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Casablanca: donde el tiempo no pasa

Rick: A donde voy no puedes seguirme, lo que he de hacer no puedes compartirlo. No pretendo hacerme el altruista, pero comprende que los problemas de tres personas no importan gran cosa en este

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Casablanca: donde el tiempo no pasa
Jamás, como hacían Ilsa y su marido Víctor Laszlo, se me ocurriría conseguir un salvoconducto para abandonar Casablanca. Por el contrario, trataría por todos los medios de que me pusieran impedimento de salida, de que nunca me dejaran salir de allí.

Todas las noches, como un parroquiano más, estaría en el bar de Rick, en la barra donde atiende el barman de origen ruso, sentado al lado de Ivonne, escuchando tocar a Sam cualquier melodía que no fuese "As time goes by", la fruta prohibida del local, la que no tolera escuchar Rick porque le trae recuerdos secretos, evocaciones de noches parisinas, cuando amar era parte de la vida, cuando no existía ni la indiferencia ni la desidia, ni este mundo que se va haciendo añicos, que se desborona ante el avance nazi.

Estaría allí la noche del reencuentro, aquella en la que Ilsa, por una de esas extrañas coincidencias de la vida, por uno de esos caprichos de los guionistas que quieren armar sus tramas, llegaría, ella también, al Marruecos francés, francés sólo de nombre porque la República de Vichy no es más que una farsa, porque los germanos son los que, de veras, dominan la situación.

Y como todos, Ilsa iría a parar al café de Ricky y se encontraría con Sam y se llevaría la sorpresa de su vida:

-Tócala otra vez, Sam- Afirma la leyenda que ella dijo aunque no fuera precisamente así.

Y Sam tuvo que romper la promesa. Su rostro era una mezcla de emociones.

Ilsa conocía de memoria aquella melodía.

Para nosotros, los espectadores, los sospechosos habituales, era la primera vez que la escuchábamos.

Al igual que ella, nos sentiríamos marcados por letra y música y jamás la olvidaríamos.

Ahora sólo faltaba que llegara Rick y se encontrara allí a la mujer de su vida, esa que, después de la separación, había optado por casarse con Laszlo por idealismo político.

Pero el idealismo político no tiene nada que ver con la pasión y el amor.

Venía ahora la escena, la gran escena, el encuentro magnético de los dos protagonistas, la erupción del volcán, el estallido emocional, los disimulos, los reproches, las excusas y los perdones.

Ingrid y Bogey

Ingrid y Humphrey.

Una Ingrid que todavía no había abandonado al dentista sueco, al padre de Pía, al de nombre Petter Lindstrom, al que luego fuera compadecido por media humanidad cuando la adúltera, la inmoral, le abandonara para arrojarse en brazos del neorrealista Rossellini, del italiano de "Roma, ciudad abierta".

La magia del Cine. El "make believe". El engaño. La ficción.

Porque Ingrid declararía en su libro autobiográfico, que apenas "llegó a relacionarse con Bogart".

"Sí, le besé, pero no le conocí".

Continúa la actriz:

"Tenía una cortesía natural, pero advertí cierto distanciamiento. Estaba dentro de un fanal de vidrio. Me intimidó".

Señalan A.M. Sperber y Eric Lax, biógrafos de Bogart que el único comentario de Bogey sobre su parternaire es galante pero no significa gran cosa:

"Cuando la cámara se acerca al rostro de Bergman, y ella dice que te ama, eso es suficiente para que cualquier actor parezca romántico".

Citan también los autores, aunque la cita pudiera ser apócrifa y pertenecer sólo a la mitología de Hollywood que Jack Warner, el famoso ejecutivo de los estudios, quiso burlarse del actor en presencia de Ingrid preguntando:

-¿Quién querría besar a Bogart?

Y se dice que la actriz respondió:

-Yo.

"Casablanca", como muchas obras de arte, fue producto de la casualidad, de las condiciones atmosféricas o de la conjunción de los astros.

"Casablanca" es producto de la Magia, de ese misterio que es el celuloide, de ese algo inexplicable que lleva a ciertas películas a la inmortalidad.

Todo pudo haber sido diferente.

Todo hasta ese Sam sentado al piano que, por mandato de Ilsa, se ha decidido, con más miedo que vergüenza, a tocar el tema prohibido.

El papel tardó semanas en adjudicarse. Se pensó hasta cambiar el sexo al personaje y convertirlo en una mujer de color como Lena Horne, Ella Fitzgerald o Hazle Scott.

