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Carnaval de Río: la apoteosis de la fantasía

Un asunto de Estado y de pertenencia de los pobladores de esta gran urbe

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Carnaval de Río: la apoteosis de la fantasía
El cantante Roberto Carlos mientras saludaba al público. Alfonso Quiñones

RíO DE JANEIRO. Todos sueñan con ir a Disneyland. Río de Janeiro, con su famoso carnaval ha logrado convertir en realidad las fantasías, pero de un modo menos plástico y más vivido que en el añorado parque. Porque este es un asunto del pueblo: él crea para sí las fantasías que les están vedadas a las mayorías en esas puestas en escenas si bien tiernas, no menos falsas.

Con una sola de las escuelas de samba se hacen juntos todos los carnavales del Caribe, y sobran ritmo, colorido y creatividad. El carnaval en Río es un asunto de Estado, y un asunto de pertenencia de los pobladores de la gran urbe. Tan es así que para el próximo año el gobierno ha decidido reducir la cantidad de público que puede asistir al desfile de los bloques por la Zona Sur (Leblon, Ipanema, Botafogo y Copacabana). Eso sin contar la cantidad de turistas extranjeros y prensa internacional que viaja exclusivamente a estas fiestas.

Visto desde el Camarote de Brahma, que este año cumplió su 20 aniversario -una estructura que cada año se comienza a construir desde 4 ó 5 meses antes- el Carnaval de Río es la apoteosis de la fantasía.

La Gala de las Escuelas de Samba Campeonas comenzó a las 9:00 de la noche y cerró al amanecer con la carroza donde iba Roberto Carlos delante de un enorme Jesús y rodeado de niños, quien fue homenajeado en sus 50 años de vida artística por la escuela Beija-Flor (fundada en 1948) y ganadora del máximo galardón.

A diferencia de las demás escuelas, tal vez Beija-Flor resultó campeona, por tratar de manera más coherente, una historia completa a través de sus cuadros y representaciones. Si las demás se volvieron más hirsutas en sus discursos, esta mostró un mayor empaste en las secuencias, y captó la vida del intérprete de "Lady Laura" de un modo convincente, aunque poético, mas no lineal. Y lo logró a través de la infancia de Roberto Carlos en su natal Cachoeiro de Itapemirim, punto de partida para la realización de los sueños de Zunga, apellido verdadero del artista.

Algunos de los cuadros representados tuvieron que ver con el flamboyán del patio de la modesta casa; las fotografías de sus padres y de su propia niñez; los consejos de su padre, el relojero del pueblo; el recuerdo de doña Laura Moreira Braga, la costurera; en los años 50 primeras presentaciones del Rey en la TV carioca, donde se le anunciaba como "El Elvis brasileño"; la primera banda; historias de sus canciones; la Joven Guardia, el movimiento musical al que perteneció hasta 1968; sus "Emociones en alta mar", show que realizó a bordo de un trasatlántico de viaje; la mujer en su repertorio  y "Un millón de amigos", escenas todas que fueron resueltas con frescura, creatividad, y colorido.

La penúltima en desfilar fue la escuela Unidos de Tijuca, bajo el coro casi unánime de las gradas de "Son los campeones, son los campeones".

Desde La Barca de Caronte hasta  la Guerra de las Galaxias, los Transformers, El último samurai, y un Avatar que erizaba los pelos de tan logrado en una carroza impresionante, pasando por El Capitán Garfio, Los Caza-fantasmas; El cazador de monstruos, El nombre de la rosa; Jurasic Park, La Momia, Indiana Jones y Harry Potter.

Lo naif y la tecnología

La escuela de Mangueira abordó la historia de un cantor popular que este año hubiese cumplido su centenario. Lo hizo con dignidad y ficción, pero faltó vuelo, por eso ganó el tercer lugar.

Entre lo naif y el despliegue tecnológico, Vila Isabel regaló "Mitos e historias entrelazadas por los hilos del cabello". Algo que realmente parecía traído por los pelos; como una secuencia de las cosas más dispares, aunque con una indiscutible exuberancia metafórica, bajo un colorido extraordinario. Desde el mito de Medusa, Perseo, las Górgonas, el origen del universo en el trenzado de cabello de la reina Shiva; Ganga y el nacimiento del río Ganges, entre otros.

Bien por Brahma en apoyar la tradición y la cultura de su pueblo. Se habla de que podrían llevar especialistas del Carnaval de Río a República Dominicana, para compartir sus experiencias.