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Cine

VIDEO | Mad Max, la sinfonía absoluta y sublime de la destrucción

La película tuvo su estreno en el cine más grande de Cannes, Francia

CANNES.  A las 8:00 de la mañana, el cine más grande de Cannes estaba repleto. Era el estreno mundial de Mad Max, Fury Road, y en la noche sería el estreno oficial, con alfombra roja y todo. Pero a esa hora ya se habrían escrito muchas palabras por la película, donde George Miller le da continuidad a una saga iniciada en 1979, cuando decide escribir la primera de las películas, siendo aún un cirujano que pensaba en cine. Esta es la saga de la sobrevivencia. Muchos ya han dicho que es la mejor película de acción de este siglo XXI.

Si en su primera película Mad Max 2, el Desafío (1982), se lucha por el petróleo, y había algo más que la violencia, treinta años después, la idea de la lucha por el agua ocupa si acaso los primeros 7 minutos del filme, aplaudido a rabiar, pero que se convierte en algo ex profeso hecho por Miller: la violencia por la violencia. Rabiosamente, con saña, sin contemplaciones de ninguna clase, sin el más mínimo ápice de vergüenza.

Y se aplaude esta gran puesta en escena de más de US$100 millones, con tambores de guerra, en tiempo de música estridente, con el único fin de demostrar fuerza, poder, extravagancia y furia, en un movie road por los parajes más inhóspitos imaginables, en busca de la tierra verde, que no está en otro lado que en el mismo lugar de donde han salido.

Su estética postapocalíptica va de la mano con el principio del video juego, la música digital y el rock mas perverso, y aquí no vale hablar de actuaciones, donde Charlize Theron y Tom Hardy, que no Mel Gibson, lo hacen bien; ni tampoco de una idea más seria que no sea esa ya señalada: la violencia por la violencia. Largas escenas como la muy aplaudida de la tormenta de arena, que tras 10 minutos cierra con una bengala roja que se extingue para dejarnos en puro negro la pantalla, después de estar trabajando con los matices del rojo. Un poco después, otra escena absolutamente azul.

En fin, un nivel de virtuosismo, de escenas brillantemente realizadas, donde el 80 por ciento de las escenas de acción son absolutamente reales y que costó 150 días de rodaje, más de cien carros fabricados expresamente para la película, y 2,700 cortes. Si la primera de las Mad Max costó US$350 mil, e hizo US$100 millones, ésta ya cuesta más de US$100 millones y recaudará unos cuantos cientos de millones.

Hay películas que son para pensar, otras para divertirse o entretenerse, y otras para admirar o dejar pasar lo que está sucediendo ante nuestros ojos: esa sublime sinfonía de la destrucción. Algunos hablan del regreso del cine a sus orígenes: la acción por la acción. Otros opinamos que el cine, como arte serio, el gran cine para reflexionar y admirar, se está yendo cada vez más al carajo.