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Cine

VIDEO | El Cine Dominicano en el Tiempo

SANTO DOMINGO. A finales de los años ochenta del pasado siglo, llegó una muy agradable noticia a los cineastas cubanos: En el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana se iba a estrenar un largometraje dominicano. Y digo que fue una excelente noticia porque nos animaba, y nos anima ahora un espíritu de unión incuestionable, al menos para los cineastas del continente lo latinoamericano es un valor.

La película se llama (no puedo decir se llamaba porque el cine nunca muere) Un Pasaje de Ida (1988) y su autor, Agliberto Meléndez se ganó de inmediato un prestigio entre todos nosotros, dado que su film tenía una impronta realista portadora de unas ideas afines, en forma y contenido, con las corrientes que nutrían nuestro cine de una personalidad muy específica. Por todo ello Un Pasaje de Ida es (y fue) una buena película.

Pasaron unos cuantos años hasta que volví a tener noticias de otra película dominicana y si el tiempo no traiciona mi memoria, creo que fue en el Festival Latino de Los Angeles, o en el de Nueva York, o en alguna otra experiencia europea que me encontré con Nueba Yol (1995) de Angel Muñiz. En mi extraviada memoria creo recordar que me le acerqué al director y guionista en aquel evento para expresarle mi reconocimiento, pero lo conversé con Angel en una ocasión acá en Santo Domingo, y ningunos de los dos estábamos seguros de que hubiera sucedido. Pero lo que sí pasó fue mi interés por Nueba Yol, me adscribo al escaso grupo de cineastas que son serios amantes de la comedia, donde por suerte para nosotros, también están (respetando distancias por supuesto) Chaplin y por ejemplo, para hablar en nuestra lengua, desde Tomás Guitérrez Alea, hasta Luis García Berlanga, casi nada.

Un Pasaje de Ida es muy diferente a Nueba Yol, para bien de las dos, un drama social sensible y verdadero, frente a una comedia popular que fue un exitazo de público incuestionable y que conserva un ángel (no me refiero al nombre de su autor, sino al encanto) que todavía exhibe. Pasaje de Ida guarda el aliento de las películas fundadoras, en tanto que Nueva Yol es para muchos el despertar del cine dominicano. Las dos son verdaderos hitos.

Volvieron a pasar otra cantidad de años hasta que supe de Sanky Panky (2007) otra comedia dirigida esta vez por un español-dominicano, Pinky Pastor, que tenía fascinados a un importante grupo de cubanos de Miami y del interior de la Isla, adonde habían llegado copias enviadas por sus propios familiares del norte que deseaban hacerles llegar la risa a través de aquellos cercanos personajes caribeños.

Sanky Panky es otra comedia popular, como tantas que exhiben diversas cinematografías, y cumplen un papel que va mucho más allá del de hacer reír: Llevar público al cine y en eso Sanky Panky marcó pauta continuando la labor que había iniciado Nueba Yol.

Luego de Sanky Panky perdí de vista la cinematografía dominicana. Por aquel entonces se hacían pocas películas locales y yo estaba residiendo en España, donde apenas llegaban unas pocas cintas latinoamericanas cada año, fundamentalmente argentinas o algún que otro título muy avalado. De la República Dominicana nada. No existía.

Y pasó el tiempo y un águila por el mar. Entonces el destino y la casualidad me acercaron a este país, donde vine a residir en el año 2013 por estrictas cuestiones personales para nada relacionadas con el cine. Y coincidió mi arribo, casualmente, con una Ley de Cine que se situaba entre las más interesantes puestas en práctica por cualquier país latinoamericano e incluso europeo. Todos los que estuvieron involucrados en su elaboración marcaron la historia del nuestro cine para siempre, para ellos mi reconocimiento.

