×
Versión Impresa
Día Jueves, 19 de Febrero de 2026 Edición 7251.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Hígado graso y obesidad, ¿por qué conviene buscarlo?

Resistencia a la insulina, obesidad y diabetes, el triple motor detrás del hígado graso

Expandir imagen
Hígado graso y obesidad, ¿por qué conviene buscarlo?
El hígado graso es la enfermedad hepática crónica más común a nivel mundial, estrechamente vinculada a la obesidad, la diabetes tipo 2 y la resistencia a la insulina. (SHUTTERSTOCK)

El hígado graso es hoy la enfermedad crónica del hígado más frecuente en el mundo.

Afecta a cerca de un tercio de los adultos, y esa cifra sube mucho en personas con obesidad y diabetes: dos de cada tres pacientes con diabetes tipo 2 lo padecen. No es casualidad. Comparten la misma raíz: la resistencia a la insulina.

Y, aun así, es de los diagnósticos que más se asumen y menos se confirman. En la consulta es tentador darlo por hecho («seguro tiene hígado graso») o descartarlo porque las enzimas hepáticas salieron normales.

Ninguna de las dos conductas es correcta, porque lo que de verdad marca el pronóstico no es la cantidad de grasa ni un análisis aislado, sino el grado de fibrosis, es decir, cuánto se ha empezado a endurecer el hígado.

¿Por qué importa confirmarlo?

Hay tres razones de peso.

  • La primera: avanza en silencio. El daño puede progresar durante años con análisis casi normales y sin síntomas.
  • La segunda: lo que más amenaza a estos pacientes no es el hígado, es el corazón. El hígado graso es una señal de riesgo cardiovascular. Detectarlo obliga a revisar todo el cuadro: colesterol, presión, azúcar.
  • La tercera, y es la novedad: hoy el diagnóstico cambia el tratamiento. Antes solo servía para anticipar el riesgo. Ahora define quién puede recibir medicamentos específicos.

¿Cómo se busca, sin biopsia?

Ya no hace falta empezar con una biopsia. Existe un camino sencillo y no invasivo. Primero, un cálculo llamado FIB-4, que usa la edad y datos de un análisis de sangre común para descartar fibrosis en la mayoría de los casos.

Cuando queda duda, una prueba rápida de elastografía (FibroScan) mide la rigidez del hígado. La ecografía confirma la grasa, pero no mide la fibrosis, por eso no basta. El mensaje es simple: en todo paciente con obesidad debería calcularse el FIB-4 de rutina, igual que pedimos colesterol o glucosa.

¿Cuál es el tratamiento hoy?

La base sigue siendo la misma: perder entre 7 % y 10 % del peso puede revertir la inflamación del hígado y, sostenido, mejorar la fibrosis. Por eso la alimentación, la actividad física y el control de la diabetes y el colesterol están en el centro, no como acompañamiento.

La diferencia es que ahora hay medicamentos aprobados para los casos con fibrosis significativa. En 2024 llegó el primero específico para el hígado (resmetirom), y en 2025 se aprobó la semaglutida para esta indicación, el primer fármaco de su tipo en lograrlo.

Buscar el hígado graso y caracterizarlo bien pasó de ser un detalle a una decisión que cambia el pronóstico del paciente, y que informarle es una responsabilidad del médico.

TEMAS -

Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC. Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB). Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER.