Las coproducciones internacionales transforman la industria cinematográfica dominicana
De escenario tropical para Hollywood a plataforma estratégica de producción internacional, el país vive una revolución cinematográfica impulsada por incentivos fiscales, alianzas globales y una industria local cada vez más competitiva

Durante décadas, República Dominicana ocupó un lugar secundario dentro del cine internacional. Era el territorio ideal para recrear playas paradisíacas, selvas exóticas o cualquier rincón tropical que Hollywood necesitara filmar con rapidez y bajos costos. Las grandes producciones llegaban, utilizaban las locaciones y se marchaban.
Pero el país entendió que podía aspirar a mucho más.
En apenas quince años, República Dominicana dejó de ser simplemente un paisaje cinematográfico para convertirse en uno de los polos de producción audiovisual más dinámicos de América Latina y el Caribe. Lo que hoy ocurre en la industria local trasciende el auge pasajero de las plataformas de streaming o el incremento de rodajes extranjeros.
Se trata de una transformación estructural impulsada por una combinación de incentivos fiscales, infraestructura técnica, profesionalización del capital humano y una agresiva política de coproducciones internacionales que ha cambiado la escala del cine dominicano.
La evolución ha sido tan acelerada como contundente.
Desde la promulgación de la Ley 108-10 de Fomento de la Actividad Cinematográfica, el país pasó de registrar apenas seis rodajes en 2011 a superar el centenar anual en los últimos años.
Entre 2011 y 2025, República Dominicana acumuló 1,039 producciones cinematográficas y audiovisuales realizadas en su territorio, consolidándose como el principal hub fílmico del Caribe y uno de los mercados audiovisuales más competitivos de la región.
Sin embargo, detrás de ese crecimiento existe un factor que explica buena parte del fenómeno: las coproducciones internacionales.
República Dominicana como socio
La Ley de Cine marcó el punto de inflexión.
El Artículo 39 abrió la puerta a producciones extranjeras mediante incentivos fiscales transferibles, mientras el Artículo 34 fortaleció las producciones nacionales y las alianzas con otros países. La industria internacional encontró rápidamente una ecuación difícil de ignorar: estabilidad jurídica, diversidad geográfica, costos competitivos, cercanía con Estados Unidos y un sistema de incentivos considerado entre los más atractivos de América Latina.
Pero el verdadero salto ocurrió cuando República Dominicana dejó de limitarse a atraer rodajes y comenzó a integrarse activamente dentro de las cadenas globales de producción.
Ahí comenzaron a cobrar protagonismo las coproducciones internacionales.
Porque una coproducción no es únicamente un acuerdo financiero entre países. Es un mecanismo que permite compartir inversión, riesgos, talento, tecnología, distribución y acceso simultáneo a múltiples fondos de apoyo. Además, las películas desarrolladas bajo estos acuerdos pueden ser reconocidas como "obras nacionales" en cada uno de los territorios participantes, facilitando incentivos fiscales, circulación internacional y entrada a nuevos mercados.
República Dominicana entendió rápidamente el potencial estratégico de ese modelo.
La diplomacia del cine
El año 2024 representó un momento clave para la internacionalización del cine dominicano.
República Dominicana firmó acuerdos bilaterales de coproducción cinematográfica con Italia y Uruguay, ampliando una red internacional diseñada para insertar al país dentro del ecosistema global del entretenimiento audiovisual.
El acuerdo con Italia abrió una puerta particularmente importante hacia Europa. El convenio permite desarrollar proyectos conjuntos en cine, televisión, documentales, animación y formatos digitales, además de facilitar cooperación financiera, artística y técnica entre ambos países.

El pacto con Uruguay respondió a otra lógica estratégica: fortalecer la integración audiovisual latinoamericana y ampliar la conexión del Caribe con el mercado sudamericano.
Detrás de esos acuerdos existe una visión económica de gran escala.
Según cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), mercados como Brasil, Colombia y Argentina generaron cerca de US$3,000 millones en ingresos audiovisuales en 2021. Solo Brasil registró más de 116 millones de espectadores y una recaudación superior a US$453 millones en 2023, mientras Colombia movilizó otros US$148 millones y más de 53 millones de asistentes a salas.
Para República Dominicana, integrarse a esos circuitos significa acceder a mercados que mueven miles de millones de dólares anuales.
La directora general de Cine, Marianna Vargas Gurilieva, ha definido las coproducciones como una herramienta de expansión cultural y posicionamiento internacional.
"Las colaboraciones internacionales reafirman los lazos entre los pueblos y evidencian cómo el cine trasciende fronteras al unir culturas y expandir audiencias", ha señalado.