Y descubrí, durante esta estancia, otras películas que no conocía: Desde la sugerente Perico Ripiao (2003), donde Angel volvía a marcar su impronta y estilo, aunque con otras formas, hasta la más actual Dólares de Arena (2014) en la que una pareja de jóvenes cineastas, Laura Amelia e Israel (dominicana ella, mexicano él) traían a la palestra un sello personal de indudable talento que se respiraba desde las interesantes propuestas Cochochi (2007) y Gean Gentile (2010)

Me asomé también a Yuniol 2 (2007) de Alfonso Rodríguez. A La Hija Natural (2011) de Leticia Tono, y a La Lucha de Ana (2012) de Bladimir Abud...películas de un aliento neorrealista que sin ser perfectas (¿y existe la perfección?) me mostraron realidades, mundos que anunciaron la continuación y profundización en temas dramáticos. Pero también continuaron apareciendo comedias con encanto como Quién Manda (2013) o la singular La Gunguna (2015) con actuaciones notables y un interesante planteamiento en la estructura temporal, películas que suman títulos consistentes y de gran interés para una cinematografía todavía demasiado temprana como para exigirle peras al olmo. Estoy convencido que los grandes e importantes títulos que cualquier cinematografía añora llegarán, de hecho ya parecen asomarse en algunos de los filmes más recientes.

Se que existe entre cierto público dominicano cuya opinión no se debe obviar, una predisposición hacia determinados tipos de comedia. Pero todas las cinematografías han realizado históricamente y realizan, este tipo de cine ligero, cuyo principal objetivo es conectar masivamente con su público y repletar las salas de exhibición y eso, no es para nada cuestionable, sino lo contrario, pues toda cinematografía necesita hacer ese tipo de cine y ganar fidelidad en la taquilla.

Desde los albores de la historia del cinematógrafo Mack Sennet inició una sostenida producción de comedias que llevó el gran público a las salas. Hasta los soviéticos, cuyo cine ha marcado pautas en creatividad y lenguajes de riesgo, ha incursionado en la comedia ligera desde años inmemoriales, destacando por sus resultados de taquilla las más recientes; Zhmurki (2005) o La Mejor Película (2008)

La serie más reciente de películas españolas sobre el personaje de Torrente que se inició con El Brazo Tonto de la Ley (1998) continúa un camino similar, pasando por otras comedias de éxito como Ocho Apellidos Vascos (2014) Las mexicanas Nosotros los Nobles (2013) o No se admiten Devoluciones (2013) y la francesa Bienvenidos al Norte(2008) o las norteamericanas Un Chihuahua en Beverly Hills (2008) o Mall Cop II (2015)...Calidades aparte, algunas de estas historias son realmente ingeniosas, otras no lo son para nada, pero han perseguido y conseguido desde siempre, el objetivo de ser films taquilleros.

¿Que existen malas películas dominicanas? Por supuesto, como existen pésimas películas norteamericanas, cubanas, rusas, o españolas...Sólo se hace industria asumiendo la prueba acierto y error. De eso no se libra nadie.

Las valoraciones extremas sobre cualquier esfera o tema de la realidad suelen ser erradas, no se puede aspirar a hacer sólo cine de autor, como tampoco es saludable que sólo se produzca un cine extremadamente comercial, cuyo único propósito sea hacer dinero. Bueno es lo bueno, pero no lo demasiado. Debería haber de todo en la viña del señor. Y en el cine dominicano, lo hay.

La búsqueda natural del equilibrio en los géneros transita el naciente, pero sostenido, cine dominicano que, gracias a su eficiente ley de cine (ajustes que haya que hacer incluidos, “Nadie es perfecto”, dice un imprescindible parlamento de la trascendental comedia de Billy Wilder Some Like it Hot) se hace cada vez más presente en Festivales Internacionales de categoría; Toronto, Venecia, Sundance...y llegarán otros, además de los premios y reconocimientos que va alcanzando su pujante cine documental, género que nunca debe ser olvidado.

El Cine Dominicano es número uno en recaudación de taquilla en su propio territorio e inicia un proceso de consolidación de su presencia más allá de sus fronteras. La cinematografía nacional ha dejado de ser una de las cenicientas de Latinoamérica. No lo duden. Y eso, en tan poco tiempo, es un logro realmente muy notable.

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