×
Versión Impresa
Edición Impresa.
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Redes Sociales

Andrés Neuman, la partitura de la sintaxis

La literatura como un arte de la escucha

Expandir imagen
Andrés Neuman, la partitura de la sintaxis
Para Andrés Neuman, la literatura es, en buena medida, un milagro del oído. (CEDIDA A JAROUSKA COCCO)

Andrés Neuman creció en una casa donde cada miembro de la familia parecía destinado a un instrumento. Su madre era violinista; su padre, oboísta; su hermano es guitarrista.

Él también creyó que debía encontrar su lugar dentro de aquella orquesta familiar. Primero estudió flauta y luego eligió el violín, impulsado por un mandato que nadie le había impuesto, pero que él asumió como propio.

Le gustaba la música, pero lo desesperaban las escalas, la repetición y la disciplina frente al pentagrama. Mientras media hora de práctica le resultaba interminable, podía pasar varias horas corrigiendo un texto y volviéndolo a escribir sin advertir el paso del tiempo.

Comprendió entonces que su oído lo llevaba hacia otro territorio. «Tu partitura es la sintaxis», le decía su madre. El instrumento que buscaba era, en realidad, ese otro teclado que va de la A a la Z.

Aquel desplazamiento de la música hacia las palabras no significó una renuncia, sino el descubrimiento de otra forma de escuchar. Para Neuman, la literatura es, en buena medida, un milagro del oído.

Una frase nunca está terminada. Sencillamente, llega el momento en que su autor decide dejarla ir. Cada punto es una respiración, y todo texto, un coro de voces cuyo fraseo necesita encontrar la armonía que le corresponde.

Expandir imagen
[object HTMLTextAreaElement]
El escritor argentino Andrés Neuman. (CEDIDA A JAROUSKA COCCO)

Tal vez por eso corrige de manera obsesiva e incansable, incluso cuando un libro cambia de editorial o reaparece con otra cubierta. Si el libro migra, él aprovecha para volver sobre sus páginas.

La belleza de un texto, sostiene, nunca agota sus posibilidades de mejora. La misma repetición que lo impacientaba frente al violín se convirtió, ante la máquina de escribir, en una forma de dicha.

También concibe los géneros literarios como un pentagrama abierto. Sus cinco líneas no son un límite, pues pueden añadirse otras por encima y por debajo, casi hasta el infinito.

Del mismo modo, la poesía, la novela, el cuento, el aforismo y la traducción le permiten explorar distintos registros. Cada género plantea sus dificultades y, al pasar de uno a otro, descubre algo nuevo sobre la experiencia humana. Por eso afirma que no podría renunciar a ninguno.

Neuman no persigue la felicidad como argumento. Prefiere la intensidad y la plenitud de sabernos vivos, incluso en medio del dolor. Escribir consiste, para él, en afinar el oído, aceptar las disonancias y seguir buscando su camino por la partitura.

En sus libros aspira a compartir con quien lo lee el placer que encuentra en las palabras.

TEMAS -

Abogada especialista en derecho administrativo, entusiasta de la cultura y la palabra escrita.