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Por obra u omisión

Un truquito para evitar el queísmo y el dequeísmo

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Por obra u omisión
El sufijo -ismo se añade al final de las palabras para formar nuevos sustantivos que denotan doctrinas, actividades, condiciones o actitudes y nos permite conocer mejor dos errores gramaticales: el queísmo y el dequeísmo. (SHUTTERSTOCK)

Existen en la lengua pequeñas piezas que, unidas a una palabra base, forman nuevas palabras, a las que aportan un significado particular. Cuando esas piezas se añaden al final de la base reciben el nombre de sufijos. En español el sufijo -ismo tiene una productividad particular a la hora de crear nuevos sustantivos.

En unos casos estas nuevas palabras se relacionan con doctrinas, sistemas, escuelas o movimientos; por traer los ejemplos del patio, de Bosch, boschismo, de Peña Gómez, peñagomismo o de Balaguer, balaguerismo.

Puede dar lugar también a sustantivos que designan actividades deportivas (ciclismo, senderismo), realidades científicas (botulismo, bruxismo) o situaciones o condiciones (albinismo, autismo).

El Diccionario de la lengua hace un repaso exhaustivo de todos los significados del sufijo -ismo; no está de más recordar que en los diccionarios no solo encontramos palabras; también podemos consultar los elementos que se utilizan para su composición, como sufijos y prefijos.

Con el sufijo -ismo pueden formarse también sustantivos que expresan actitud, cualidad o tendencia. Y a estos últimos quería yo llegar, porque nos van a servir para hablar de dos errores gramaticales muy frecuentes que conviene evitar, uno por obra y otro por omisión. Hablamos del queísmo y el dequeísmo.

Ahora que conocemos mejor el sufijo -ismo podemos comprender cómo se forman estas dos palabras y tenemos pistas sobre lo que significan: que + ismo, de + que + ismo.

Llamamos dequeísmo a la tendencia a usar de + que con verbos que no admiten la preposición de para introducir sus complementos: *Pienso de que estamos a tiempo para hacerlo bien; *Creo de que tiene interés por aprender.

En los ejemplos anteriores la preposición de sobra. ¿Un truquito para comprobarlo? Prueben a construir una frase en la que sustituyan el complemento encabezado por la conjunción que por el pronombre eso: Pienso eso; Creo eso (en ningún caso *Pienso de eso o *Creo de eso). En estos casos no dudamos: nada de preposición.

En cambio, llamamos queísmo a la tendencia a suprimir la preposición de delante de la conjunción que las normas dictan que su presencia es necesaria: *No se dio cuenta que te habías equivocado; *Avísame antes que entres a la reunión.

La preposición de brilla por su ausencia precisamente en casos en los que los verbos la exigen para introducir sus complementos encabezados por la conjunción que. Apliquen el mismo truquito: Se dio cuenta de eso (y no *Se dio cuenta eso); Avísame de eso (y nunca *Avísame eso).

Un verbo en el que siempre tropezamos es alegrar, o su forma pronominal alegrarse. Aprendamos a usarlo bien, que es un verbo muy necesario que siempre debe estar presente en nuestra vida. Decimos Me alegro de que estés bien; y, en cambio, Me alegra que estés bien.

Si le quitamos la de al primero, estaremos cayendo en el queísmo; si le ponemos la de al segundo, caeremos en el dequeísmo. Truquito: Me alegro de eso (nunca *Me alegro eso) y Me alegra eso (no *Me alegra de eso).

Tengan la seguridad de que el truquito siempre les va a resultar muy útil. Empiecen por la frase que encabeza este último párrafo. ¿Va o no va esa de? Apliquen el truquito; ya saben eso de que la práctica hace al maestro.

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