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Lascivia

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Lascivia

Cuando una película da risas, y a la vez angustia, y desesperación, la titulan "Lascivia".

Risas porque lo naif es llevado a límites insospechados. Si es que vamos a jugar a llamarle cine naif. Tan insospechados que se sale de la categoría para caer en el kitsch absoluto, y se sale de lo kitsch absoluto para crear una nueva categoría en lo antiestético.

Angustia, porque uno siente que se juega a hacer cine, sin tener todas las herramientas para ello. Y es una lástima porque el cine cuesta, y se busca ganar dinero.

Desesperación, porque llega un momento en que uno no sale de la sala por respeto.

Si pensamos que no veríamos más películas malas, fallamos. Esta es peor.

La película tiene buenas intenciones, pero ya se sabe que de buenas intenciones... Los personajes, tal y como son planteados, son interesantes, pero se deshacen en un concierto de pésimos diseños.

Los paisajes son siempre un buen personaje para fotografiar. Y los paisajes de Palma Herrada se dejan. Sólo que no les acompaña la iluminación, que es desesperante.

Entre todos los personajes de "Lascivia" el mejor llevado es el de Juan Carlos Camacho, quien también es productor ejecutivo de este material, junto a Frankeli y Rogert Bencosme, quienes a su vez son los directores. Su actuación es creíble y severa, acorde con lo que pide el personaje.

La actuación de Nikauly de la Mota es patética. Recita el texto con entusiasmo casi escolar. Y quizás el morbo mayor que podría tener la película, comercialmente hablando, no ocurre nunca (léase, desnudos). Pero lo que pudo ser también un personaje interesante, rico, lleno de matices, se diluye erráticamente en dudas, y eso tiene que ver principalmente con la dirección de actores, uno de los renglones más flojos de "Lascivia".

El bobo de la película resulta ser que ni es bobo, ni siquiera un personaje salvable, sino que al final se descubre que es... ¡el fantasma del hombre más rico del pueblo!

Rigo, el joven que regresa a Palma Herrada, pudo también ser interesante y casi lo llega a ser, pero todo se derrumba cuando caricaturescamente se destapa como un malhechor, un vil delincuente que ha asesinado a su propia madrastra. Sólo que todo eso tiene que estar sustentado dramatúrgicamente. Y no lo está.

En "Lascivia" los campesinos son estúpidos; el sound track es reiterativo, cansón, fatal; los efectos especiales son de cuando Flash Gordon salía en su cohete de cartón; y la iluminación se llama alumbrón. Eso sin contar los graves problemas de montaje. O de parlamentos: "Mi mamá me está esperando", grita Rigo al amigo que está en el río. Cuando en realidad es la abuela, porque su mamá murió cuando él nació. "Un sujeto quiso violarme", grita Alejandra (Nikauly). Debió preguntarle a una de las tantas mujeres que han sido violadas o agredidas cómo le dirían por muy monjas que fuesen a un violador.

La edición es sustentada muchas veces en el lenguaje televisivo, como el corte brusco al zoológico. Otras es descuidada. Por ejemplo, cuando se ve a Alejandra entrando al noviciado y en la próxima escena la abuela le pide a Rigo que le lleve hielo a Alejandra, que está en la casita y no en el convento. ¿Qué decir de Alejandra, una monja que empina el codo en el río, y se ofrece, y del técnico que revive; del palo que atraviesa el cuerpo de un seguridad como si fuese mantequilla, etc. etc.?

Sencillamente decepcionante. Terriblemente decepcionante.