Víctor Colden, entre la memoria y el instante
La memoria como una forma de comprender la vida

Víctor Colden presta atención a aquello que suele pasar desapercibido: una escena lateral, una sensación que regresa sin hacer ruido. Así concibe la memoria, no como una suma de recuerdos, sino como una forma de comprender la vida.
Estudió Filología Románica, una disciplina dedicada a observar cómo el latín se transforma y sobrevive en otras lenguas. En esa elección ya estaba su amor por el lenguaje: el interés por los matices, por su sonido, por la forma en que se dice y se escucha.
Desde niño le atraían los cuadernos, las libretas pequeñas, la escritura sin un propósito definido. Había una vocación todavía en ciernes, una pulsión temprana hacia las palabras. De ahí que su trayectoria profesional haya terminado desarrollándose íntegramente en el mundo del libro: las bibliotecas, la edición y los derechos de autor.
Ese recorrido influyó en su manera de escribir. Para Colden, el pasado sigue habitando el presente. Cuestiona la idea de que recordar sea incompatible con el ahora.
María Amalia León, una maestra constante
Ambas dimensiones conviven: es posible atender lo que ocurre sin romper con lo vivido. No se trata de volver atrás, sino de seguir adelante con aquello que forma parte de uno.

Esa forma de mirar se encarna con claridad en La cinta verde (Abada, 2025), su libro más reciente. Son relatos sobre el amor y el desamor donde la emoción no se anuncia, sino que aparece.
En ellos, el vínculo afectivo se presenta como un territorio atravesado por el deseo, la obsesión, la fantasía, esa epifanía que a veces llega cuando ya es demasiado tarde. El autor se detiene en lo que ese sentimiento tiene de indescifrable, en lo que no termina de explicarse.
La escritura avanza con discreción, sostenida por escenas de paso, personajes secundarios y detalles mínimos que dan espesor al relato. La prosa poética de estos cuentos les otorga la intensidad de una pequeña novela; lo sensorial —colores, sabores, sonidos, espacios concretos— construye una atmósfera memorable.
A Víctor Colden le gusta pensar que cada relato es una pequeña esfera de cristal: un paisaje, una escena, figuras que cobran vida con apenas moverlas. Leerlo es quedarse en ese instante, con la intuición de que algo –sin saber muy bien qué– permanece con nosotros.

Jarouska Cocco