"Cabaret" para una Liza criolla: Robmariel Olea
Las entradas cuestan 1,250 pesos; Orange descuenta 10%
Santo Domingo. Liza Minelli fue quien le dio vida en la película "Cabaret" (1972) a Sally Bowles. La cinta, que reactivó el mercado de los musicales de teatro y del cine musical, se basa en la novela "Adiós a Berlín", de Christopher Isherwood, y fue dirigida por Bob Fosse. Justo el año de "El Padrino", que ganó dos premios Oscar, "Cabaret" se alzó con siete estatuillas, entre ellas la de mejor actriz, mejor director y mejor actor secundario.
El musical llega por primera vez al país bajo la batuta dorada de Amaury Sánchez, quien tuvo a bien escoger a Robmariel Olea para encarnar el exigente papel de Sally Bowles. Hacía falta alguien que no solamente actuara bien, sino que cantara y bailara: una Liza Minelli dominicana.
Robmariel acaba de asumir, pues, la noche del jueves, la más importante jornada de su vida artística. En su caso habrá que hablar de un antes y un después de "Cabaret". Hay que ver el desdoblamiento que disfruta, teniendo quizá su más alto momento en el cuadro del tema "Mein Herr", que canta –como Minelli- sobre una silla, demostrando tener un diafragma bendecido que le permite asumir notas altas, no importa la posición en que se encuentre.
Buen trabajo el de María Castillo. Otros dos actores brillan por encima de los demás: Waddys Jáquez, ese camaleón dominicano, espléndido en su papel de maestro de ceremonias –aunque a veces recuerda de manera caricaturezca al papel de "La mala", de Lumy Lizardo-, y Kenny Grullón, en Herr Schulz, quien confirma su excelencia actoral y demuestra que es uno de los mejores y más completos actores del país. ¿Cómo no mencionar el orgánico papel asumido por Carmen Elena Manrique, quien demuestra con creces ser una artista muy completa? El más flojo de todos en cuanto a actuación es el actor Josué Guerrero, que asume el papel del escritor Cliff Bradshaw.
Uno que otro desperfecto técnico del audio no logró opacar el resultado final. Sirvió también para demostrar el alto profesionalismo de la orquesta que dirigió Amaury, quien al percatarse de que Waddys cantaba sin audio, puso a la orquesta a tocar pianísimo. Una interferencia de un radio de agentes de la seguridad, anuló la frecuencia en determinados momentos.
Los bailarines, en específico las bailarinas, tuvieron bastante trabajo y lo hicieron con entrega, bien metidos en los personajes que representaban, con la coreografía de Isadora Bruno. Es quizá el mejor trabajo coreográfico realizado en un teatro musical en este país. La escenografía, minimalista, es excelente, pero tampoco es como para decir –como dijo Amaury Sánchez- la mejor escenografía que se haya hecho en el país. El ambiente comienza desde la misma entrada, pasando por el piso, las mesas y las lamparitas colocadas sobre ellas, como si uno estuviese en el Berlín de los años 30.
Por ahí se quedan otras opiniones. Sirvan estas para alimentar el deseo de ver buen teatro musical y pasarla formidablemente este fin de semana, con una obra estructurada a partir de una historia de amor con un contenido humano y de denuncia.
El musical llega por primera vez al país bajo la batuta dorada de Amaury Sánchez, quien tuvo a bien escoger a Robmariel Olea para encarnar el exigente papel de Sally Bowles. Hacía falta alguien que no solamente actuara bien, sino que cantara y bailara: una Liza Minelli dominicana.
Robmariel acaba de asumir, pues, la noche del jueves, la más importante jornada de su vida artística. En su caso habrá que hablar de un antes y un después de "Cabaret". Hay que ver el desdoblamiento que disfruta, teniendo quizá su más alto momento en el cuadro del tema "Mein Herr", que canta –como Minelli- sobre una silla, demostrando tener un diafragma bendecido que le permite asumir notas altas, no importa la posición en que se encuentre.
Buen trabajo el de María Castillo. Otros dos actores brillan por encima de los demás: Waddys Jáquez, ese camaleón dominicano, espléndido en su papel de maestro de ceremonias –aunque a veces recuerda de manera caricaturezca al papel de "La mala", de Lumy Lizardo-, y Kenny Grullón, en Herr Schulz, quien confirma su excelencia actoral y demuestra que es uno de los mejores y más completos actores del país. ¿Cómo no mencionar el orgánico papel asumido por Carmen Elena Manrique, quien demuestra con creces ser una artista muy completa? El más flojo de todos en cuanto a actuación es el actor Josué Guerrero, que asume el papel del escritor Cliff Bradshaw.
Uno que otro desperfecto técnico del audio no logró opacar el resultado final. Sirvió también para demostrar el alto profesionalismo de la orquesta que dirigió Amaury, quien al percatarse de que Waddys cantaba sin audio, puso a la orquesta a tocar pianísimo. Una interferencia de un radio de agentes de la seguridad, anuló la frecuencia en determinados momentos.
Los bailarines, en específico las bailarinas, tuvieron bastante trabajo y lo hicieron con entrega, bien metidos en los personajes que representaban, con la coreografía de Isadora Bruno. Es quizá el mejor trabajo coreográfico realizado en un teatro musical en este país. La escenografía, minimalista, es excelente, pero tampoco es como para decir –como dijo Amaury Sánchez- la mejor escenografía que se haya hecho en el país. El ambiente comienza desde la misma entrada, pasando por el piso, las mesas y las lamparitas colocadas sobre ellas, como si uno estuviese en el Berlín de los años 30.
Por ahí se quedan otras opiniones. Sirvan estas para alimentar el deseo de ver buen teatro musical y pasarla formidablemente este fin de semana, con una obra estructurada a partir de una historia de amor con un contenido humano y de denuncia.
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones