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"Popeye", el extraño musical que convirtió un icónico cómic en una realidad

Robin Williams debutó como protagonista en una adaptación "altmanesca" que mezcló barro, ternura y surrealismo

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"Popeye", el extraño musical que convirtió un icónico cómic en una realidad
"Popeye", el excéntrico musical que fue el primer papel protagónico de Robin Williams. (PARAMOUNT PICTURES/WALT DISNEY PRODUCTIONS/ROBERT EVANS COMPANY)

 "Popeye" es una divertida rareza dentro del mundo del séptimo arte. No solo porque fue el primer rol protagónico de Robin Williams en la gran pantalla, sino porque también pertenece a esa primera ola de películas basadas en historietas que, en la época moderna, aparece después del impacto de "Superman" (1978).

La existencia de este filme se siente casi como una apuesta improbable: un musical de comedia dirigido por Robert Altman, con Williams como el excéntrico marinero, Shelley Duvall como Olivia y un mundo completo de personajes diseñados para verse como viñetas vivas sin convertirse en caricaturas huecas.

El resultado no es una adaptación "normal". Es, más bien, una experiencia. Esto se debe a que la película se siente como un sueño raro, a ratos caótico, en la que adultos encarnan a los habitantes de un cómic con una seriedad extraña que termina atrapando al espectador.

Ahí está la clave. En vez de intentar "modernizar" al personaje o esconder su esencia, la película se lanza de lleno a lo que "Popeye" siempre ha sido: un universo de gente extravagante que vive con reglas propias, como si la realidad aceptara ser un dibujo... pero con barro en las botas.

El Sweethaven de Altman, una fantasía sucia, viva y tangible

Parte del encanto de "Popeye" nace del estilo de Altman. Su cine suele inclinarse por lo coral, por los diálogos superpuestos, por una sensación de comunidad donde todo ocurre al mismo tiempo y nadie existe aislado. Ese sello "altmanesco" aquí se convierte en una herramienta para construir un lugar.

Sweethaven no parece un set limpio o idealizado, es un pueblo costero crudo, lleno de madera vieja, rincones apretados, miradas desconfiadas y costumbres raras. Es fantástico, sí, pero también es real en lo físico, en lo táctil, en cómo se siente habitado.

Y ese realismo no es casual. La producción construyó un pueblo real en Anchor Bay, Malta. No es una metáfora: levantaron edificios, puerto, callejones, taberna, iglesia y más, con una dedicación artesanal que hace que el escenario se sienta como "otro personaje". 

Se invirtieron meses de trabajo y una logística enorme, al punto de que la propia construcción del lugar explica por qué ciertas decisiones visuales del clímax lucen menos convincentes: el dinero se fue, literalmente, en levantar un mundo. Aun así, esa apuesta le da a la película una identidad irrepetible.

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Robin Williams como "Popeye", fidelidad sin parodia

Robin Williams era, ya para entonces, un comediante de energía inconfundible. Por eso es tan curioso verlo contenerse en esta interpretación.

En "Popeye", Williams no actúa como "Robin Williams interpretando a Popeye" sino como Popeye, punto. Habla entre dientes, se mueve con esa rigidez rara del personaje, fuma su pipa, es torpe, honorable, testarudo y, a la vez, vulnerable. 

Su Popeye es un tipo solitario que llega buscando a un padre que lo abandonó cuando tenía dos años y, sin planearlo, se topa con una posibilidad inesperada de familia.

Lo valioso es que esa humanidad no se siente forzada. La película no convierte al marinero en un héroe perfecto. Lo muestra brusco y a veces ingenuo, pero esencialmente bueno. Y esa bondad es lo que le permite ganarse un lugar en un pueblo que primero lo mira como forastero peligroso.

De hecho, el filme juega con un sabor a western: el extraño llega, el pueblo lo rechaza, la cantina o restaurante es territorio de matones, y el respeto se gana a golpes y actos públicos que reordenan la jerarquía local.

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Shelley Duvall y el resto del cómic viviente

Shelley Duvall, por su parte, parece nacida para interpretar a Olivia. No solo por su físico delgado y alargado que conecta con el diseño clásico del personaje, sino por la manera de darle carácter. Su Olivia no es un accesorio romántico. Es temperamental, mandona, contradictoria, y tiene una energía que equilibra la obstinación de Popeye.

 El resto del elenco también sostiene el tono, desde Paul L. Smith como Bluto hasta Paul Dooley como Wimpy, ese amigo que "se hace amigo de cualquiera que le compre una hamburguesa". 

En una película así, el peligro era que todos quedaran como disfraces, pero aquí se sienten como vecinos raros con necesidades, celos, hambre y ambición.

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Una historia sencilla con caos emocional

La trama, en esencia, es directa. Popeye llega a Sweethaven buscando a su padre. Conoce a Olivia en la pensión y, poco a poco, se enamoran mientras se hacen cargo de un bebé abandonado, Swee´Pea.

Olivia estaba comprometida con Bluto, quien gobierna el pueblo en nombre de un Comodoro misterioso, y el conflicto estalla cuando Bluto usa al bebé para recuperar el control. Entre peleas, canciones, persecuciones y rarezas, la película mezcla comedia, romance, familia improvisada y búsqueda de identidad.

Esa mezcla puede sentirse superficial si uno espera una narración "limpia". Pero ahí está la gracia de esta película, en que nos muestra un mundo que es tan particular que la lógica es más emocional que narrativa. Importa el tono, el ambiente y la sensación de comunidad alrededor de Popeye.

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Recepción, culto y detalles que la vuelven única

En su estreno, "Popeye" recibió críticas negativas y fue vista como una decepción para lo que Paramount y Disney esperaban, aunque recaudó dinero y tuvo acogida entre niños pequeños. Con el tiempo, su reputación cambió.

Muchos la miran hoy como una pieza extraña, artesanal y más "artística" que la mayoría de adaptaciones modernas, precisamente porque se atreve a parecerse al cómic, en vez de esconderlo.

Además, las curiosidades refuerzan su mito. Por ejemplo, se descubrió que gran parte del diálogo de Popeye era inaudible y Williams tuvo que redoblar muchas líneas. Muchos habitantes de Sweethaven fueron reclutados de circos europeos por sus habilidades acrobáticas y su aspecto físico.

Asimismo, los antebrazos falsos no estaban listos al inicio del rodaje y por eso Popeye aparece con impermeable de manga larga en escenas tempranas.

Incluso hay un detalle histórico curioso: esta es una de las primeras películas asociadas a Disney en la que se escucha una palabra fuerte que no se esperaba en su marca de entonces.

 "Popeye" queda como un camino alterno del cine de cómics. Un musical raro, imperfecto, a veces incomprendido, pero con una textura y una personalidad que no se pueden falsificar.

Y en el centro, un Robin Williams sorprendentemente fiel, demostrando que incluso un marinero gruñón que al principio odiaba las espinacas puede ser el corazón humano de una fábula extraña y entrañable.

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Escritor y periodista con más de 10 años de experiencia en las áreas del periodismo y escritura creativa.