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Para abrir el apetito

Nuestro diccionario, nuestro DED, está lleno de palabras que nos muestran cómo somos y cómo nos contamos, y todas están a su disposición.

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Para abrir el apetito
La actualización del Diccionario del español dominicano es una labor constante de la Academia Dominicana de la Lengua y el Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía para capturar la riqueza y evolución del habla local. (FUENTE EXTERNA)

Entre los regalos que los Santos Reyes han tenido a bien poner este año en mi casa hay un diccionario. Solo por eso se demuestra la sabiduría de estos Magos de Oriente que nos alegran –a los suertudos– los primeros días del nuevo año.

Quiero empezar el año hablándoles de nuestro diccionario, del Diccionario del español dominicano, al que los amigos llamamos cariñosamente el DED. Como mandan los canones de los diccionarios, la consigna es mantener el paso de la realidad de la lengua a toda costa, aunque de antemano sepamos que es prácticamente imposible.

En la Academia Dominicana de la Lengua nos hemos empeñado, al menos, en seguirla de cerca. Para ello el Instituto Guzmán Ariza de Lexicografía publica cada trimestre un resumen de las palabras y acepciones que entran en el diccionario.

La RAE cada año; nosotros de agalluses, cada tres meses. No siempre son nuevas palabras; la mayoría de las veces se trata de palabras o de acepciones que se nos habían pasado por alto o que no habíamos podido documentar debidamente hasta ahora.

En esta última actualización se han añadido cincuenta y cuatro nuevos artículos y más de cien acepciones. En cualquier caso, el DED las recibe con los brazos abiertos.

¿Se animan conmigo a una probadita de las novedades más curiosas? Empecemos por la alcancía, una preciosa palabra de origen árabe, lengua en la que significaba ´tesoro´; en la nuestra pasó a designar a la vasija cerrada por cuya ranura se echan monedas que no pueden sacarse si no se rompe la vasija.

La similitud en la forma –permítanme que no entre en detalles– ha dado pie a que en el español dominicano la palabra alcancía se use coloquialmente para referirse al ´comienzo de la unión de las nalgas al final de la espalda´.

Otra de mis preferidas es la acepción de cocote que se refiere a la ´fantasía con algo que se desea intensamente, especialmente relacionada con el sexo´.

Imprescindible para estos primeros días del año en que hacemos mucho cocote con propósitos que casi nunca sobreviven al primer trimestre. Suele tener mucho que ver con el echavainismo, otra de las recientes incorporaciones.

Jugamos con la lengua y aprovechamos todas sus posibilidades creativas: de la expresión echar vainas al sustantivo echavainismo, imprescindible para referirse a cierta forma muy nuestra de ostentación y alarde, de jactancia y presunción exagerada.

Sin duda somos mueleros, ´persona que tiene la habilidad para convencer a otra con palabrería´, pero a veces nos toca ser unos atotados, ´persona de poco carácter y falta de iniciativa´, o unos gobernados, ´persona que es controlada o manipulada por alguien, generalmente la pareja sentimental´; y otras veces nos toca ser la grúa, ´persona, generalmente mujer, que busca a alguien, generalmente su hijo o su pareja, que está fuera de casa divirtiéndose o alborotando para obligarlo a regresar´.

A veces nos sale un lambe o un lambeteo, ´actividad en la que se sirven comida y bebida gratis´; otras, solo un majaguazo o un matapollo, dos más entre las infinitas posibilidades dominicanas para referirnos a un golpe contundente.

Nuestro diccionario, nuestro DED, está lleno de palabras que nos muestran cómo somos y cómo nos contamos, y todas están a su disposición. Ojalá esta probadita les haya abierto el apetito. El banquete del Diccionario del español dominicano está servido.

TEMAS -

María José Rincón González, filóloga y lexicógrafa. Apasionada de las palabras, también desde la letra Zeta de la Academia Dominicana de la Lengua.