Una pareja dispareja: ¿Por qué las mujeres "súperpoderosas" se buscan hombres "princesos"?
La mujer "súperpoderosa" aprendió desde muy pequeña a resolver, a cargar, a exigir

Que una mujer con su vida resuelta, exitosa, independiente y con buenos ingresos elija a un hombre que no "resuelve", no es casualidad. No es mala suerte y tampoco es que "todos los hombres sean así". Muchas mujeres que lo dan todo terminan con hombres que no dan casi nada, porque, sin darse cuenta, están eligiendo desde sus carencias emocionales o heridas, no desde un criterio sano.
La mujer "súperpoderosa" aprendió desde muy pequeña a resolver, a cargar, a exigir. Aprendió que si no lo hace ella, las cosas se caen. Y en el fondo, muchas veces cree que para que la amen, tiene que demostrarlo, ganárselo, esforzarse más que el otro, cargar al hombre porque si no, se queda sola.
Por eso, cuando llega a una relación, no ve las banderas rojas, se despierta ese instinto de cuidadora, piensa en "yo lo resuelvo, yo lo cambio". Ella asume el papel de madre, no solo porque quiere ayudarlo, si no más bien, porque no sabe soltar y dejar de controlar, de cargar, y resolver.
Sin darse cuenta, se siente más "cómoda" con alguien que necesita de ella y a quien ella tiene que cuidar que siendo cuidada.
Y ahí el hombre con complejo de "princeso"se siente cómodo. Ese hombre que no asume, que evita, que deja que todo fluya. Ese hombre que en la relación quiere lo bueno, pero no quiere la responsabilidad. Que se acomoda, quiere ser tratado con delicadeza, pero no sabe como hacerlo. No está en la disposición de incomodarse para que la relación funcione, quiere todo fácil, pero no está disponible emocionalmente.
Entonces se forma la pareja dispareja: una que da demasiado y otro que se acostumbra a recibir. El problema es que esto no es un amor sano, es una dinámica que se alimenta sola. Mientras más ella da, más él se acomoda. Y mientras más él se acomoda, más ella se esfuerza. Hasta que ella se cansa, pero no se va.
Porque en el fondo su niña interior que aprendió que amar es sacrificarse y cree que romper este patrón es dejar de amar. Ella se desgasta intentando sostener la relación, y él se mantiene en una posición cómoda sin cambiar. No es casualidad, es la repetición de lo que ambos aprendieron.
Ambos necesitarán sanar y entender de dónde viene su forma de amar y empezar a elegir distinto. Solo cuando esa mujer se sana, deja de aguantar, deja de justificarse y empieza a elegirse. Y ese hombre empieza a asumir que tiene responsabilidad en esa relación y se hará cargo.

Carmen Sosa