Pero, recuerden, que estábamos en 1942 y Bogart junto a una bella mujer negra no estaría muy bien visto por los predios de Hollywood.

Nada, que tendría que ser un hombre. Y ese hombre, ya estaba casi decidido, iba a ser Clarence Muse, barítono de "Show boat" en la versión fílmica del 36.

Se le hizo una prueba a Arthur "Dooley" Wilson, procedente de los escenarios de Hollywood pero Wlson no tocaba el piano sino la batería.

Al final, se quedó con el rol y quien realmente tocaba, fuera de cámara, era Elliot Carpenter, pianista a sueldo del estudio.

Al fin al cabo tampoco Bogart iba a ser Rick ni Ingrid, Ilsa.

El proyecto, inicialmente, tenía muchas menos pretensiones.

Se basaba en una obra teatral que ni siquiera había llegado a ser estrenada y su título original era "Everybody goes to Rick’s".

Lo que motivó a la Warner para adquirir sus derechos era la ambientación exótica de Casablanca. Nada más.

Ronald Reagan, el mismísimo que luego llegaría a ser presidente, Ann Sheridan y Dennis Morgan iban a ser las "estrellas" de una producción que no distaba mucho de ser "clase B".

Luego las cosas cambiaron incluyendo el título y un gran golpe de suerte ocurrió cuando en la ciudad donde se desarrollaba la trama se celebró en enero de 1943, la conferencia de jefes de estados anglo-americanos coincidiendo con el estreno de la película.

¿Puede hablarse de casualidad o será necesario acudir al destino?

El azar es el verdadero misterio de la existencia.

Y el azar influyó hasta en el nombre de Ilsa de la protagonista, ese nombre que nadie ha podido olvidar jamás.

En la obra, se trataba de Lois Meredith, "mujer dura y refinada. Una cosmopolita con muchos amantes".

Ese, a la luz pública, no era ni mucho menos el caso de la Bergman antes de que se decidiera a abandonarlo todo y a seguir a su Roberto por toda Italia.

Michael Curtiz, presente en las discusiones sobre el guión, fue quien rebautizó a la protagonista, utilizando un poema de Heinrich Heine titulado Viaje por el Harz.

"Soy la princesa Ilsa y habito en el Ilsenstein. Ven conmigo a mi castillo, Allí seremos felices… Olvidarás tu dolor, ¡Hombre desconsolado!"

Para Harmetz, historiador de "Casablanca" citado por Sperber y Lax, "Ilsa tenía, además, un elemento de peligro. De manera muy similar a la Ilse del poema, era en parte amante y en parte destructora, una hechicera cuya inocencia podía cautivar a un hombre y arrastrarlo a su destrucción".

Por encima de todas las cosas, "Casablanca" es una historia de amor aunque muchas veces se ha señalado su metáfora política donde cada personaje representa una parte de la contienda.

Así, Rick pasaría a representar el "Abstencionismo americano", Pearl Harbour estaría caracterizado por la irrupción en escena de Ilsa y su esposo Víctor Laszlo, Strasser es la Alemania nazi mientras que Renault pasaría a ser un indeciso aliado, la Francia de Vichy. Incluso el barman ruso tendría su lugar en esta explicación ya que sólo se le llama cuando es necesario resolver algún problema.

Entre la Historia y la Leyenda, hemos dejado para el final lo más sorprendente.

Afirma la "Wikipedia", ese "site" tan recurrido del internet, que, en esta mítica película, trabajó como extra, nada más y nada menos, que el generalísimo Rafael Leónidas Trujillo. Según la reputada fuente, Trujillo sale en la última escena, en la despedida del aeropuerto, que se ve al fondo y es un piloto que da vueltas a las hélices del aeroplano.

No tenemos la menor idea de donde ha podido surgir un comentario de esta naturaleza pero se ha reproducido en muchísimos libros, documentales y referencias a la película.

Todo lo cierto puede ser falso y viceversa. Basta con que uno se lo crea.

Así, aunque Dooley jamás escuchara de labios de Ingrid la famosa frase , usted va a creérsela de aquí a la eternidad y aunque Ingrid y Bogey jamás tuvieran ninguna intimidad, seguirán siendo los perfectos y trágicos amantes.

Y nosotros ahora le pedimos a nuestro DVD: -Tócala otra vez.