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Cómo alimentarse mejor durante el tratamiento contra el cáncer

Ajustes simples en la alimentación pueden ayudar a sobrellevar los efectos

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Cómo alimentarse mejor durante el tratamiento contra el cáncer
No se trata de alcanzar una dieta perfecta, sino de encontrar formas realistas de nutrirse. (FUENTE EXTERNA)

Atravesar un tratamiento contra el cáncer implica mucho más que enfrentar la enfermedad. El cuerpo cambia, los ritmos se alteran y algo tan cotidiano como comer puede convertirse en todo un reto.

Náuseas, pérdida del apetito, cambios en el gusto o en el olfato, e incluso molestias digestivas forman parte de una experiencia que exige adaptación, paciencia y, sobre todo, acompañamiento.

Sin embargo, dentro de este escenario complejo, la alimentación sigue siendo una aliada clave. No se trata de alcanzar una dieta perfecta, sino de encontrar formas realistas de nutrirse. Así lo explica Grace Fjeldberg, especialista del Mayo Clinic, quien propone estrategias prácticas para sobrellevar los efectos secundarios sin perder de vista el bienestar.

El equilibrio del peso

Durante el tratamiento, el peso puede fluctuar. Algunas personas pierden masa muscular y energía; otras experimentan aumentos que pueden afectar su salud a largo plazo.

En este contexto, el objetivo no es la perfección, sino la estabilidad. Mantener el peso, aunque no esté dentro de los estándares habituales, puede ayudar a sostener la resistencia física y la calidad de vida.

Cuando el apetito cambia

El hambre deja de ser predecible. Puede desaparecer o intensificarse, a veces en función del estado emocional. La clave está en adaptarse: pequeñas porciones, pero densas en nutrientes, como yogur, frutos secos o aguacate, pueden marcar la diferencia cuando el apetito es bajo.

Si, en cambio, el impulso de comer aparece ligado al estrés, conviene optar por alternativas más ligeras (frutas, vegetales, palomitas de maíz) y buscar otras vías de alivio, como caminar o conversar con alguien cercano.

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Infografía

Náuseas: comer poco, pero constante

Las náuseas son uno de los efectos más comunes y desafiantes. Aquí, menos es más: varias comidas pequeñas al día, alimentos suaves (como sopas, arroz o tostadas) y una hidratación constante en sorbos pequeños pueden ayudar a estabilizar el estómago. Incluso cuando no hay hambre, evitar el estómago vacío puede reducir la sensación de malestar.

Uno de los cambios más desconcertantes es la alteración del gusto. Lo que antes era placentero puede volverse insípido o adquirir un sabor metálico. En este terreno, la creatividad es clave: intensificar sabores con limón o especias, probar nuevas combinaciones o cambiar la fuente de proteínas puede abrir puertas inesperadas.

También pequeños gestos (como usar utensilios de plástico o bambú) pueden hacer más llevadera la experiencia.

El desafío de los olores

El olfato, estrechamente ligado al apetito, también puede volverse más sensible. Cocinar con métodos que reduzcan los aromas, consumir alimentos fríos o ventilar bien los espacios son ajustes sencillos que ayudan a disminuir el rechazo.

Cuando aparecen molestias en la boca o dificultad para tragar, la textura importa tanto como el sabor. Alimentos suaves, fríos o en puré pueden ser más fáciles de tolerar. Evitar lo ácido, picante o crujiente también contribuye a reducir la incomodidad.

El sistema digestivo también habla

La diarrea o el estreñimiento son frecuentes y requieren ajustes distintos. En el primer caso, conviene optar por comidas suaves, evitar irritantes y reforzar la hidratación. En el segundo, el movimiento, la fibra y una buena ingesta de líquidos ayudan a restablecer el ritmo natural del cuerpo.

Pero más allá de cualquier recomendación, cada experiencia es única. Por eso, el acompañamiento del equipo médico y nutricional resulta fundamental. Ellos pueden orientar, ajustar y, sobre todo, ofrecer tranquilidad en medio de la incertidumbre.

En última instancia, alimentarse durante el tratamiento no es solo una necesidad fisiológica: es una forma de cuidado. Un acto cotidiano que, adaptado con sensibilidad, puede convertirse en una herramienta para sostener la energía, el ánimo y la conexión con uno mismo.

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