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Rabat

Invitado para presentar la película "Mañana no te olvides", Freddy Ginebra aprovecha para recorrer y descubrir la ciudad de Rabat, en Marruecos

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Rabat
Marruecos es un reinado y mis compañeros dominicanos me han recibido y tratado como a un rey. (LUIGGY MORALES)

Estoy en Rabat la capital de Marruecos. He sido invitado por el embajador dominicano Amaury Justo Duarte para presentar la película "Mañana no te olvides", de Pinky Pintor, y al finalizar tenga una conversación con los invitados miembros del cuerpo diplomático y estudiantes.

Marruecos es un reinado y mis compañeros dominicanos me han recibido y tratado como a un rey. Mi primera impresión de la ciudad, situada en la desembocadura del Río Bu Regreg y frente al Atlántico, es de una limpieza y un cuidado de las áreas verdes impresionantes. Grandes avenidas que sorprenden por su elegancia y verdor. Frente a Rabat esta Sale, una ciudad más pequeña al otro lado del Río, a la cual se puede llegar por un puente o sencillamente cruzando en un barquito.

Los marroquíes hablan árabe o beréber que son las lenguas oficiales, pero en mi andar me sorprendió escuchar a muchos hablar francés y un poco de inglés, aunque hay diversidad de dialectos en toda la población. En general todas las indicaciones del país se escriben en tres idiomas.

Nada me gusta más cuando llego a una ciudad que recorrerla caminando y adentrarme en sus calles y callejones y Rabat está llena de ellos. Pregunté de inmediato dónde podría encontrar un mercado de artesanía y el recorrido ya estaba organizado. Elsa María, Patricia, Jorge y Pablo y hasta el embajador se ofrecieron felices de acompañarme a la Medina. Pequeñas tiendas, una al lado de la otra, vendedores silenciosos que solo reaccionan cuando te ven acercarte a lo que venden y con simpatía intentan hablar tu idioma, en mi caso español.

En esta misma Medina, detrás de una simple puerta, encontramos un restaurante de comida árabe impresionante, allí descubro que cada plato es una exageración y que la combinación de dulce y salado es parte de su gastronomía. Me dejo tentar y acabo comiendo más de la cuenta. No venden alcohol en los restaurantes, solo deliciosos jugos naturales de frutas. En muy selectos lugares se venden bebidas alcohólicas a precios muy altos.

Cinco veces al día se escucha “la llamada”, desde el minarete, por el almuedano o muecín, miembro de la mezquita responsable de recordar que Dios es grande. Los más devotos, donde quiera que estén, se postran y alaban a Allah. La ciudad está inundada de mezquitas.

El tiempo transcurre rápido y, caminando, llegamos a les Oudayas, el café de la muerte, nunca pregunté por qué ese nombre, pues está ubicado en un punto estratégico donde se divisa el mar, la playa y el río donde veleros, a pesar de estar en invierno, se pasean animando el paisaje, y más que recordarnos la muerte,  la mirada nos invita a celebrar la vida.

Rabat es una ciudad elegante, donde lo moderno y la historia se conjugan amablemente. Diviso la torre más alta de África en construcción, que desde ya se ha convertido en símbolo de la ciudad.

Se me olvida la pandemia, he vuelto a la normalidad imaginaria y, junto a estos hermanos de mi tierra tan querida que se desbordan en atenciones, mi corazón se llena de orgullo y agradecimiento. Rabat me ha impresionado, pero mucho más mi gente dominicana, que definitivamente son un equipo de lujo que ponen muy en alto nuestra bandera.

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Freddy Ginebra Giudicelli es un contador de anécdotas cuyo mayor deseo es contagiar su alegría y llenar de esperanza a todos aquellos que leen sus entrañables historias.