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Cómo vivir la maternidad sin culpas

La culpa parental es ese sentimiento en el mismo centro de nuestro corazón o en la boca del estómago, muy desagradable, por cierto, atado a la narrativa de que no estamos haciendo lo suficiente como padres

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Cómo vivir la maternidad sin culpas
Usa tu intuición para saber qué es lo mejor para tus hijos. (SHUTTERSTOCK)

Hace seis años, luego de un divorcio extenso y muy mal llevado, me senté con mi hija que en ese entonces tenía quince años y le dije:

“Hija mía, quiero pedirte perdón por haberte causado traumas a causa de alguna de mis decisiones. Solo puedo decirte que estaré siempre aquí para ti. También quiero que sepas que puedes tomar tus propias elecciones y ojalá que mi comportamiento no sea una excusa para que no seas feliz. Lo siento, pero entiendo que hice lo que pude con las herramientas que tenía en ese momento. Cuando lo sientas necesario, te aconsejo que te dejes acompañar por un profesional, ya sea un coach o un psicólogo.”

A pesar de la cara de preocupación y sorpresa de mi hija adolescente, para mí fue un momento liberador, porque decidí deshacerme de la culpa.

La culpa parental es ese sentimiento en el mismo centro de nuestro corazón o en la boca del estómago, muy desagradable, por cierto, atado a la narrativa de que no estamos haciendo lo suficiente como padres. Es esa vocecita constante y sonante que te susurra: “deberías estar haciendo o diciendo...”, “no deberías estar haciendo o diciendo...”, “otras mamás están haciendo o diciendo” y tiene su origen en nuestras programaciones y creencias, presión familiar, inseguridad personal, y por supuesto, compararnos con otras madres en las redes sociales. Esta culpa maternal puede ser incrementada, si trabajamos fuera de casa con la idea de que no les estamos dedicando tiempo suficiente a nuestros hijos.

Desde el punto de vista del Mindfulness, la culpa es uno de los principales pensamientos negativos que nacen, crecen y se reproducen en nuestra mente. Esa charla interna repitiéndonos que no somos suficientes, de que hicimos mal, de no perdonarnos cuando fallamos, puede ocasionar grandes daños a nuestra salud mental. E, increíblemente, puede convertirnos en esos horribles padres que pensamos que somos, pero que en realidad ¡No somos!

Machacarnos constantemente por alcanzar un ideal que no existe como madre puede hacer que nos sintamos inadecuadas, tristes, avergonzadas, por un largo período de tiempo, incluso luego que los hijos ya se han marchado de casa. Y si tenemos la mala suerte, de tener hijos adultos que nos estén recordando constantemente nuestros supuestos errores, tu felicidad, en el momento que podría ser el más pleno de tu vida, puede verse irremediablemente afectado.

¿Cómo puedes navegar a través de estas emociones conflictivas provocadas por la culpa?

Lo primero es reconocer que tienes esas emociones incómodas a causa de la culpa. Lo segundo, es no tratar de complacer a tus hijos al punto de que les estés haciendo más daño y tercero, es dejar de compararte. Todas somos madres diferentes y está bien no educarlos a través de estándares creados por otras con otras circunstancias. Todas tenemos realidades distintas y nuestra crianza debe adaptarse a esta realidad.

¿Debo sentir culpa de que mi hija no tenga actividades vespertinas? No. Si siento que el colegio es suficiente y quiero que tenga cierta libertad en las tardes para no aprender nada o simplemente para aburrirse, al menos que ella me lo pida, no la atosigaré con una agenda apretada en su niñez.

Otras maneras de liberarnos de la culpa maternal, para que empieces a vivir ese rol tan especial con una nueva forma de pensar, sin importar la edad de tus hijos, son:

  • Cuando sientas culpa, lleva un récord anotando los momentos en que sucede, para que llegues a la raíz del sentimiento y de cuál es el detonante que la causa.
  • Si alguien cercano a ti hace algún comentario sobre tu estilo de crianza, mantente firme en tu decisión de hacerlo a tu manera.
  • Usa tu intuición para saber qué es lo mejor para tus hijos.
  • No seas esa madre que hace comentarios a otras madres sobre su estilo de crianza. Respeta que existan distintas opiniones y maneras de hacer las cosas. Revisa el tono en tus redes sociales para reflexionar sobre si estas defendiendo un estilo de crianza al punto de hacer sentir mal a otras madres.
  • Al tomar decisiones importantes, rodéate de mamás que piensen igual que tú.
  • Ama a tus hijos como son y celebra su individualidad. Así como no debes compararte como mamá, tampoco debes comparar a tus hijos, ni con sus hermanos, ni con sus familiares, ni con sus compañeros, ni con nadie más.

Actualmente, mi hija mayor está haciendo terapia con una joven psicóloga que le recomendé. Esto me hace muy feliz y me siento muy orgullosa de su decisión. Espero que aprenda que vivir sin culpas y vivir sin miedos es lo mejor que le puede pasar como mujer y, si algún día decide serlo, también como mamá.

Los abrazo en atención plena, ¡feliz mes de las madres!

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Es mentora de mindfulness de líderes y emprendedores.