresión popular, en la que se exaltan las condiciones de vida en Santo Domingo con respecto a las limitaciones de las provincias y la zona rural, también refleja la actitud de los dominicanos hacia la naturaleza autóctona. Ya hablé en otro artículo (10-12-05) de la carga negativa que tiene la palabra "monte", con la que los campesinos designan despectivamente al verdadero bosque natural.

La palabra "culebra" representa en este dicho popular a todos los animales silvestres (sobre todo reptiles, anfibios e invertebrados), vistos como "alimañas" por la gente; animales que en el mejor de los casos no sirven para nada y, en el peor, son dañinos y hasta peligrosos. En definitiva, "monte y culebra" reflejan nuestra percepción de la cacareada "biodiversidad", cuya importancia económica y científica es tan grande, que existe una estrategia mundial para su conservación.

Con frecuencia la gente se pregunta, ¿Para qué hizo Dios las arañas, los alacranes y las moscas? Dejando a un lado las discusiones filosóficas, creo que podemos analizar la pregunta en términos de la función que cumple cada organismo en su ecosistema. La mayor dificultad surge del hecho de que los daños que causa un ser vivo son obvios y se sienten de inmediato, mientras que sus efectos beneficiosos son más discretos y sólo se perciben a mediano o largo plazo. Por ejemplo, cuando una avispa me pica, el dolor y la hinchazón son instantáneos. Sin embargo, cuando esa misma avispa elimina una mosca, poliniza una flor o sus larvas eliminan las larvas de un insecto dañino para la agricultura, de ello sólo se enteran los especialistas. Cuando los pájaros carpinteros pican una naranja o una mazorca de cacao todos lo notan, pero cuando devoran miles de los insectos que amenazan la existencia misma de nuestros bosques, nadie se entera. Otro ejemplo: en nuestros ríos y arroyos existe una gran variedad de peces de agua dulce, la mayoría endémicos de la isla, que no parecen servir para nada, ya que no se comen ni tienen colores llamativos. Sin embargo, además de que su estudio es importante para determinar la distribución zoogeográfica de las Antillas, son controles naturales de los mosquitos, cuyos huevos y larvas devoran en el agua. Las ranas y los sapos (macos), cuyas larvas también viven en el agua en su primera fase, cumplen una función similar.

Mis amigos no entienden por qué en sus casas, que se fumigan cada 15 días, hay más moscas que en la mía, donde no se fumiga nunca ni se recogen las hojas del suelo. No es fácil descubrir las causas de esta diferencia debido a las muchas variables que intervienen. Pienso, sin embargo, que como no fumigo ni recojo las hojas nunca, en mi jardín vive una gran variedad de animales que controlan las moscas. Las hormigas, por ejemplo, eliminan la materia orgánica podrida que es donde se desarrollan sus larvas. Las moscas figuran también en el menú de lagartos, pájaros, avispas y arañas.

Clotilde, una ranita endémica que se ha instalado en mi cocina, pasa toda la noche cazando cucarachas y otros insectos. Como no ensucia ni molesta y elimina plagas, la considero un huésped distinguido. Sé que esto suena extraño porque a los sapos se les considera repulsivos por ser fríos, húmedos y feos. No creo que sólo tengan derecho a la vida aquellos animales que nos parecen hermosos. La aplicación de criterios similares a nuestras poblaciones humanas conduciría inexorablemente al holocausto. Continuará.

destra@tricom.net