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VIDEO | “Tomorrowland: el mundo del mañana” que no fue

SANTO DOMINGO. A inicios de los años 60 del siglo pasado, el desarrollo tecnológico de la Humanidad engendró una serie de delirios en torno al futuro posible. La carrera espacial entre las dos potencias de la época auguraba la conquista del espacio exterior, y ello fue generando una forma de cultura.

El resultado fue más imaginario que real, y si bien en lo cotidiano no nos desplazamos en carros voladores, la llamada ciencia ficción recibió un impulso que hasta el día de hoy perdura. El filme que aquí comentamos rinde homenaje a esa era en que científicos y artistas imaginaron un mundo mejor hiper desarrollado.

La historia

Frank es un niño genio que se presenta a un concurso en la Feria Mundial de Nueva York de 1964. Su invento es una mochila voladora, con la cual espera ganar, a pesar de que todavía no logra que funcione bien. Es rechazado por Nix, presidente del jurado, pero una niña, Athena, a quien conoce en el lugar, le permite el acceso a un mundo paralelo donde las fantasías son realidad. Sin embargo, no todo es alegría, lo maravilloso tiene también un lado oscuro, y ya ha comenzado la cuenta regresiva del paraíso recién conocido.

El relato

Se nos cuenta la historia retrocediendo en el tiempo. Inicia cuando Frank es ya un maduro y desencantado científico, que encerrado en una casa de campo lleva al segundo el cronómetro del fin del tiempo, y se niega a buscar soluciones. Pero cuando conoce a la curiosa y rebelde joven Casey, las proyecciones de Frank cambian, y el optimismo de la inteligente muchacha empieza a hacer luz en el camino. Un grupo de robots venidos del futuro intenta detener a Frank, Casey y Athena, que en realidad es una autómata que salta entre dos mundos.

La puesta en escena

Espectacular es la puesta en escena, magnífico vestuario y excelente maquillaje. La fotografía de Claudio Miranda (La vida de Pi) es impecable, y logra momentos de belleza paisajista en los cuales mezcla lo real con lo virtual, dando al filme la atmósfera adecuada.

Las actuaciones

Bien pero discreto se muestra George Clooney; el trabajo dramático mayor queda en manos de los niños y jóvenes del elenco. Britt Robertson y Thomas Robinson demuestran que tienen talento de sobra, pero quien se lleva las palmas es Raffey Cassidy por su sobresaliente desempeño en el rol de Athena, la niña robot.

Un círculo vicioso

Lamentablemente, el guión da reiteradas vueltas sobre sí mismo, dilatando artificialmente el relato. Se escamotea de manera constante al espectador el núcleo del conflicto, y se tiene la sensación de estar en un círculo vicioso. Al parecer, los escritores olvidaron que con los saltos en el tiempo que dio el ciborg de “Terminator” hemos tenido más que suficiente de ese recurso narrativo.

Mucho de muchas películas tiene esta producción y sin duda es atractiva para la audiencia familiar, pero no es un filme que pueda ser recordado por su novedad o por su aporte significativo al género. Recomendable para los fanáticos de lo aéreo espacial y de la ciencia ficción.