El cáncer de colon es una enfermedad silenciosa que, muchas veces, puede prevenirse
Esta patología compleja es la segunda causa de muerte por cáncer a nivel mundial

A nivel global, el cáncer de colon se consolida como uno de los principales retos de la salud pública, impulsado por cambios sostenidos en los hábitos alimenticios y por el preocupante aumento de casos en adultos jóvenes, especialmente en personas menores de 50 años.
De acuerdo con la doctora Christina Wu, MD, quien cita las estimaciones basadas en datos de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC/OMS), la carga mundial del cáncer colorrectal supera ya los dos millones de nuevos diagnósticos anuales.
En el período más reciente, la cifra se sitúa en un rango aproximado de entre 2.1 y 2.3 millones de casos por año, lo que mantiene a esta enfermedad como el tercer tipo de cáncer más frecuente en el mundo, después del cáncer de mama y el de pulmón.
El cáncer de colon es la segunda causa de muerte por cáncer a nivel mundial, con alrededor de entre 900,000 y un millón de fallecimientos cada año, según estimaciones internacionales sustentadas en datos de la IARC/OMS.
La tasa de supervivencia a cinco años varía de manera significativa en función del estadio al momento del diagnóstico y del acceso oportuno a los sistemas de salud.
En países con sistemas sanitarios desarrollados, la supervivencia global oscila entre un 65 % y un 68 %. Cuando el cáncer se detecta en una etapa localizada, esta puede superar el 90 %, mientras que, en fases metastásicas, la supervivencia desciende a menos del 15 %.
En República Dominicana, el cáncer de colon figura entre los tumores más frecuentes. Según datos del Observatorio Global de Cáncer, ocupa el tercer lugar en incidencia, después del cáncer de próstata y el de mama, con un estimado de unos 1,800 casos nuevos cada año.
Entre los factores que influyen de manera determinante en el desarrollo de esta patología compleja se encuentran tanto los genéticos o hereditarios como aquellos relacionados con la salud personal y el estilo de vida.
La doctora Christina Wu, MD, oncóloga y especialista en cáncer colorrectal del Centro Oncológico Integral de Mayo Clinic en Phoenix, señala que los antecedentes médicos personales, como haber tenido cáncer colorrectal o pólipos en el colon o el recto, incrementan el riesgo.
A esto se suman enfermedades inflamatorias intestinales, como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn, así como condiciones crónicas como la diabetes y la obesidad.
A estos factores se añaden elementos ambientales y de estilo de vida, entre ellos los cambios en la alimentación, con mayor consumo de carnes rojas y alimentos ultraprocesados, la falta de actividad física y el exceso de peso.
Estos hábitos pueden contribuir al desarrollo de la enfermedad, posiblemente al alterar el microbioma intestinal y su función protectora natural.
Síntomas de alerta y hábitos que debemos cambiar

Aunque algunos casos de cáncer de colon pueden cursar de manera silenciosa en sus etapas iniciales, existen síntomas de alerta que no deben pasarse por alto y que requieren evaluación médica inmediata. Reconocerlos a tiempo puede facilitar un diagnóstico precoz y mejorar de forma considerable las probabilidades de éxito del tratamiento.
Entre los principales signos de advertencia se encuentran el sangrado rectal o la presencia de sangre en las heces, cambios persistentes en el hábito intestinal, dolor abdominal continuo, debilidad o fatiga inexplicables y pérdida de peso no intencional.
"Los síntomas persistentes como la pérdida de peso involuntaria, los cambios en los hábitos intestinales, ya sea diarrea, estreñimiento o modificaciones en el tamaño o la cantidad de las deposiciones, y el dolor abdominal deben ser evaluados por su médico", advierte la doctora Wu.
Sobre la importancia del diagnóstico oportuno en la supervivencia y la calidad de vida del paciente, la especialista subraya que la detección en etapas tempranas permite tratamientos menos agresivos y más efectivos, lo que incrementa de manera significativa las probabilidades de éxito.
"Los pacientes con tumores localizados pueden alcanzar tasas de supervivencia a cinco años superiores al 90 %, mientras que en etapas avanzadas estas cifras disminuyen notablemente", agrega.
Un estilo de vida orientado al bienestar integral constituye una de las bases fundamentales de la prevención. La doctora Wu recomienda mantener una dieta rica en frutas, verduras, granos enteros y fibra, así como limitar el consumo de carnes rojas y procesadas.
"La actividad física regular contribuye a mantener un peso saludable y reduce el riesgo de desarrollar tumores colorrectales", indica.
Asimismo, enfatiza la importancia de evitar el tabaquismo y moderar el consumo de alcohol, "ya que ambos factores aumentan la probabilidad de desarrollar la enfermedad".
Las pruebas para la detección
Las personas con un familiar de primer grado, padres, hermano o hijo, diagnosticado con cáncer colorrectal se consideran de mayor riesgo.
En estos casos, la detección debe iniciarse diez años antes de la edad en la que se diagnosticó la enfermedad al familiar afectado, siendo la colonoscopia la prueba recomendada para los individuos con riesgo elevado.
Para las personas con riesgo promedio de cáncer colorrectal, las pruebas de detección deben comenzar a los 45 años e incluyen:
Pruebas de heces, como el test inmunoquímico fecal (FIT), que se realiza una vez al año, o la prueba de ADN fecal FIT, cada tres años.
Sigmoidoscopia flexible o colonoscopia, con una periodicidad de hasta diez años.
Colonografía por tomografía computarizada (CT), recomendada cada cinco años.


Mayra Pérez Castillo