Sueño, alimentación y vínculos afectivos, los tres pilares de la salud neurológica infantil
La doctora Gracilina Cedeño, neuropediatra, detalla los factores que resultan determinantes para asegurar una maduración cerebral óptima en la primera infancia

El cerebro de un niño se desarrolla a pasos agigantados durante sus primeros años de vida, afirma la doctora Gracilina Cedeño, neuropediatra, quien detalla los factores que resultan determinantes para asegurar una maduración cerebral óptima en la primera infancia.
Según la especialista, existen cuatro elementos centrales que sostienen el desarrollo cerebral infantil:
- Sueño reparador: es el momento en que el cerebro procesa información, consolida lo aprendido y se limpia de toxinas.
- Alimentación balanceada: aporta de forma constante los nutrientes esenciales para la síntesis de neurotransmisores y la mielinización.
- Estimulación sensorial y social activa: a través del juego al aire libre, la interacción humana y la lectura compartida.
- Protección y ambiente seguro: libre de tóxicos, incluyendo el uso de pantallas en la primera infancia, y de estrés crónico.
La alimentación, materia prima del cerebro
La doctora Cedeño destaca que la nutrición proporciona la materia prima con la que el cerebro construye sus redes neuronales, tomando en cuenta que un cerebro en desarrollo consume una parte considerable de la energía diaria del niño.
Entre los alimentos clave, mencionó los pescados grasos, como sardinas, atún y salmón, ricos en ácidos grasos Omega-3 (DHA/EPA), fundamentales para la memoria, el aprendizaje y la estructura de las membranas celulares neuronales.
También destaca los huevos, una gran fuente de colina y vitaminas del complejo B, esenciales para la función cognitiva y la neurotransmisión.
A esto se suman los vegetales de hoja verde y las frutas frescas, que aportan antioxidantes y ácido fólico que protegen el tejido nervioso, así como las legumbres y los frutos secos,en las cantidades adecuadas según la edad, que constituyen una fuente constante de glucosa de lenta absorción, hierro y zinc para la concentración.
El impacto de los entornos y la higiene del sueño

La neuropediatra advierte que el estrés tóxico derivado de entornos con violencia física, verbal o emocional genera en el niño un estado constante de alerta.
Esto provoca un exceso de cortisol y adrenalina, lo que altera el desarrollo normal de áreas críticas como el hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje, y la corteza prefrontal, encargada de la autorregulación, la atención y el control de impulsos.
A largo plazo, explica, estas alteraciones pueden traducirse en ansiedad, hiperactividad o retraso en el desarrollo socioemocional del menor.
Cedeño explica que el cerebro infantil aprende y se moldea a través de la interacción social directa: el lenguaje verbal, la gesticulación, el juego cara a cara y el contacto afectivo.
En ese sentido, advierte que los ambientes aislados o el reemplazo de la interacción humana por el uso excesivo de pantallas limitan la neuroplasticidad en áreas relacionadas con el lenguaje, la empatía y las habilidades sociales.
En cuanto al sueño, Gracilina Cedeño, dice que durante las fases de sueño profundo se libera la hormona del crecimiento y se consolidan las conexiones neuronales, o sinapsis, señaló la especialista.
Por ello, subraya que un sueño deficiente o fragmentado impacta directamente la atención, la memoria, la conducta y el estado de ánimo del niño, pudiendo incluso simular o agravar síntomas atencionales.
Recomendaciones

Al solicitar algunas sugerencias la neuropediatra, compartió tres recomendaciones básicas dirigidas a padres y cuidadores:
- Fomentar la socialización activa, promoviendo actividades en parques, deportes grupales o tiempo de juego con otros niños de su edad.
- Limitar el uso de pantallas, evitando la exposición antes de los dos años y dosificándola rigurosamente según la edad en etapas posteriores.
- Priorizar el tiempo en familia, a través de juegos de mesa, lectura conjunta y conversación activa durante el día.

Mayra Pérez Castillo