Cannes, Berlín y el nuevo posicionamiento dominicano
La estrategia dominicana ya produce resultados visibles. La presencia del país en espacios como el Marché du Film de Cannes, el Berlinale Co-Production Market y el AFCI Studio Summit evidencia un cambio profundo en la forma en que la industria internacional percibe al país.
República Dominicana ya no asiste únicamente para promover locaciones.
Ahora negocia proyectos, busca alianzas y participa activamente en mercados de coproducción.
En Cannes, productores dominicanos sostuvieron encuentros con representantes de Alemania, Brasil, México, Colombia, Chile, Costa Rica y Uruguay, fortaleciendo redes de financiamiento y desarrollo audiovisual.
Proyectos dominicanos como "Ecos", de Kryzz Gautier, y "Macheteros", de Daniel Oramas, fueron seleccionados para espacios especializados dentro del Fantastic Pavilion, mientras productores nacionales participaron en rondas de networking orientadas a nuevas alianzas internacionales.
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En Berlín, productores dominicanos fueron seleccionados para el Visitors Programme 2026 del Berlinale Co-Production Market, uno de los programas de coproducción más importantes de Europa.
La señal es clara: República Dominicana dejó de ser únicamente un destino de filmación para convertirse en un actor cada vez más integrado al negocio audiovisual global.
Hollywood mira al Caribe dominicano
Mientras la estrategia institucional se fortalece, las grandes producciones internacionales continúan llegando al país.
- En 2025 se filmaron 22 producciones internacionales en territorio dominicano, generando inversiones superiores a RD$776 millones, según datos de la Dirección General de Cine. Cerca del 67 % de esos recursos se acogieron a los incentivos contemplados en la Ley de Cine.
- Entre las producciones de mayor perfil figura "Office Romance", la comedia romántica de Netflix protagonizada por Jennifer Lopez y Brett Goldstein, rodada parcialmente en Samaná y Cayo Levantado.
El flujo internacional continuó creciendo en 2026.
John Cena filmó en Puerto Plata la película "One Attempt Remaining", producción de Netflix dirigida por Kay Cannon y coprotagonizada por Jennifer Garner. Simultáneamente, Keanu Reeves rodó en Boca Chica y Juan Dolio el thriller de ciencia ficción "Shiver", dirigido por Tim Miller, responsable de "Deadpool".

Incluso Puerto Rico perdió recientemente una producción frente a República Dominicana. La película "Porto Rico", desarrollada por Residente y Bad Bunny, trasladó su rodaje principal hacia territorio dominicano, en una decisión atribuida a ventajas logísticas y a los incentivos fiscales dominicanos.
Pero las productoras internacionales ya no valoran únicamente las playas o las locaciones tropicales.
También destacan la capacidad operativa, la rapidez logística, la estabilidad institucional y la calidad del capital humano dominicano.
La revolución silenciosa del talento local
Si existe un factor que explica el salto cualitativo del cine dominicano, es la profesionalización de su industria.
Durante años, las producciones extranjeras dependían casi exclusivamente de equipos técnicos importados. Hoy, República Dominicana cuenta con técnicos, productores, diseñadores, fotógrafos, especialistas audiovisuales y equipos de producción capaces de operar bajo estándares internacionales.
Durante 2024, el Sistema de Registro Cinematográfico (Sirecine) contabilizó 1,367 profesionales registrados en el sector audiovisual local. Solo entre enero y junio de 2025, el Consejo Intersectorial para la Promoción de la Actividad Cinematográfica (CIPAC) reportó más de 1,600 empleos directos vinculados a largometrajes.
La capacidad técnica dominicana ha permitido asumir producciones cada vez más complejas, incluyendo rodajes submarinos, producciones híbridas y proyectos de gran escala logística.
Directores y productores internacionales ya destacan que el personal dominicano posee niveles de preparación comparables a mercados audiovisuales mucho más desarrollados.
Ese crecimiento permitió que República Dominicana dejara de competir únicamente por costos y comenzara a hacerlo por eficiencia y calidad.
El negocio traspasa la pantalla
El impacto económico de la industria audiovisual dominicana va mucho más allá del cine.
Cada rodaje activa cadenas de empleo y consumo vinculadas a hotelería, transporte, construcción, telecomunicaciones, gastronomía, alquileres, seguridad y turismo.
En 2023, la actividad cinematográfica generó compras superiores a RD$1,577 millones en bienes y servicios dentro de la economía dominicana. Solo en el primer trimestre de 2024, el CIPAC validó 95 proyectos valorados en más de RD$3,835 millones y generó más de 82,000 noches de hotel.
El cine se ha convertido en una industria transversal con capacidad de dinamizar múltiples sectores económicos simultáneamente.
Pero quizás el cambio más importante no sea únicamente financiero.
Es cultural.
Porque las coproducciones internacionales han permitido que República Dominicana deje de aparecer solamente como paisaje dentro del cine global para comenzar a participar también en las decisiones creativas, narrativas y productivas de esa industria.
El país empieza a construir una presencia propia en festivales, plataformas de streaming y mercados internacionales donde antes tenía una participación marginal.

Desafío pendiente
A pesar del crecimiento internacional, la industria dominicana enfrenta todavía un reto importante: fortalecer su competitividad dentro del mercado local.
Aunque las producciones nacionales han ganado presencia en festivales internacionales y espacios de coproducción, persisten críticas relacionadas con ciertos modelos repetitivos de comedia comercial y la necesidad de diversificar narrativas, elevar la calidad de escritura y ampliar la variedad temática.
Sin embargo, la propia internacionalización podría convertirse en el principal motor de transformación creativa.
Las coproducciones obligan a competir bajo estándares globales, desarrollar historias con potencial internacional y fortalecer los procesos técnicos y narrativos.
Ahí reside posiblemente el cambio estructural más importante que vive hoy el cine dominicano.
RD juega en otra liga
Lo que ocurre actualmente en República Dominicana trasciende el crecimiento de una industria local.
El país está construyendo un modelo audiovisual regional basado en incentivos, diplomacia cultural, profesionalización técnica y coproducciones internacionales capaces de integrarlo al negocio global del entretenimiento.
La presencia constante en Cannes, Berlín y otros mercados internacionales; la llegada de figuras como Jennifer Lopez, John Cena y Keanu Reeves; la firma de acuerdos con Europa y América Latina; y el crecimiento sostenido de inversiones extranjeras evidencian que República Dominicana dejó atrás la etapa de promesa emergente.
La República Dominicana cinematográfica ya no ocupa solamente el fondo de la escena.
Ahora también aparece en los créditos de producción, en las mesas de negociación y en las decisiones estratégicas de una industria global que comenzó a mirar hacia el Caribe con nuevos ojos.

Jeury Frías