Los sesgos cognitivos: cómo funciona la mente
Nuestros cerebros filtran la realidad a través de atajos mentales que determinan cómo interpretamos el mundo

Cada cabeza es un mundo. Por eso, cada quien interpreta una misma cosa de manera distinta dependiendo de su trasfondo, su crianza, su personalidad y sus traumas. Todos estos se unen como piezas de rompecabezas para crear nuestras percepciones individuales del mundo.
Nuestros cerebros son computadoras y, como tal, tienen capacidades limitadas y pueden sobrecargarse. Para evitar la saturación, estos toman información de circunstancias pasadas y las aplican al presente, para sacar conclusiones de manera más rápida. De estos atajos, nace el error.
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El origen
El trabajo investigativo y de observación de los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky los condujo a identificar que los juicios intuitivos y la toma de decisiones de las personas suelen ser sistemáticas y predecibles, a pesar de oponerse a la racionalidad.
De acuerdo con sus fundadores, un sesgo cognitivo es un error sistemático en el pensamiento que ocurre cuando las personas procesan e interpretan información de sus alrededores, influenciando sus decisiones y juicios. Por ende, un sesgo cognitivo describe "atajos" aplicados de manera subconsciente a nuevos escenarios, para simplificar la toma de decisiones.
Recaemos sobre los sesgos cognitivos por distintas razones:
- La capacidad limitada para procesar información
- La heurística o los "atajos mentales"
- La influencia social Las emociones
Por su parte, los doctores Richburg, Dossett y Hughes realizaron un estudio sobre las consecuencias de los sesgos cognitivos aplicados de manera subconsciente durante una cirugía.
Concluyeron que la introducción involuntaria de estos "atajos" podría resultar en daño significativo, por lo que el debiasing, o la remoción de sesgos, insta a los profesionales a ralentizar deliberadamente la toma de decisiones para reducir los efectos del sesgo cognitivo.
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Los sesgos cognitivos más comunes
Si bien es cierto que el conocimiento no lo es todo, es, junto con el reconocimiento, el paso más importante para poder accionar. El mejor antídoto contra los sesgos cognitivos es reconocer que los tenemos. Y la mejor forma de retarnos a enfrentarlos uno a uno es conocer sus nombres, para poder identificarlos cuando los veamos en acción.
- Falacia del costo hundido: decidimos mantenernos en circunstancias y relaciones que deben terminar, solamente para no perder la inversión realizada.
- Sesgo de confirmación: la tendencia de buscar información que confirma nuestras percepciones.
- Efecto de encuadre: para los fanáticos del cine y la comunicación, este no será una novedad; tendemos a sacar conclusiones totalmente diferentes dependiendo del enfoque que se otorgue a una información en particular.
- Efecto Spotlight: sobreestimamos la atención que los demás nos prestan.
- Efecto Dunning-Kruger: quienes más saben, creen que no saben suficiente, mientras que los ignorantes creen que saben todo.
- Sesgo de creencia: juzgamos la validez de un argumento dependiendo de cuán plausible sea en nuestras mentes.
- Sesgo del status quo: valoramos más las cosas estables, mientras que desconfiamos del cambio.
- Cascada de disponibilidad: una creencia colectiva gana cada vez más credibilidad a través de la repetición.
- Declinismo o retrospección idílica: vemos el pasado como favorable, y creemos que, en el futuro, todo irá en declive.
- Prejuicio del punto ciego: vemos los sesgos de todos los demás, menos los nuestros.
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El punto ciego permea todo, ya que el peligro de todos los sesgos es que no los vemos. Conocerlos nos ayudará a identificarlos y cuestionarlos, para que no permitamos que nuestros juicios inmediatos nos limiten al momento de abordar nuevas circunstancias e interacciones con los demás.


Laura Yépez