Criar con respeto no significa criar sin límites
En el Día Internacional de la Crianza Respetuosa, vale la pena preguntarnos cómo estamos criando: entre tanta información, poco tiempo y altas expectativas, el reto está en encontrar el equilibrio entre afecto, límites y conexión.

Vivimos rodeados de consejos sobre cómo criar. Redes sociales, especialistas, libros, podcasts y hasta conversaciones en el chat de padres parecen tener una respuesta para cada berrinche, cada etapa y cada decisión. Y, paradójicamente, tanta información puede terminar dejándonos más confundidos que tranquilos.
Vida Gaviria conoce bien ese escenario. Su experiencia como comunicadora y madre dio paso a Modo Mamá, un proyecto que comenzó compartiendo consejos de nutrición infantil y que luego creció hasta convertirse en programas de radio, talleres, charlas, un calendario y, finalmente, su libro Vida en familia.
Como coach familiar, su propuesta parte de una idea sencilla: antes de buscar la crianza perfecta, necesitamos volver a conectarnos con nosotros mismos y con nuestros hijos.
Entre tanta información, escuchar también es una decisión
La generación actual enfrenta un ingrediente que cambió las reglas del juego: la tecnología. Tenemos acceso prácticamente ilimitado a información, pero también menos tiempo de presencia real con los hijos.

Gaviria señala que los adultos hemos concentrado buena parte de nuestra energía en acumular bienes, títulos y logros profesionales, mientras los niños crecen con menos presencia de adultos significativos.
¿El resultado? Padres que quieren hacerlo bien, pero que muchas veces no saben a quién escuchar.
Para Gaviria, la respuesta comienza por bajar el volumen de las voces externas. "Conectar con el instinto y al final quedarte con lo que te dé paz. Esa tiene que ser la prioridad", plantea.
Y quizá ahí esté una de las grandes paradojas de la maternidad actual: cuanto más buscamos respuestas afuera, más podemos alejarnos de lo que sucede dentro de casa.
Límites claros, pero sin convertir la casa en un cuartel

Si hay una confusión frecuente alrededor de la crianza respetuosa es pensar que significa dejar que los niños hagan lo que quieran. Nada más lejos de la propuesta de Gaviria.
"Criar con respeto no es criar sin límites", afirma. Para ella, los límites proporcionan seguridad y deben adaptarse a cada etapa del desarrollo. No se trata de imponer por imponer, sino de establecer reglas comprensibles y consecuencias coherentes.
De hecho, considera que tanto las familias rígidas como las más flexibles tienen algo que enseñar:
- De la crianza autoritaria: la claridad de los límites y la consistencia para cumplirlos.
- De la crianza flexible: la alegría, la capacidad de adaptarse y el respeto por el proyecto de vida de cada hijo.
- Del equilibrio entre ambas: la posibilidad de construir una familia donde haya confianza, serenidad y disfrute.
La clave, entonces, no parece estar en escoger un extremo, sino en encontrar un punto medio.
Menos sermones, más preguntas
Para Gaviria, uno de los grandes cambios consiste en pasar de una crianza centrada en corregir a otra que también busca comprender.
En lugar de apresurarnos a decir "lo hiciste mal", propone detenernos y preguntar: "¿Cómo te sientes con lo que hiciste?". Escuchar qué ocurrió y cómo vivió el niño esa experiencia puede convertirse en una herramienta de prevención y conexión.
La psicóloga y terapeuta familiar Laura Pichardo coincide en que la crianza respetuosa busca construir vínculos funcionales y saludables mediante el respeto, el amor y estrategias que combinen conexión y límites.
Según explica, este enfoque puede favorecer en los hijos la seguridad, la confianza y la autonomía, mientras ayuda a los padres a encontrar un balance entre afectividad y firmeza.
Entre sus posibles beneficios aparecen:
- Una autoestima más sólida.
- Un vínculo emocional estable con los cuidadores.
- Mejores habilidades sociales.
- Mayor capacidad para manejar conflictos de manera saludable.
Una familia también necesita tiempo para divertirse

Hay otro tema que atraviesa la conversación: el tiempo. Las familias tienen agendas llenas y, muchas veces, apenas unos momentos juntos durante el día. Gaviria invita a mirar no solo cuánto tiempo compartimos, sino cómo estamos durante ese tiempo.
Porque estar físicamente presentes mientras respondemos mensajes o pensamos en el trabajo no equivale necesariamente a estar disponibles.
La diversión también cuenta. Gaviria la considera una especie de "amalgama" familiar: cuando el tiempo es escaso, compartir desde el juego y el disfrute puede fortalecer el vínculo tanto como las conversaciones serias.
"Si mamá no está bien, la familia tampoco": por qué el autocuidado no es egoísmo
Cuidar a quien cuida
Y aquí aparece una idea que muchas madres necesitan escuchar: cuidarse no es egoísmo.
Gaviria insiste en que el autocuidado forma parte de las responsabilidades de quien cuida. "Nadie puede dar lo que no tiene", sostiene.
También cuestiona con contundencia la presión por alcanzar una maternidad ideal. Su respuesta a esa exigencia es directa: "¡Horrorosa!, ¡patológica!, ¡desgastante!, ¡enfermiza!". Para ella, la referencia no debería ser la madre de al lado, sino las necesidades reales de cada hijo.
Al final, la crianza respetuosa tiene menos que ver con hacerlo todo perfecto y más con aprender a estar presentes. Escuchar, poner límites, acompañar, divertirse, reconocer nuestros propios errores y cuidar de nosotros mismos.
Porque, como resume Gaviria, una crianza consciente empieza también por una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿cómo quiero sentirme siendo mamá o papá?
