VIDEO | Suicidio y redes sociales: cómo reconocer las señales y acompañar a los jóvenes
A propósito del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, la psicoterapeuta Cinthia Concepción explica el impacto del contenido digital en los jóvenes, las señales que deben observar los padres y la importancia de hablar de salud mental desde temprano
Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de los jóvenes y, con ellas, también circula una cantidad cada vez mayor de contenido relacionado con ansiedad, depresión, suicidio y otras situaciones de salud mental.
Pero entre la posibilidad de encontrar información valiosa y el riesgo de exponerse a mensajes sin fundamento existe una línea que no siempre es fácil de distinguir.
Para la psicoterapeuta de @mentalmenterd, Cinthia Concepción, las redes tienen una doble función. Pueden convertirse en espacios de educación y acompañamiento cuando quienes generan contenido lo hacen desde la ética y el conocimiento científico, pero también pueden facilitar la propagación de información incorrecta.
La ausencia de filtros permite que también se difundan contenidos que no necesariamente responden a criterios científicos.
El algoritmo también influye
Uno de los elementos que Concepción considera fundamentales para entender la exposición de los jóvenes es el algoritmo. Si un adolescente consume repetidamente publicaciones sobre depresión, ansiedad o suicidio, esto no significa necesariamente que esos contenidos hayan provocado su situación emocional.
La especialista plantea que puede existir una vulnerabilidad previa que hace que determinado contenido capte su atención y que el algoritmo, al detectar esa interacción, continúe mostrándole publicaciones similares.
"Sí puede tener un impacto muy significativo, sin embargo, con esto no me refiero a que eso sea, o sea, es algo que pudiera promover en ese joven, pero no es algo que ocasiona necesariamente, sino que tiene que haber como un elemento predisponiente", señala.
Por eso, más que preguntarse únicamente cuánto contenido consume un joven, conviene observar por qué permanece en él, qué encuentra allí y con qué aspectos de esas historias se identifica.
Tener una red de apoyo
Las redes también pueden generar una sensación de pertenencia. Leer comentarios de otras personas que han vivido experiencias similares puede hacer que un adolescente sienta que no está solo. Sin embargo, Concepción establece una diferencia importante entre esa comunidad digital y el acompañamiento emocional fuera de las pantallas.
"A nivel de sensación pueden sentirse técnicamente acompañados, aunque no lo estén del todo", afirma.
La interacción digital no necesariamente sustituye los vínculos familiares, las relaciones cercanas ni el acompañamiento profesional cuando este es necesario.
Ni prohibición absoluta ni sobreexposición
Ante la preocupación de muchos padres por el contenido al que están expuestos sus hijos, la psicoterapeuta considera que establecer límites puede ser saludable, especialmente dependiendo de la edad y del nivel de madurez del joven.
El objetivo, sin embargo, no debería ser aislarlos completamente de temas difíciles. La realidad es que los adolescentes pueden encontrarse con ellos en la escuela, entre amigos o en internet.
"Si ellos deben de tener conocimiento de esto, si es labor de los padres dejarles entender que esto existe porque yo te protejo de las redes, pero no te protejo de que en el curso alguien tenga una situación similar", explica.
Por eso recomienda combinar supervisión, información y diálogo. La conversación sobre salud mental no tiene que surgir únicamente cuando existe una crisis.
¿Cuándo empezar a hablar?
Para Concepción, la pubertad puede ser un momento apropiado para comenzar estas conversaciones. Entre los 13 y 15 años pueden aparecer cambios relacionados con la identidad, la impulsividad, la necesidad de pertenecer y la sensación de aislamiento.
La clave está en adaptar la conversación a lo que el adolescente conoce y necesita saber, sin alarmarlo ni saturarlo de información.
El mensaje, explica, puede ser sencillo: si alguna vez se siente mal, puede hablar con sus padres, con una persona de confianza o buscar ayuda profesional. Lo importante es que sepa que pedir ayuda es una posibilidad antes de encontrarse en una situación límite.
Las señales que los padres no deberían ignorar
Más que buscar una lista rígida de síntomas, Concepción recomienda que los padres conozcan los cambios en el comportamiento habitual de sus hijos. Alteraciones en el sueño, la alimentación, la interacción social o el estado de ánimo pueden ser señales para prestar atención.
También menciona cambios en el discurso, expresiones de desesperanza, frases de despedida, aislamiento repentino, declaraciones inusuales de afecto o regalar pertenencias especialmente apreciadas.
Esto no significa que cualquiera de estas conductas implique necesariamente una intención suicida. La especialista enfatiza que los adolescentes atraviesan etapas de mucha impulsividad y cambios emocionales. Sin embargo, considera que cualquier transformación significativa merece ser explorada, especialmente cuando se combina con otros indicadores.
La calma también es una herramienta
Cuando los padres detectan cambios, la manera de acercarse puede ser tan importante como la preocupación que los lleva a hacerlo. Concepción recomienda evitar minimizar, juzgar o asumir lo que está ocurriendo y, en cambio, preguntar desde lo que se observa.
Un acercamiento podría partir de algo tan sencillo como explicar que se ha notado un cambio y preguntar cómo se siente el joven o si existe algo en lo que se le pueda ayudar.
"Yo creo que importante viene siendo no minimizar, no juzgar, no asumir, preguntar desde lo que se ve, desde lo que se sabe y desde la calma", afirma.
Si el padre siente que no sabe cómo manejar la situación, buscar orientación profesional también puede ser parte del proceso.
Depresión: un abordaje multidisciplinario
Cuando existe un cuadro depresivo, Concepción considera fundamental evaluar los síntomas y determinar si se cumplen los criterios diagnósticos. En situaciones que incluyen ideación o intento suicida, plantea la importancia de activar una red de apoyo y, cuando se trata de un menor, involucrar a sus padres o tutores legales.
También destaca el trabajo conjunto entre psicología y psiquiatría. Mientras el tratamiento psiquiátrico puede abordar aspectos relacionados con el funcionamiento cerebral y la estabilización del estado de ánimo, la psicoterapia permite trabajar los detonantes, antecedentes y circunstancias del entorno.
"El psiquiatra trabaja con el cerebro y yo trabajo con el entorno que lo sostiene", resume.
Para ella, cuando existe un diagnóstico de depresión, el manejo multidisciplinario no debería considerarse opcional.
Ser usuarios más responsables
Los adultos también tienen una responsabilidad en la manera en que circula el contenido sobre salud mental. Compartir detalles innecesarios de un suicidio, por ejemplo, puede contribuir a amplificar una publicación que debería manejarse con mayor cuidado.
Concepción recomienda desarrollar criterio frente a lo que se consume y comparte: filtrar, no seguir contenidos perjudiciales y utilizar las herramientas de reporte cuando sea necesario.
Pero también reconoce las limitaciones de las plataformas digitales. Por eso considera especialmente importante educar a los jóvenes, establecer límites adecuados y mantener abierto el canal de comunicación.
Controlar y preparar
La respuesta, para Concepción, no está en escoger entre controlar a los jóvenes o enseñarles a enfrentar los riesgos. Ambas cosas pueden coexistir.
"De inicio dar información, mantener una comunicación abierta, pero también si es cierto que hay que controlar hasta cierto punto", sostiene.
Y si los padres sienten que no cuentan con las herramientas necesarias para abordar estos temas, pedir orientación no significa haber fallado. Una asesoría profesional, incluso breve, puede ayudarles a encontrar la manera adecuada de iniciar conversaciones que durante generaciones han permanecido en silencio.

Laura Ortiz Güichardo