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Espiritualidad
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Creer sin permiso: espiritualidad para mujeres cansadas de obedecer

La espiritualidad no te pide que repitas lo que otro cree, sino que te atrevas a buscar lo que tú sientes; no te pide obedecer sin pensar, sino razonar, cuestionar y observar

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Creer sin permiso: espiritualidad para mujeres cansadas de obedecer
La espiritualidad no pertenece a ninguna institución, vive en nosotros. (SHUTTERSTOCK)

Durante muchos años confundí espiritualidad con religión, no por ignorancia sino porque así nos lo enseñaron: un banco, un ritual, un horario y alguien adelante diciéndonos cómo creer.

Hasta que un día entendí algo que me cambió la vida: la espiritualidad no pertenece a ninguna institución, vive en nosotros.

El doctor Manuel Sans Segarra lo dice de una manera que me parece bellísima en su libro Ego y supraconciencia: la espiritualidad es una y las religiones son muchas.

La espiritualidad no te pide que repitas lo que otro cree, sino que te atrevas a buscar lo que tú sientes; no te pide obedecer sin pensar, sino razonar, cuestionar y observar; no te promete un cielo después de la muerte, sino que te invita a vivir el paraíso aquí y ahora.

Espiritualidad vs. religión

Yo siempre fui una cuestionadora, y sobreviví a eso. Desde niña sentía que había algo más grande que yo, algo misterioso y amoroso, pero también sentía que ese algo no cabía en los moldes que me daban.

Recuerdo estar en el colegio obligada a ir a misa hasta que llegó un compañero catalán que no era católico y dijo, muy serio, que él no tenía por qué asistir a las ceremonias, y lo exigió, y lo consiguió.

Muchos años después ese recuerdo me llevó a concluir que la fe sin libertad es solo costumbre.

Más adelante, en la universidad, tuve la fortuna de ser la alumna de un gran profesor en la materia Historia de las Civilizaciones, el Padre Maza, con quien en las horas de clases le discutía fervorosamente el papel de la Iglesia, el poder, las estructuras y las contradicciones.

Lo cansé tanto que me exoneró el examen final, no sé si por agotamiento o porque en el fondo también él sabía que mis preguntas no eran irreverencia sino búsqueda. Y eso ha sido siempre mi espiritualidad: buscar.

La espiritualidad no vive en los templos, vive en esos momentos raros cuando te quedas en silencio y algo dentro de ti responde, cuando lloras y sientes que no estás sola, cuando agradeces sin saber a quién, cuando te rindes y algo se acomoda.

Sans Segarra lo explica de forma preciosa cuando dice que la espiritualidad es el ser buscando la trascendencia y que nos hace vivir en Dios sin renunciar a nosotros, y eso para mí es clave, porque la espiritualidad no te pide que desaparezcas, no te quita identidad sino que te la devuelve.

Aquí viene la parte retadora e incómoda: dentro de nosotros hay dos voces, una que quiere hacer, tener, controlar y lograr, y otra que quiere confiar, soltar, aceptar y amar; la primera es el ego y la segunda es el espíritu, y yo lo vivo cada día cuando quiero resolverlo todo, apurar los procesos y forzar resultados y ahí está el ego, y cuando me rindo, respiro y confío... ahí está el amor.

Señoras, esa pelea es diaria, y reconocerla ya es un acto de concienciaLa espiritualidad no se ve mística, se ve práctica, se ve cuando dejas de discutir con la vida y empiezas a escucharla, cuando eliges paz en lugar de tener razón. Para mí, la gran exclusión de la religión es la unión.

Si todas se pusieran de acuerdo sin pelear entre ellas y sin gastar tanta energía en demostrar quien tiene la verdad, habría más feligreses.

Paz interior

Opino que la espiritualidad no es irte a una montaña con una mochila y alejarte de todo y de todos, es tener la pericia de no perderte en el ruido.

¡Qué fácil es para los monjes budistas ser tan pacíficos, tan zen! No tienen que salir al mundo a enfrentarse con motoristas desenfrenados, tráficos de horas y comentarios odiosos en redes sociales.

Según Sans Segarra y según mi experiencia, la espiritualidad da paz interior, te permite aprender del error, te conecta con lo divino sin intermediarios, te hace consciente de que la vida no termina aquí y te enseña a encontrar a Dios dentro de ti, y yo agregaría que te vuelve menos reactiva, más compasiva y te ayuda a dejar de pelear con la realidad.

Si quieres practicar una espiritualidad real no necesitas cambiar de religión, ni aprender mantras, ni comprarte una túnica, solo necesitas silencio para escucharte cinco minutos al día sin pantalla ni ruido, honestidad para preguntarte qué estás evitando sentir y rendición para dejar de creer que todo depende de ti.

Eso ya es oración. Yo no sé cómo se llama Dios en tu vida, pero sí sé que cuando dejas de huir de ti, Él aparece, y eso no lo enseña ningún púlpito.

Cómo desarrollar tu espiritualidad

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Infografía
  • Escucha tu cuerpo antes de buscar respuestas afuera.
  • Practica el silencio aunque te incomode.
  • Cuestiona todo lo que te enseñaron sobre Dios, el amor y el miedo.
  • Observa cuándo actúas desde el ego y cuándo desde la calma.
  • Aprende a diferenciar urgencia de intuición.
  • Permítete no tener todas las respuestas.
  • Agradece incluso lo que todavía no entiendes.
  • Deja de pelear con lo que ya es.
  • Reza o medita, pero hazlo desde la honestidad, no desde el deber.
  • Pregúntate qué te acerca a la paz y qué te aleja de ella.
  • Suelta la necesidad de controlarlo todo.
  • Permítete cambiar de opinión, de creencias y de caminos.
  • Trata tu vida como un diálogo con algo más grande que tú.
  • Aprende del error sin castigarte por él.
  • Escucha más de lo que reaccionas.
  • Honra tu proceso, aunque no sea bonito todavía.
  • Vive el presente como si fuera suficiente.
  • Confía en que no estás sola, incluso cuando lo parece.
TEMAS -

Es escritora, mentora de futuras autoras, consultora de bienestar, facilitadora de Mindfulness, y cofundadora del Instituto Dominicano de Mindfulness (INDOMIND). Puedes conectar con ella en redes sociales: @ericarolcarlo