Catalina la India, una leyenda de Cartagena
Una niña de la tribu samba, de la raza caribe, jugó un rol importante cuando la colonia

CARTAGENA DE INDIAS. San Sebastián de Calamarí, que fue el primer nombre de Cartagena de Indias, fue fundada el 20 de enero de 1533 por el español Pedro de Heredia. Fue la tercera ciudad colombiana después de haber sido fundadas las ciudades de Panamá (1519), que por aquellos tiempos pertenecía al virreinato y Santa Marta (1525).
La ciudad tiene su punto más alto en el cerro La Popa, donde se encuentra enclavado el monasterio Nuestra Señora de la Candelaria, fundado por monjes agustinos recoletos descalzos. Luego, en altura, le sigue el Fuerte de San Felipe, en un promontorio desde donde se domina la zona colonial y gran parte de la ciudad que en casi cinco siglos ha ido creciendo más allá de los 11 kilómetros de muro que la defendían.
Al bajar del Fuerte de San Felipe, quizá la construcción militar más adelantada de su época, y al paso del bus por la avenida Pedro de Heredia, el visitante descubre la escultura de una india semidesnuda con un cuerpo que hubiera servido de modelo para clonarse en una Jennifer López.
Un monumento
Se trata del monumento que recuerda a Catalina la India, una niña que pertenecía a la tribu samba de la raza Caribe.
En los primeros tiempos, los enfrentamientos entre los colonizadores y los agresivos caribes dieron al traste con su tribu y la niña fue una de las pocas sobrevivientes sambas. Apodada Catalina, fue llevada a Santo Domingo de Guzmán por una pareja española que la educó hasta que cumplió los 16 años, justo cuando pasó por la ciudad quisqueyana don Pedro de Heredia, quien la trajo consigo a fundar la ciudad de San Sebastián de Calamarí. Catalina sirvió de traductora con los caribes y evitó muchas muertes de ambos lados.
Cuentan que su exhuberante belleza no hizo esperar los reclamos amorosos de Pedro de Heredia, quien según las malas lenguas fue su amante. Catalina se casó con un español, tuvo cinco hijos y murió en Madrid. Una pluma desde su cabellera saluda al sol tropical, pero ese quizá sea un detalle demasiado turístico. Una mirada basta para saber que se trataba de una de las mujeres más bellas de entonces.
Catalina la India es una especie de madre de esta ciudad que cambió de nombre con la llegada de muchas personas provenientes de Cartagena de Murcia, una zona muy parecida de aquellos lares, en España. Se le agregó de Indias para evitar confusiones.
Catalina la India es una canción de amor en las calles antiguas.
La ciudad tiene su punto más alto en el cerro La Popa, donde se encuentra enclavado el monasterio Nuestra Señora de la Candelaria, fundado por monjes agustinos recoletos descalzos. Luego, en altura, le sigue el Fuerte de San Felipe, en un promontorio desde donde se domina la zona colonial y gran parte de la ciudad que en casi cinco siglos ha ido creciendo más allá de los 11 kilómetros de muro que la defendían.
Al bajar del Fuerte de San Felipe, quizá la construcción militar más adelantada de su época, y al paso del bus por la avenida Pedro de Heredia, el visitante descubre la escultura de una india semidesnuda con un cuerpo que hubiera servido de modelo para clonarse en una Jennifer López.
Un monumento
Se trata del monumento que recuerda a Catalina la India, una niña que pertenecía a la tribu samba de la raza Caribe.
En los primeros tiempos, los enfrentamientos entre los colonizadores y los agresivos caribes dieron al traste con su tribu y la niña fue una de las pocas sobrevivientes sambas. Apodada Catalina, fue llevada a Santo Domingo de Guzmán por una pareja española que la educó hasta que cumplió los 16 años, justo cuando pasó por la ciudad quisqueyana don Pedro de Heredia, quien la trajo consigo a fundar la ciudad de San Sebastián de Calamarí. Catalina sirvió de traductora con los caribes y evitó muchas muertes de ambos lados.
Cuentan que su exhuberante belleza no hizo esperar los reclamos amorosos de Pedro de Heredia, quien según las malas lenguas fue su amante. Catalina se casó con un español, tuvo cinco hijos y murió en Madrid. Una pluma desde su cabellera saluda al sol tropical, pero ese quizá sea un detalle demasiado turístico. Una mirada basta para saber que se trataba de una de las mujeres más bellas de entonces.
Catalina la India es una especie de madre de esta ciudad que cambió de nombre con la llegada de muchas personas provenientes de Cartagena de Murcia, una zona muy parecida de aquellos lares, en España. Se le agregó de Indias para evitar confusiones.
Catalina la India es una canción de amor en las calles antiguas.
Alfonso Quiñones
Alfonso Quiñones