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La voz de la hache

¿Hay que quitarles la hache a las palabras de origen taíno?

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La voz de la hache
La letra hache como un fósil vivo de la lengua española. (SHUTTERSTOCK)

Las letras son los signos gráficos que componen el alfabeto de una lengua. Aunque a veces las vinculamos con la representación de un sonido, no siempre es así.

El caso más claro en español es el de la hache, que recibe por eso el apelativo, no siempre acertado, de muda. De vez en cuando suenan voces que critican su mantenimiento en la ortografía del español.

Si la finalidad última de las letras es la de representar los sonidos, ¿qué sentido tiene una letra muda? La etimología, la historia y la tradición ortográfica mandan.

Oímos decir que la hache no representa ningún sonido; sin embargo, en el español actual eso es solo cierto en el nivel estándar; si nos trasladamos a los niveles coloquiales o populares esa hache se pronuncia a menudo con una aspiración, es decir, como si fuera una jota suave.

¿Cuántas veces al día decimos que estamos hartos? Estoy más que segura de que para la inmensa mayoría esa hache está lejos de ser muda; se la oye alto y claro con una aspiración o, incluso, muy cercana al sonido de la jota (incluso decimos estoy harto con jota). Como este ejemplo muchos más.

Y esto es así hoy, pero viene de largo.

Desde mediados del siglo XV se generalizó el uso de la hache para representar un sonido aspirado con el que se pronunciaban en español las palabras que en latín tenían una efe inicial.

Por lo tanto, en el XV la hache no era muda en absoluto, sino que representaba claramente ese sonido aspirado. Viene de ahí el hecho de que las palabras taínas que, al parecer, se pronunciaban con este sonido aspirado se representaran con hache al ser adaptadas a la escritura en español.

Recordemos, una hache que por entonces no era muda en absoluto. De ahí que bohío o hicotea, como tantas otras, fueran las adaptaciones gráficas de palabras taínas que reflejan un sonido aspirado que en el siglo XVI se representaba con una hache.

Con la evolución de la lengua, esa aspiración fue paulatinamente considerándose vulgar (todavía hoy tiene ese marchamo) y fue desapareciendo de la lengua culta y formal.

Desapareció el sonido, pero no la letra que en origen lo representaba. Porque en cuestiones ortográficas se imponen tanto el sonido como la tradición.

Esa hache presente en algunos de los indigenismos taínos que conservamos en español habla de historia, de tradición, de respeto. Tanto da que los hablantes de hoy sigan pronunciándola con aspiración o sin ella.

Lo verdaderamente hermoso y trascendente es que estas palabras hablan ya desde su escritura de la historia que llevan consigo, de la desaparición de las lenguas que les dieron origen, de su mantenimiento como emocionantes fósiles vivos que nos cuentan historias; lo verdaderamente importante es que seamos capaces de transmitir a los hablantes el significado de este patrimonio, que aprendan a conocerlas, a valorarlas (y en ello va que aprendan a escribirlas correctamente) y, sobre todo, a seguir usándolas para que se mantengan vivas y vigentes.

Ninguna institución, ninguna academia –y de eso tenemos pruebas fehacientes cada día– es capaz de imponer nada a los hablantes; a lo sumo, ciertas normas ortográficas, y, a veces, ni eso. La lengua no funciona así.

TEMAS -

María José Rincón González, filóloga y lexicógrafa. Apasionada de las palabras, también desde la letra Zeta de la Academia Dominicana de la Lengua.