Saber nadar no te salva de todo: siete decisiones que pueden evitar un ahogamiento
Recomiendan no nadar solos y no alejarse demasiado de la orilla

Saber nadar ayuda, pero no convierte a nadie en invencible dentro del agua. Esa es la advertencia principal de un artículo publicado en The Conversation por Juan-Antonio Moreno-Murcia, catedrático de la Universidad Miguel Hernández, e Ismael Sanz Arribas, profesor del Departamento de Educación Física, Deporte y Motricidad Humana de la Universidad Autónoma de Madrid.
Los autores explican que muchos ahogamientos no ocurren porque la persona no sepa nadar, sino porque calcula mal el riesgo, se confía demasiado o toma una mala decisión en el momento equivocado.
Una piscina, una playa, un río o un embalse no son lo mismo. Por eso, los especialistas insisten en que la seguridad acuática no debe depender solo de aprender brazadas, sino también de aprender a reconocer riesgos, controlar emociones y saber cuándo no entrar al agua.

Estas siete decisiones pueden marcar la diferencia:
1. No creas que saber nadar te hace inmune
El error más común es pensar: "Yo sé nadar, no me va a pasar nada". Pero una corriente, un oleaje fuerte, un cambio brusco de profundidad, un mareo o una pérdida de fuerza pueden superar incluso a una persona con experiencia.
La recomendación es no nadar solo, no alejarse demasiado de la orilla y usar chaleco salvavidas o material de flotación cuando se practiquen deportes acuáticos.
2. Mira el agua antes de meterte
Que el agua parezca tranquila no significa que sea segura. Antes de entrar, hay que observar el entorno: la profundidad, la corriente, el fondo, el oleaje, el clima y la posibilidad real de salir sin ayuda.
3. Respeta las banderas, señales y advertencias
Las banderas en la playa, los letreros de peligro y las indicaciones de los socorristas no están para molestar. Están para evitar tragedias.
Ignorar una bandera roja, bañarse en zonas prohibidas o entrar en áreas sin vigilancia puede convertir un momento de recreo en una emergencia.
4. No te lances a rescatar si no estás preparado
Cuando alguien se está ahogando, el impulso natural es tirarse al agua. Pero eso puede terminar con dos víctimas en lugar de una.
Los autores recomiendan llamar al personal de rescate. Si no hay socorristas cerca, lo correcto es ayudar desde fuera del agua, lanzando o acercando algún objeto que flote o que la persona pueda agarrar, como una cuerda, una rama, un flotador o una neverita.
Rescatar en el agua es una maniobra peligrosa. Deben hacerla profesionales.
5. Vigila de verdad a niños, adultos mayores y personas con discapacidad
Los ahogamientos pueden ocurrir en silencio y en segundos. No siempre hay gritos, chapoteos ni señales dramáticas.
Por eso, los menores, adultos mayores y personas con discapacidad necesitan supervisión constante. Especialmente en piscinas familiares, durante comidas, reuniones o momentos de siesta, cuando los adultos suelen distraerse.
En piscinas también hay que prevenir atrapamientos en sumideros. Los especialistas recomiendan rejillas antiatrapamiento y acceso rápido al apagado de la depuradora.
6. No aceptes retos absurdos por presión del grupo
Muchos accidentes comienzan como una broma: cruzar más lejos, tirarse desde una roca, aguantar más debajo del agua o entrar donde otros no se atreven.
La presión del grupo puede empujar a una persona a hacer algo que sabe que no debe hacer. Decir "no" puede parecer incómodo, pero puede salvar la vida.
7. No entres al agua si bebiste alcohol o consumiste sustancias
Alcohol, drogas y ciertos medicamentos alteran la percepción, reducen los reflejos y afectan la capacidad de reaccionar ante una emergencia.
En el agua, una mala decisión puede no dar tiempo a corregirse. Por eso, la recomendación es si bebiste o consumiste sustancias, no entres.
La lección de fondo
The Conversation plantea que la prevención del ahogamiento debe empezar mucho antes de entrar al agua. No basta con enseñar a nadar; también hay que enseñar a respetar el agua.
Eso es lo que los autores llaman alfabetización acuática: una educación preventiva para que niños, jóvenes y adultos aprendan a disfrutar del agua sin subestimar sus peligros.
- Saber nadar puede ayudarte a sobrevivir, pero saber cuándo no entrar, cuándo salir y cuándo pedir ayuda puede salvarte la vida.


