Cuaresma, Carnaval y Patria, una trilogía distante pero unidos forzosamente en la temporada
Existen acuerdos históricos entre el Vaticano y el Estado dominicano que blindan el calendario religioso

El carnaval es la fiesta de la carne, la cuaresma es sacrificio espiritual y ser Patria es la celebración más sublime que puede tener una nación. Cada una es diferente e importante, en la medida de cada quien.
Sin embargo, hay que reconocer que el tema es complejo, razón por la que fue asunto de conversatorio de iluminados al respecto, entre ellos:
- Roldán Mármol, sociólogo, cantautor, investigador y gestor cultural
- Eddy Matos, organizador de carnavales
- Catherine Félix, maestra de Ballet Folklórico Contemporáneo
Ellos fueron moderados por Henry Mercedes, bajo el título "Tradición, fantasía y mercado en el carnaval dominicano".
En este escenario, que fue la Dirección General de Mecenazgo, el conocimiento fue como lluvia sobre los presentes. Se dejaron puntos claros que no deberían ser controversia, cuando todo tiene su espacio y contexto.
República Dominicana es un país constitucionalmente cristiano. He ahí el gran peso que tiene la bula papal de 1264, un documento solemne y oficial emitido por la Cancillería Apostólica de la Santa Sede sobre esta nación y que citó Mármol:
El papa Urbano IV emitió la bula que institucionalizó el Corpus Christi y fijó el inicio de la Cuaresma el Miércoles de Ceniza: cuarenta días de abstinencia, de recogimiento y de restricción de la carne.
Desde esa época, que data desde varios siglos antes de existir América, esta conmemoración cristiana se ha visto empañada por el paganismo. La bula daba una gracia de tres días de mascarada y de mundo al revés; dejando así introducir el carnaval en el calendario cristiano.
De manera que, como indicó el sociólogo, cuando la isla fue colonizada en 1492, llegó también ese calendario católico. Ya en 1520 se registran fiestas de disfraces en la Calle de las Damas, en la Ciudad Colonial.
Desde entonces, la historia dominicana empezó a escribirse con esa doble tinta, la de la devoción y la del desenfreno del ritual, indicó.
Una división que ha sido imposible

Matos destacó durante el conversatorio, que ha habido intentos de mover fechas, de negociar coyunturas, de subordinar el carnaval al rigor litúrgico. La Iglesia católica presionó en distintos momentos.
En ese entonces, Mármol recordó que existen acuerdos históricos entre el Vaticano y el Estado dominicano que blindan el calendario religioso.
Pese a esto, el carnaval continúa celebrándose desde el último fin de semana de enero y puede extenderse hasta mayo, cuando en Navarrete arde el Judas, puntualizó el organizador de carnavales.
No es algo exclusivo de nuestro territorio, los conocedores de este complejo tema afirmaron que antes del mencionado documento papal, ya existían las fiestas bacanales y saturnales, que son celebraciones consideradas de la carne, del deseo, de la pasión desbordada.
Eran tiempos de suspensión del orden, de freno levantado en la comida, en la danza y en la sexualidad, elementos que en cierta medida aún permanecen.
La libertad que camina entre lo santo y lo vano
La Independencia Nacional no fue cosa de uno o dos días, el proceso cursó su trayecto y el 27 de febrero de 1844, se logró la soberanía contra las fuerzas haitianas que dominaron a los dominicanos durante 22 años, bajo el gobierno del presidente haitiano Jean-Pierre Boyer.
´Diosidencia´ o suerte, coincide con estas dos celebraciones divorciadas y controversiales. La gran batalla se libró en plena temporada de cuaresma y carnaval. Una patria que surge ¿entre Dios y el Diablo?
La Restauración de 1865 también se celebró con comparsas. Ni la intervención estadounidense de 1916, ni la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, ni siquiera la convulsión de 1965 lograron apagarlo. Apenas el Covid-19 lo detuvo momentáneamente, afirmaron.
Separar carnaval, patria y cuaresma en este territorio es casi imposible.
Globalización y fuerza cultural
Vivimos en tiempos de globalización e inteligencia artificial. No se trata de negarlas, sino de dialogar con ellas. El carnaval dominicano ha incorporado influencias del carnaval veneciano, de estéticas orientales, de nuevas tecnologías escénicas. Comparsas como las de Alibabá han expandido su universo simbólico, aseguró Roldán Mármol.
El reto no es cerrarse. El reto es no perder el eje, agregó.
Mayra Pérez Castillo