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Doña Filomena Familia: la madre que sostuvo su hogar en medio de la adversidad

A sus 81 años, recuerda cada etapa de su vida: desde una infancia marcada por las carencias hasta los años en que tuvo que sacar adelante sola a sus hijos tras enviudar joven y, más adelante, enfrentar la pérdida de uno de ellos

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Doña Filomena Familia: la madre que sostuvo su hogar en medio de la adversidad
Doña Filomena Familia posa en su casa, donde atesora los reconocimientos que ha recibido su hijo Pochy Familia a lo largo de su carrera artística. (DIARIO LIBRE/SAMIL MATEO DOMINICI)

Detrás de muchos hijos exitosos hay madres que enfrentaron dificultades que pocas veces se conocen. Ese es el caso de Filomena Familia, madre de cuatro profesionales, entre ellos el merenguero Pochy Familia, quien durante décadas construyó, desde el esfuerzo y la disciplina, el camino de sus hijos.

A sus 81 años, doña Filomena recuerda cada etapa de su vidaDesde una infancia marcada por las carencias hasta los años en que tuvo que sacar adelante sola a sus hijos tras enviudar joven y, más adelante, enfrentar la pérdida de uno de ellos, su historia ha estado atravesada por la fortaleza y la perseverancia.

Sus inicios

"Mi infancia no fue muy buena porque nací enferma, antes de tiempo. Me criaron con té y agua de azúcar, como se podía en ese tiempo. Incluso tuvieron que bautizarme a los 12 días porque no creían que fuera a sobrevivir", recuerda.

Nació en medio de la precariedad en el municipio Padre Las Casas, provincia Azua. Con el tiempo, gracias al trabajo agrícola de su padre, la situación económica de la familia comenzó a mejorar, aunque las dificultades nunca desaparecieron del todo.

La escuela llegó tarde a su vida. Durante la dictadura de Trujillo era obligatorio que los niños asistieran desde pequeños, pero muchos se escondían para no ir. Ella también lo hizo, hasta que un día decidió cambiar el rumbo de su historia.

"Me aferré a la correa de mi papá mientras él trabajaba y llegaron los maestros buscando a los niños que no estaban inscritos. Así entré a la escuela", cuenta entre risas.

A los 14 años ya había terminado el octavo grado, el nivel más alto disponible entonces en su comunidad. Pero la alegría duró poco.

Mientras sus amigas eran enviadas a otros pueblos para continuar el bachillerato, ella tuvo que quedarse. "Eso me dolió muchísimo", admite.

Recuerda que caminaba largas distancias para asistir a cursos de primeros auxilios, bordado, enfermería y manualidades impartidos los sábados por una profesora del pueblo.

Años después conoció al hombre que sería el padre de sus hijos: Alfonso Vásquez, un técnico que trabajaba en la Corporación Dominicana de Electricidad. Él era mayor que ella y representaba la posibilidad de una vida diferente.

Por la naturaleza de su trabajo vivieron en distintos pueblos del país. Entre mudanzas, embarazos y responsabilidades, Filomena criaba no solo a sus propios hijos, sino también a tres hijos de su pareja.

La estabilidad llegó cuando él consiguió un puesto fijo en la capital. Se instalaron en una pequeña casa en Cristo Rey, en el Distrito Nacional.

Y fue justamente allí donde apareció una oportunidad para seguirse superando. Detrás de su casa abrió una extensión de un colegio y necesitaban con urgencia una persona que impartiera clases mientras terminaban la construcción del plantel. El requisito mínimo era haber cursado octavo grado.

"Yo dije: ´esa soy yo´", recuerda. Siempre había soñado con estudiar medicina, especialmente pediatría. Pero las circunstancias la llevaron por otro camino: la enseñanza.

Años más tarde, ya con tres hijos y embarazada, tomó una decisión poco común para muchas mujeres de su época: retomar sus estudios y empezar el bachillerato a los 26 años.

"Mientras cogía clases tenía que salir a vomitar en un tanque porque estaba embarazada de mi última hija. Y algunos muchachos me ponían brochures de pastillas sobre la butaca, como insinuando que debía dejar de estudiar. Pero yo nunca pensé en retirarme".

No se retiró. Terminó el bachillerato en apenas dos años y luego ingresó a la universidad, donde obtuvo una licenciatura en Letras y Filosofía.

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Infografía
Doña Filomena junto a su hijoAlfonso Vásquez Familia (Pochy Familia). (DIARIO LIBRE/SAMIL MATEO DOMINICI)

Su determinación por la educación también marcó la crianza de sus hijos. Pochy, por ejemplo, ya sabía leer a los cuatro años.

"Yo estudié para que ellos tuvieran oportunidades", afirma. Y como si no fuera suficiente, durante décadas abrió las puertas de su casa a sobrinos, nietos, adolescentes y jóvenes que necesitaban apoyo. "He criado más de cuarenta muchachos", asegura.

La muerte de su esposo

Su esposo, quien había sido un compañero incondicional durante sus años universitarios, al punto de pagarle taxis para que pudiera estudiar de noche, murió repentinamente de un infarto.

La menor de sus hijas tenía apenas cuatro años. "A mí me faltaba un año para terminar la universidad y me quedé sola con muchos muchachos y muy pocos recursos".

Pero tampoco esa situación la detuvo. Con un salario de 30 pesos como maestra, continuó sacando adelante a su familia.

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Infografía
En su casa, doña Filomena conserva fotografías de sus hijos, nietos y bisnietos, un archivo íntimo de su historia familiar. (DIARIO LIBRE/SAMIL MATEO DOMINICI)

Perder a un hijo

Y cuando parecía que ya había enfrentado suficiente dolor, la vida volvió a golpearla de la manera más devastadora posible. Su hijo Evel Augusto murió de cáncer de páncreas a los 21 años.

"Él murió creyendo que iba a sanar", dice entre lágrimas. Pasaron meses entre hospitales, tratamientos y viajes a Nueva York buscando alternativas. Hasta el final, Evel mantuvo la esperanza.

"Ese último día estaba feliz porque pensaba que le iban a poner alimentación por vena y que eso lo ayudaría a recuperarse. Esa misma madrugada murió en mis brazos".

Hace una pausa antes de continuar. "La muerte de un hijo nunca se supera. Se aprende a vivir con ella".

Sin embargo, incluso en medio del duelo, encontró la manera de reconstruirse. Hizo cursos de psicología, buscó herramientas emocionales y siguió adelante por sus hijos y por ella misma.

Un libro sobre su historia

Actualmente, Filomena Familia trabaja en un libro sobre su vida. "No me arrepiento de los momentos difíciles. Todo lo negativo lo convertí en fuerza".

Y quizá esa sea la verdadera herencia que dejó en sus hijos: no solo la disciplina o el amor por el trabajo, sino también la capacidad de levantarse a pesar de los retos. 

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Periodista de Revista. Le apasiona escribir sobre salud mental y relaciones de pareja. De no ser periodista, sería psicóloga con un blog.